En todas las ciudades sus habitantes suelen ser permanentes, una parte nativos y otra parte recientes y desde luego en cada ciudad en diferentes proporciones y de distintos niveles socioeconómicos, orígenes y procedencias, caracterizando su actualidad junto con su geografía e historia. Son gentes muy diversas, que espontáneamente se unen por sectores (ciudades dentro de la ciudad) de cuya vivienda, educación, salud, divertimento y seguridad se ocupan personas y fundaciones privadas, además de diversas instituciones públicas, en cada uno de esos temas específicos; pero todas bajo la orientación y control de cada gobierno municipal.

            Los habitantes de las ciudades son permanentes en su gran mayoría, tanto nativos como recientes, aunque por supuesto en diferentes proporciones en cada una de aquellas. Para los nativos, su ciudad implica una continuidad histórica, conexión con el territorio e identidad distintiva, y conservan sus propias características culturales, sociales, económicas y políticas. Pero los recientes traen a la ciudad las características propias de sus ciudades, pueblos o campos de donde proceden, las que, en parte y poco a poco, bien o mal, se mezclan con las que encuentran en la ciudad, tornándola “suya” en la medida de que se vuelven permanentes.

            Los habitantes no permanentes de las ciudades son los que las habitan por poco tiempo y diferente regularidad. Son periódicos, como los que llegan a trabajar en diferentes actividades o a comerciar; intermitentes como lo son sus visitantes regulares por diversos motivos; u ocasionales como suelen ser los turistas o los viajeros cultos. Este variopinta y desigual conjunto de los habitantes de la ciudad (la llamada población flotante) que se agrega a cada ciudad, y dependiendo de su proporción en la totalidad de sus habitantes, puede llegar a caracterizar positivamente sectores completos de la misma, o a interferir en ellos de manera negativa.

            Los turistas, que viajan por placer, o gentes que dedican al turismo parte de sus viajes por otros motivos, son habitantes temporales de la ciudad a la que llegan; y son más activos que los permanentes, ya que la recorren, admiran su patrimonio natural: sus paisajes, y el cultural: sus edificaciones, costumbres y vestimentas, y participan de sus bebidas y comidas, músicas y bailes. Pero cuando los turistas son muchos y además irrespetuosos, se tornan invasivos, afectando negativamente a los habitantes permanentes de la ciudad, al afectar la movilidad en ella, generar tensión social, degradación ambiental, y desplazamiento de comunidades locales.

            Los visitantes, por su parte, son personas que llegan a la ciudad por un período corto, ya sean viajeros con fines de ocio o para pasar las vacaciones; o que llegan para negocios o comercio que no tienen una relación de trabajo con entidades locales; o para visitar en ciertas ocasiones a familiares o conocidos. O son estudiosos de ciertas disciplinas que desean conocer la ciudad, de la cual se han informado previamente respecto a su patrimonio natural y cultural, especialmente este último en tanto monumentos, casas, edificios y lugares de reconocido valor histórico, simbólico o arquitectónico, lo que les permite un juicio crítico sobre esa ciudad. 

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.