Esta composición de dos temas, deben alarmarnos:

  • La civilidad – convivencia pacífica y
  • Los recursos naturales,

Imposible no angustiarse por el vacío de civilidad – convivencia pacífica si al año fatídicamente ocurren aproximadamente 80 masacres, con un promedio de 300 víctimas y 13.109 homicidios en el año 2024 en Colombia.

Con respecto a los recursos naturales las cifras nos dicen que hemos perdido aproximadamente 3 millones de hectáreas de bosque en los últimos años, lo que nos ubica en el puesto 10 a nivel global, en términos de deforestación.

Entonces llega la pregunta obvia:

¿Cómo lograr tener personas con disposición cívico – ambiental si no se les ha enseñado y menos motivado?

Esas terribles estadísticas son el resultado de no enseñar cultura cívica – ambiental en las casas, en las empresas y escuelas.

Desde muy niños debiéramos estar escuchando lo esencial que es ser buen ciudadano, cumpliendo las normas, lo honroso que es ser servidor público y no rufián público; imposible asumir comportamiento cívico si nunca nos lo han inculcado, además la misma sociedad es permisiva con el que atropella la vida y las normas debiera ser censurado y apartado del entorno.

Debiéramos exigir CLASES DE CIUDADANÍA en todos los colegios, universidades públicas y privadas para así aprender a conducirnos con civilidad y castigar a las personas que no se comportan como excelentes ciudadanos.

Sin el cumplimiento de ese proceso educativo resultará difícil contar con excelentes ciudadanos, magníficos servidores públicos que actúen con DECORUM para mantener la armonía y el respeto en la sociedad y la política.

Con respecto a la protección ambiental, falta cumplir una estrategia que vincule a la educación formal, con actividades prácticas, donde el estudiante comprenda la trascendencia del medio ambiente y su relación con la sociedad, organizando proyectos comunitarios, además de la promoción de la conciencia y sensibilización sobre la importancia del medio ambiente.

Las mismas entidades públicas debieran realizar evaluaciones de desempeño si ellas y sus funcionarios están operando con civilidad – convivencia pacífica respetando los recursos naturales, además es tarea forzosa de las entidades de control para que investiguen y sancionen los comportamientos no éticos – jurídicos que nos agobian diariamente.

Y nosotros como ciudadanos estamos en la obligación de reportar comportamientos no cívicos – ambientales de las personas y de los servidores públicos, ganaremos todos: menos asesinatos, aumentaremos en sostenibilidad pudiendo llegar a la economía circular, la producción y consumo sostenible.

No exagero: perdimos la dimensión comunitaria, urgente volver a vivir con valores cívicos, derechos y responsabilidades, donde las entidades desarrollen políticas cívicas con permanente evaluación y retroalimentación efectiva.

Jorge Enrique González Rojas