Entre los muchos diversos rasgos que caracterizaron a la pasada y eterna posesión presidencial, toda una tarde y parte de la noche, hay varios que posiblemente caracterizarían los cuatro años del nuevo gobierno: el espectáculo, la seguridad y el regionalismo; por supuesto con distintas prioridades y consecuencias, respecto a la pobreza, la salud, la corrupción, la discriminación, el centralismo, la economía, la vivienda y la educación, la que cada vez más se reconoce como el propósito más importante pero que casi siempre queda de ultimo.
Seguridad con espectáculo: espectáculo, como lo fue el del pretencioso y costoso escenario de la posesión, pese a la pobreza de su arquitectura, y con el inacabable cúmulo de invitados con sus mujeres pero pocas mujeres con sus maridos; y además con mucho regionalismo como en el discurso “caribe” del nuevo Presidente Nacional y el del Presidente del Concejo, “caribe” también; y mucha seguridad, que por supuesto hay que aplaudir y agradecer, que permitió un cambio de gobierno en paz, después de cuatro años de ser anunciada pero sin lograrla.
O seguridad y autonomía regional pero sin tanto espectáculo, comenzando por el de las sedes alternas, como la Nacional pero “caribe” en Barranquilla; y el despropósito en la de Cali de utilizar su Centro Cultural con tal propósito, en lugar de considerar que lo importante es disminuir el centralismo, lo que se puede hacer desde Bogotá, ya que es la Capital, y configurar verdaderas regiones en tanto su geografía e historia, integrando departamentos actuales, para lo cual hay que recorrerlas y no solo sobrevolarlas, y no apenas visitar sus capitales.
Regionalismo en tanto se refiera a una idea política que defiende los derechos y la cultura de una región dentro de un país, pero no al extremo y en apenas algunas areas, como la “caribe”, dejando de lado la conformación de las regiones en el país; y todo esto sin la seguridad prometida pero ocultada con el acostumbrado espectáculo del candidato desde antes de su espectacular posesión presidencial en Cali, justo el día de la Batalla de Boyacá, hace poco más de un siglo, y que habría sido todo un espectáculo realizarla en el Puente de Boyacá.
O puro regionalismo populista pero sin la esperada seguridad en todas las regiones del país, mediante un espectáculo justificativo en cada “capital alterna”; en cambio de procurar la debida seguridad en cada una de ellas, sin comprometer la seguridad que todo el país espera hace años y que se estaba logrando, pero que hace apenas diez años fue interrumpida, paradójicamente, con el Premio Nobel de la Paz, y que, por lo contrario, en los últimos cuatro años casi que se duplicó el número de guerrilleros, y se aumentó el narcotráfico y la violencia.
Pero igualmente es posible el deseable, bienvenido y esperado espectáculo, de ver que en solo cuatro años, el nuevo gobierno pudo constituir grandes regiones, autónomas pero confederadas, en Colombia, respetando su carácter laico constitucional; y logrado la seguridad física en ellas (grupos armados y delincuencia común) su seguridad ambiental (aguas, selvas, aire) y, por fin, reducir la corrupción (a todos los niveles). Todo esto seguido al final por una sencilla y discreta despedida en Barranquilla, y que “dios mediante” no le dé al Presidente por seguir.
Desde luego todas estas distintas posibilidades influirán en todas las ciudades, y especialmente en Cali en la elección en 2027 de su próximo alcalde. Uno que entienda el espectáculo de sus paisajes y su patrimonio natural y biodiversidad, y que el patrimonio cultural debe ser preservado; que entienda que urge la seguridad en sus espacios urbanos públicos y en las edificaciones, como en la limpieza de sus aguas y aires; y que entienda que el regionalismo comienza por el valle alto del río Cauca, y en este el Área Metropolitana y por último Cali.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.
