El intercambio bilateral y simultáneo de información entre distintas personas se realiza de diferentes maneras, las que es útil diferenciar unas de otras en función de su propósito, cuando se trata de intercomunicaciones deliberadas y no espontáneas, como sí lo son las sencillas conversaciones en tanto el intercambio de ideas, opiniones o sentimientos entre dos o más personas que se desarrolla sin una planificación previa estricta, pero que son una interacción social fundamental, y base de las diversas intercomunicaciones deliberadas que muchas de ellas suelen originar.
A continuación, van algunas consideraciones al respecto de las principales intercomunicaciones deliberadas más usadas en la actualidad, elaboradas a partir de las definiciones que proporciona la Inteligencia Artificial, IA. Intercomunicaciones estas que, por lo demás, se pueden realizar de forma presencial como virtual, pero siempre respondiendo a un propósito deliberado, y tras haberlas meditado y programado con antelación, a diferencia de las sencillas y espontáneas conversaciones de todos los días en diferentes lugares desde la casa al trabajo o haciendo mercado. Se trata de hacer evidentes las diferencias entre ellas y en sus requisitos, buscando su provecho.
Los monólogos, los que nunca se designan como tales, son cuando a diferencia de una conferencia o un discurso, un solo individuo se dirige a una audiencia y que solo habla o reflexiona en voz alta; pero sirven como una herramienta introspectiva para explorar la psicología del personaje, lo que facilita otra forma de intercomunicación pero que dificulta las preguntas posteriores.
Los diálogos son el intercambio de comunicación entre dos personas, que alternan sus roles como hablantes y oyentes, y que cuando son más los participantes lo hacen bajo la dirección de un coordinador, además encargado de seleccionar las preguntas; y su propósito principal es exponer ideas, compartir sentimientos, debatir posturas o buscar acuerdos mutuos mediante el entendimiento y la escucha activa.
Las charlas son aquellas exposiciones orales ante un público amplio pero interesado, diseñadas sin excesivas formalidades para compartir información, enseñar conceptos o debatir ideas, sin mayor preparación previa, por lo que no se deben confundir con las conferencias, y por eso mismo admiten interrupciones espontaneas para solicitar pertinentemente aclaraciones o emitir cortos conceptos.
Las conferencias son una exposición oral impartida por un experto frente a un público con conocimientos sobre el tema, leída a partir de un texto, y diseñada para transmitir información, debatir ideas o difundir conocimientos sobre un tema específico; y solo se admiten preguntas y aclaraciones al final; se utiliza en diversos ámbitos pertinentes, como el académico, político o corporativo.
Los debates son una comunicación formal, estructurada y seria, en donde dos o más personas intercambian ideas, opiniones y argumentos sobre un tema polémico o de interés general, siempre bajo la dirección de un moderador; su objetivo es contrastar perspectivas, exponer fundamentos y ampliar el conocimiento sobre el asunto tratado, y no terminar en meras e inútiles disputas.
Los discursos, finalmente, son una exposición razonada y organizada de ideas destinada a transmitir un mensaje y persuadir a una audiencia, basados en un texto, los que en general son leídos, ya que las alocuciones espontáneas se suelen transformar en meras arengas; discursos que abarcan diferentes ámbitos y propósitos, desde el político y el académico hasta el comercial o histórico.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.