Los ánimos del gobierno Petro están caldeados, más aún con las nuevas decisiones del Banco de la República y todo orienta a lo más real para los trabajadores de Colombia, es el incremento real del salario mínimo. Este debate se anticipó, porque el ministro de Hacienda, Germán Ávila, confirmó que el presidente Petro y el gobierno, quieren mantener una política de incrementos reales del salario mínimo, a pesar de los numerosos reparos técnicos sobre su impacto en el empleo y en la inflación, que siguen creciendo…
Esto dice Min Hacienda: “Seguramente se va a mantener la idea de hacer incrementos en salario real, teniendo en cuenta como criterio que estos incrementos han tenido impactos significativos en la reducción de los indicadores de pobreza”.
Esto fue consecuencia del anuncio del Banco de la República, quien mantuvo inalteradas las tasas de interés en el 9.25%, tras la reunión de su junta directiva en el cierre del mes de julio, que evidenció la preocupación del banco por el ritmo económico y las presiones fiscales que enfrenta el país.
El presidente Petro ha mantenido una narrativa durante años, de que el salario mínimo es una herramienta distributiva poderosa y que sus aumentos no necesariamente deterioran el empleo ni aceleran la inflación. Luego, la declaración del ministro de Hacienda no es aislada.
Por ello, el ministro ha dicho con contundencia: “El trabajo es el generador de valor”. De esta manera, justifica la continuidad de la estrategia que se enmarca en medio de varios movimientos que tienen contra las cuerdas la estabilidad fiscal y mantienen en alerta a las autoridades monetarias y los inversionistas.
Petro y Banrepública.
Banrepública sostiene que el proceso de desinflación avanza más lento de lo esperado y que uno de los factores detrás de esta cautela ha sido, precisamente, el ajuste del salario mínimo, que incide en servicios de arriendos y alimentos preparados.
El consejo privado de competitividad precisó que los aumentos del salario mínimo benefician más a los trabajadores de ingresos medios y altos y excluyen a los más pobres del mercado formal, por el tema inflacionario. Y esto es una jugada.
Para recordar.
En junio, la inflación en Colombia se ubicó en el 4.82% anual, el nivel más bajo desde octubre del 2021, gracias a un incremento mensual de apenas 0.12%, dato inferior a las expectativas del mercado.
Para los técnicos, la inflación subyacente está elevada a 5.37% y sectores como servicios y alimentos procesados mantienen presiones al alza; razón por la que los analistas llaman a la prudencia monetaria, advirtiendo que riesgos como la indexación, el ajuste del salario mínimo y la incertidumbre fiscal amenazan todas las metas macroeconómicas del sector financiero, del Banco de la República y los gremios colombianos.
La situación fiscal y macroeconómica de Colombia en el 2025 enfrenta riesgos que podrían afectar la estabilidad económica del país, el elemento central sería el aumento del salario mínimo por encima de niveles sostenibles, superior al incremento de la inflación, lo que genera presiones inflacionarias y mayores costos para las empresas. El Banco de la República por eso mantuvo la tasa de interés en el 9.5%, para que los precios no se desborden. La incertidumbre se agrava por la situación fiscal de Colombia, marcada por un déficit alto interno y externo, caída del recaudo tributario, incremento de la deuda y posibles desviaciones en la regla fiscal. Estamos presionando el costo de la deuda, se limita la confianza de inversionistas. El entorno global restrictivo y las tensiones económicas internacionales dificultan la llegada de capital extranjero.
Por ello, hay que ajustar el gasto y aceptar la política monetaria cautelosa del Banco de la República, debemos mejorar el recaudo y es inaplazable la nueva reforma tributaria.