En 2025, Colombia presenta una reducción sostenida en sus índices oficiales de pobreza, ubicándose entre el 30% y el 33% según diversas fuentes. Este progreso está asociado a un crecimiento económico moderado, con un PIB que crece cerca del 2.5%, y a la creación de empleo en los últimos meses. El Desempleo bajó por décimo mes consecutivo y se ubicó en 8,6% en junio del 2025 ( DANE ) reflejando la incorporación de más de 800,000 personas al mercado laboral en comparación con el año anterior.

No obstante, el escenario positivo oculta desafíos estructurales importantes, principalmente la alta tasa de informalidad laboral. Más de la mitad de la fuerza de trabajo, alrededor del 56% a 57%, se desempeña en condiciones informales, sin contrato ni acceso a la seguridad social.

parte de los empleos generados recientemente se concentran en el sector informal o el autoempleo, especialmente en comercio, agricultura y servicios básicos. Esta dinámica impacta la calidad del empleo y limita la protección social de millones de trabajadores.

La prevalencia de la informalidad representa riesgos concretos. Aunque la pobreza disminuye en términos monetarios, la falta de beneficios como salud, pensiones y protección ante riesgos laborales perpetúa la vulnerabilidad de numerosos hogares. La inestabilidad a estos empleos expone a las familias a caer nuevamente en la pobreza multidimensional ante cualquier crisis, enfermedad o recesión económica.

El mercado laboral colombiano mantiene grandes brechas, según grupos demográficos y regiones. Jóvenes, mujeres y personas con bajo nivel educativo enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos formales, reflejadas en tasas elevadas de desempleo e informalidad entre estos sectores. Asimismo, existen disparidades territoriales notables; por ejemplo, ciudades como Quibdó registran hasta un 30% de desempleo urbano, lo que evidencia la heterogeneidad del desarrollo económico y social en el país.

La caída de las tasas oficiales de pobreza y desempleo refleja tanto una recuperación económica como un mercado laboral que aún no ofrece empleo digno y formal para toda la población. Esta realidad mantiene latentes riesgos sociales y económicos que podrían afectar la sostenibilidad del crecimiento y el bienestar general.

La informalidad laboral afecta con mayor intensidad a los grupos más vulnerables, quienes enfrentan dificultades para acceder a empleos con garantías. La reducción en la pobreza monetaria puede ocultar problemas estructurales profundos que comprometen la calidad de vida y limitan el avance hacia la inclusión laboral plena. Ante cualquier dificultad externa, estos trabajadores informales pueden revertir rápidamente sus condiciones económicas, mostrando la fragilidad del progreso registrado.

Colombia experimenta en 2025 la persistencia del subempleo, la alta informalidad y el deterioro en la calidad del trabajo confirman obstáculos estructurales que reflejan problemáticas propias de economías en desarrollo. Para avanzar hacia un desarrollo sostenible y una reducción real de la pobreza, el país debe enfrentar el reto de formalizar el empleo y garantizar protección social a toda su fuerza laboral.

Si bien la mejora en el indicador de desempleo refleja un entorno laboral en recuperación, las condiciones estructurales de informalidad, subempleo y precariedad confirman que Colombia se enfrenta a retos propios del subdesarrollo o “tercer mundo”. El reto a futuro se centra en transformar el crecimiento cuantitativo del empleo en un crecimiento cualitativo y sostenible que amplíe la formalidad y la seguridad social para la mayoría de la población.

Ana Lucia Arango M