Cada cierto tiempo, en los países donde existe la democracia las personas somos convocadas a elegir personas que se postulan para gobernar al Estado en sus diferentes niveles.

En primera instancia es una acto humano, moral y político, donde la persona se reconoce a si misma como un miembro activo en la comunidad donde vive.

El votar hace que el ciudadano se sienta digno, con criterio y con capacidad para decidir sobre el rumbo de su comunidad. Es un acto que lo hace sentir persona con valor y con poder electoral, si es campesino su voto tiene el mismo valor que el del gran empresario, esta igualdad es el reconocimiento concreto de la dignidad humana, por ello cometen grave error las personas que renuncian al voto, están desperdiciando una facultad humana especial.

Cada elección expresa valores, prioridades y expectativas sobre el futuro de la nación y desde la perspectiva ética, votar implica responsabilidad con el bienestar colectivo.

El próximo 31 de mayo es la gran oportunidad de decirle a los violentos que el voto fortalece la estabilidad institucional.

Históricamente, el derecho al voto ha sido una conquista de enormes luchas sociales. Durante siglos, muchos grupos humanos fueron excluidos de la participación política: mujeres, trabajadores, minorías étnicas y sectores pobres. La ampliación del sufragio universal representó el reconocimiento progresivo de la igualdad humana.

Por eso, votar también es honrar la memoria de quienes lucharon para que todas las personas pudieran participar en la vida política sin discriminación.

Colombia necesita ya ciudadanos activos y no espectadores indiferentes, insensibles, necesitamos ciudadanos comprometidos con la participación y el control del poder público.

En conclusión, votar es reconocerse a uno mismo como sujeto digno, libre y responsable dentro de una comunidad política. Es aceptar que cada persona posee capacidad para influir en el destino colectivo y contribuir al fortalecimiento de la democracia.

Por ello, el voto representa una de las expresiones más altas de ciudadanía y compromiso con la República.

Cada uno de nosotros tiene una gran oportunidad de elegir al próximo presidente que: encarne valores democráticos, que no se sienta el autócrata que somete la normatividad a sus apetitos electoreros y que no sea el candidato enfocado en acabar el sistema democrático que nos ha permitido a todos los colombianos crecer como personas y sociedad, con su participación buscamos fortalecer nuestra democracia que cada día nos obliga a no ser inferiores.

CONCLUSIONES:

  • La democracia colombiana requiere ciudadanía activa,
  • La libertad política no es solo el voto, también implica participación, deliberación y memoria histórica,
  • Necesitamos contar con cultura política para defender la democracia,
  • Necesitamos identificarnos con Jurgen Habermas: patriotismo constitucional, donde la identidad democrática moderna no debe fundarse en etnicidad o nacionalismo, sino en la adhesión racional a los principios constitucionales,
  • Principios constitucionales que ha querido el presidente violarlos y ponerlos a su caprichoso servicio, por tal el 31 de mayo tenemos una gran oportunidad para expresarle mediante el voto que la constitución se respeta porque cada vez los colombianos INTERNALIZAMOS RACIONALMENTE LOS PRINCIPIOS DEMOCRATICOS.
Jorge Enrique González Rojas