Presidente que se respete en su cuatrienio presenta reformas tributarias, así tenga que obrar contra su discurso de campaña, pero como nuestros políticos son “carepalo”, no se sonrojan al incumplir la palabra electoral burlan la buena fe ganada como está sucediendo hoy con la reforma que presenta el presidente Petro que afecta a los 4000 ricos del país.

En los últimos 20 años, Colombia ha tenido 13 reformas en 4 gobiernos, es decir tenemos una reforma tributaria cada 1,7 años, lo que genera incertidumbre, afecta la carga tributaria de los ciudadanos, donde la deuda pública pasó de $50 a $1083 billones.

En la reciente reforma tributaria de Petro salieron del país 6879 capitales que ganan anualmente mas de $100 millones de pesos, situación que trae consecuencias negativas para la economía y el empleo en Colombia.

Podríamos ser benévolos si esas reformas tributarias fueran acompañadas por ejemplo de:

  • Simplificación de procedimientos administrativos,
  • Reducción de normas que no obstaculicen el eficiente funcionamiento del Estado, que sirvan en la optimización de los recursos humanos, financieros en la administración pública,
  • Implementación de tecnologías de la información para automatizar procesos, lograr transparencia y reducir la burocracia,
  • Descentralización y desconcentración de competencias y recursos a favor de otros niveles territoriales,
  • Mejoramiento en la atención al ciudadano con la instalación de verdaderos centros de atención y ventanillas únicas,
  • Reducción de la carga burocrática que aumenta los costos presupuestales.

Esa costumbre presidencial de presentar cada cuatro años una reforma tributaria es el claro resultado de actuar con criterio CORTOPLACISTA, no se piensa en la búsqueda de beneficios a largo plazo, afecta la economía nacional y pierde el desarrollo a largo plazo para beneficio de empresas o de industrias.

Esa constante de expedir reformas tributarias genera inestabilidad económica, política y social porque no se consideran las posibles consecuencias a largo plazo.

Por eso necesitamos que a los candidatos presidenciales y a su Partido se les exija jurídicamente:

  • Tener visión – planificación a largo plazo, con una clara estrategia programática escrita,
  • Tener claro el impacto de su plan de gobierno en las generaciones futuras y la importancia de éstas,
  • El candidato – Partido debe identificarse con Instituciones que promuevan el largo plazo,
  • Total, compromiso con la defensa de la democracia,
  • Su plan de gobierno debe tener reflexiones sobre los impactos sociales y éticos de los avances tecnológicos y la ciencia,
  • En ese programa de gobierno la tecnología no es la determinadora del futuro, son las decisiones humanas y las políticas públicas quienes configuran el futuro de Colombia.

Si continuamos permitiendo la improvisación, el cortoplacismo, nunca tendremos estabilidad administrativa, todo seguirá siendo fruto de efectos emocionales, muy delicado 50 millones de personas no pueden administrarse al vaiven del gobernante.

Jorge Enrique González Rojas