Debido a que las ciudades están sometidas, en mayor o menor grado, a diversas amenazas naturales, como lo son los sismos, deslizamientos, vendavales, huracanes, inundaciones e incendios, su planificación y diseño urbano, paisajista y de mobiliario urbano, y la arquitectura de sus diversas edificaciones, deben responder adecuadamente a dichas amenazas. Además, las ciudades deben tener la capacidad de recuperarse rápidamente y adaptarse mejor después de sufrir un desastre, a partir de una experiencia ya pasada, para mitigar los futuros riesgos.
Y, por otro lado, está la seguridad respecto a la delincuencia común, como lo son los hurtos, robos, atracos y el vandalismo, ya sean cometidos por individuos, pequeños grupos o, eventualmente, por movilizaciones masivas y violentas. Seguridad a la que debe colaborar claramente el acertado diseño en ese aspecto de todos sus espacios urbanos públicos (calles, avenidas, paseos, plazas, parques y zonas verdes) ya que estos deben facilitar su vigilancia por parte de sus usuarios y, a distancia, de la policía, y la pronta actuación de esta en ellos.
La planificación de las ciudades en un territorio dado, siempre debe contemplar todas sus circunstancias geográficas que lo hagan más vulnerable a las distintas amenazas naturales que se pueda identificar y que pueden ocurrir en él, las que en general son muy variables. Y, en consecuencia, a partir de ellas proceder a la ubicación de cada uno de los distintos sectores de la ciudad según sea cada área del territorio la menos expuesta a las más probables de dichas amenazas, y por supuesto según el uso prioritario de cada uno de esos sectores.
El urbanismo, por su parte, debe considerar primero que todo el hecho de que las ciudades presentan una alta concentración poblacional y de actividades, edificaciones e infraestructuras, lo que las hace particularmente vulnerables a las amenazas naturales, y que entonces corren un alto riesgo de sufrir algún tipo de desastre natural. De ahí la responsabilidad de considerar dichas amenazas al designar los usos del suelo y la ocupación del espacio de cada lote en cada uno e sus sectores, como igualmente en el diseño de los espacios urbanos públicos.
Respecto al paisajismo de las ciudades y su vulnerabilidad antes las amenazas naturales, este aspecto debe concentrarse evitar la propagación de incendios, y que la caída de las ramas de sus árboles en las calles, o la de estos mismos, causada por huracanes o fuertes temblores, no cause daños. Lo que consecuentemente lleva a seleccionar las especias más favorables para cada caso, y en general a utilizar coberturas vegetales según la topografía y suelos del terreno dado, para poder prevenir desastres y proteger todo el ecosistema natural.
El diseño del mobiliario urbano, aun cuando en general sea menos vulnerable a dichas amenazas naturales, o que su daño es menos perjudicial para la ciudad, si debe considerar que este funciona además como puntos de auxilio en caso de desastres, al integrar elementos funcionales y de seguridad en el espacio público, mejorando la habitabilidad y respuesta ante emergencias. Incluye el de las paradas del transporte municipal, y los bebederos, señalización, iluminación, quioscos y postes de ayuda, facilitando descanso, higiene y comunicación.
Finalmente, la arquitectura de las diversas edificaciones de las ciudades (edificios, casas y demás) debe responder adecuadamente a las exigencias de resistencia estructural que sean pertinentes en cada sitio, y de conveniente orientación y elevación sobre el suelo, como también los materiales, terminados, cerramientos, sótanos y cubiertas, de frente a todas las posibles amenazas naturales que sean previsibles. Por eso es que la arquitectura debe ser segura y además parecerlo, confirmando convenientemente la seguridad que brinda.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.