La historia es una disciplina académica básica, que estudia los hechos ya sucedidos, y cuyas fundamentales divisiones del tiempo son pasado, presente y futuro; donde el pasado son los eventos ya ocurridos, el presente es el momento actual a cada fecha, y el futuro las acciones y eventos que están por venir, llenos de expectativas y planes. En el particular caso de Santiago de Cali, presente y pasado son dos momentos que podrían conformar la historia del tercero: el mejor futuro de la ciudad en tanto artefacto urbano, ciudadanos y actividades.

         Usualmente, el pasado reciente de una ciudad explica su presente en muchos aspectos, y este pasado, salvo acontecimientos inesperados, casi siempre anuncia su futuro, al menos el más próximo. Lo insólito de Santiago de Cali es que ni siquiera conserva su nombre original entre sus habitantes (solo existe oficialmente) su artefacto urbano arquitectónico se ha dividido, multiplicado y transformado, y sus habitantes ya son otros, muy diferentes y muchísimo más numerosos, y sus actividades han aumentado, variado mucho y se han multiplicado.

         El pasado de Santiago de Cali, al que la Cali de su presente modificó a fondo, en tanto su artefacto como sus habitantes y actividades, apenas se lo puede recordar como una pequeña ciudad colonial trazada en damero, con una plaza, y casas de un solo piso la gran mayoría; hacendados, esclavos y campesinos; engorde y ordeño de ganado, y algunos sembrados. Pasado de una ciudad de la que la gran mayoría de sus presentes habitantes no tienen mayor noticia, la que sus Autoridades Municipales actuales desconocen en su esencia y significado.

         El presente de la ahora solo Cali, ya en la tercera década del siglo XXI, está definido por la inseguridad en la ciudad, la mala movilidad en ella, el mal comportamiento público de sus habitantes, y su caos urbano y arquitectónico; todo debido al muy deficiente control del artefacto, ciudadanos y actividades por parte de las Autoridades. Presente de la ciudad que todos sus habitantes viven todos los días, al tiempo en que cada vez más aprenden a valorar sus paisajes pero que aún no comprenden bien lo que significa su clima y sus árboles.

         El futuro de Cali, en las próximas décadas del siglo XXI, dependerá de la autoridad que deben desempeñar sus próximos Gobiernos Municipales, a partir de un solo plan a largo plazo para la ciudad y su área metropolitana, el que incluye sus distintos artefactos urbanos y arquitectónicos, ya que serán más, en tanto ciudades dentro de la ciudad; sus diferentes ciudadanos; y sus diversas actividades actuales y nuevas. Futuro que es un concepto que marca lo venidero, lo posterior y lo que aún no es, pero será, a menudo lleno de posibilidades y dudas. 

         Lo paradójico de ese plan a largo plazo, es que, considerando la historia reciente de la ciudad, deberá aprender de su pasado más resiente y mejor, bien visto, para concebir un próximo futuro, procurando que sea excelente, considerando las malas circunstancias de su actual presente. Excelencia que se refiere a una calidad superior, bondad, o una habilidad destacada que hace a algo digno de aprecio y estima, sin ser la perfección, y se usa en expresiones como “por excelencia” para denotar que algo es el mejor ejemplo de su tipo.

         Esta paradoja, luego de estudiar por años a Cali, es una idea que parece contradecir la lógica o el sentido común, pero que al profundizar en su presente, revela una verdad más profunda usando contradicciones aparentes para generar, considerando su pasado, una pertinente reflexión que conduzca a un mejor futuro. En este caso, el orden de los productos si podría modificar su resultado; al fin y al cabo, orden se refiere a la disposición adecuada de cosas, en una secuencia o lugar que facilita su comprensión y uso, y el mandato de una autoridad.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.