El gran contraste: éxito en cifras de ocupación

El panorama laboral del Valle del Cauca experimenta una transformación estadística sin precedentes. Tras consolidar una senda de reactivación impulsada por sectores clave, el departamento exhibe un dinamismo reflejado en mínimos históricos de desocupación.

De acuerdo con el DANE, la población ocupada en Cali y su área metropolitana alcanzó aproximadamente las 1,12 millones de personas, lo que representó un incremento neto de 60.615 nuevos empleos en comparación con el periodo previo. Este vigoroso empuje llevó a la tasa de desempleo al 8,7% en el trimestre de febrero–abril, consolidándose como la cifra más baja registrada para dicho periodo desde el año 2007. A nivel departamental, la desocupación general se estabilizó en un 9,5%, quebrando la resistencia de los dos dígitos.

El desempleo juvenil, históricamente crítico en el suroccidente colombiano, marcó un descenso al situarse en el 19,0%. Aunque duplica la tasa general, está significativamente por debajo del 22,8% registrado en la prepandemia, posicionando a la región como un referente nacional en inserción laboral temprana. Sin embargo, detrás de la euforia estadística, la calidad del empleo sigue mostrando profundas contradicciones

Salarios y el umbral del peso legal 

En términos de remuneración, el Valle del Cauca se mueve bajo las directrices del ajuste nacional y el impacto de la reforma laboral. El salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV) se estableció en $1.750.905, al que se suma un auxilio de transporte obligatorio de $249.095, totalizando un ingreso mínimo efectivo formal de $2.000.000 mensuales.

El sector corporativo formal del departamento promedió ajustes salariales del 7,6% en sus nóminas profesionales. Esto ubica el salario profesional promedio regional en $4.200.000 al mes. No obstante, los mandos medios y directivos reflejan brechas de género persistentes, donde los hombres perciben hasta un 15% más de ingresos en cargos con responsabilidades equivalentes.

El verdadero desafío radica en que la subocupación (personas inconformes con sus ingresos u horas de trabajo) descendió al 5,8%. Esto demuestra que, si bien hay más flujo de caja, la mayor parte de los hogares subsiste con ingresos altamente variables

El espejo de la informalidad: ¿Somos tercermundistas? 

Para responder con franqueza y rigor macroeconómico: Sí, bajo la estricta óptica de la estructura de la informalidad laboral, el Valle del Cauca y Colombia operan bajo un modelo de desarrollo rezagado o comúnmente llamado “tercermundista”.

A pesar de que el empleo formal creció a un ritmo del 4,6%, superando el avance del empleo informal, la tasa de informalidad en Cali y el Valle del Cauca se resiste a bajar del 47%. Esto significa un hecho contundente: prácticamente 1 de cada 2 trabajadores en el departamento vive en el “rebusque”. Alrededor de 533.000 a 580.000 personas en el casco urbano subsisten como vendedores ambulantes, independientes desprotegidos, repartidores o jornaleros sin cotizar a salud y pensiones.

En economía, una tasa de informalidad cercana al 50% es el síntoma definitivo de un mercado laboral periférico. Mientras que en las economías desarrolladas la informalidad oscila entre el 5% y el 15%, en el Valle del Cauca casi la mitad de la fuerza productiva carece de red de seguridad social, estabilidad contractual y acceso a créditos bancarios formales. No es pereza laboral, sino una falla estructural, el aparato empresarial formal, aunque dinámico, no posee la capacidad de absorber toda la oferta de mano de obra disponible, empujando a millones al autoempleo precario.

Formación y oportunidades: cerrando la brecha del talento 

El ecosistema de talento en el Valle del Cauca está viviendo una carrera contra el tiempo para transformar sus competencias. Las oportunidades laborales hoy se concentran en tres grandes frentes estratégicos:

  • Servicios Globales y Tecnología: Cali se ha posicionado como un polo atractivo para empresas de desarrollo de software, BPO (Business Process Outsourcing) y servicios compartidos. La demanda de talento bilingüe y técnico supera por mucho la oferta disponible.
  • Logística y Agroindustria: El corredor agroindustrial del azúcar, la bioenergía y el nodo logístico conectado con el puerto de Buenaventura exigen técnicos en automatización, analítica de datos aplicada a la cadena de suministro y sostenibilidad ambiental.
  • Economía del Entretenimiento y Cuidado: Impulsada por la declaración de Cali como Distrito Especial, la gastronomía, los eventos y el turismo de salud generan miles de plazas, aunque con el persistente riesgo de la temporalidad laboral.

Para combatir el desempleo estructural, el departamento ha apostado por programas públicos de choque como VALLEMPLEA, articulado por la Gobernación del Valle del Cauca y las secretarías de Desarrollo Económico. Estos programas buscan conectar de forma gratuita a los jóvenes con formación técnica rápida y bilingüismo, respondiendo de forma exacta a las vacantes reales del sector empresarial. A la par, universidades de primer nivel en la región (como la Universidad del Valle, la Universidad Icesi y la Pontificia Universidad Javeriana Cali) lideran agendas de reconversión laboral tecnológica.

El Valle del Cauca al año 2026 no puede dibujarse en blanco y negro. Su fisonomía laboral es la de un territorio sumamente resiliente, capaz de reducir el desempleo a un solo dígito y de posicionar a su capital como un bastión de oportunidades para la juventud colombiana. Las corporaciones regionales lideran dinámicas de salarios competitivos y los programas de formación técnica están encontrando el rumbo idóneo.

Sin embargo, el lastre de tener a media población trabajadora atrapada en la economía informal es un recordatorio severo de las tareas pendientes de nuestra estructura productiva. El Valle avanza con paso firme, pero el verdadero éxito no se medirá únicamente por cuántas personas tengan una ocupación, sino por cuántas de ellas dejen atrás la vulnerabilidad del día a día para ingresar definitivamente al bienestar de la formalidad laboral

Redacción