Hay días en los que la tierra se sacude y fractura la historia de toda una ciudad. La mañana del 10 de agosto de 2026, Cali enfrentó las consecuencias de un terremoto de magnitud 7,4 que dejó más de cien víctimas fatales en la región. Entre las estructuras colapsadas y las pérdidas humanas, la historia de la familia Saavedra Caicedo se convirtió en el símbolo del dolor que hoy embarga a la capital vallecaucana.
Hogar de alegría y el dinamismo de las trillizas
En el barrio Cuarto de Legua, en el sur de Cali, la familia Saavedra Caicedo era conocida por su cercanía y participación comunitaria. El hogar estaba encabezado por Jairo Hernán Saavedra y su esposa Blanca Victoria “Vicky” Caicedo. Victoria era la guía y el pilar en la formación del hogar, mientras que Jairo destacaba por su su afición por la salsa.
El centro de dinamismo de la casa eran sus tres hijas trillizas: Ana María, Sofía e Isabella Saavedra Caicedo, de 23 años.
Durante más de dos décadas, las tres hermanas mantuvieron una unión inquebrantable. Compartían proyectos, rutinas y metas. Estudiaron juntas la carrera de Mercadeo en Cali y viajaron a Francia para cursar su último semestre académico. Al regresar a la ciudad, continuaron trabajando juntas en sus metas profesionales, ganándose el afecto de amigos y colegas por su dedicación y empatía.
La víspera del sismo y una frase en la memoria
La noche anterior a la tragedia, el sábado 9 de agosto, Jairo Hernán y su esposa asistieron a un establecimiento nocturno para bailar salsa junto a varios allegados. Durante la velada, Jairo se acercó al DJ del lugar, conocido como **DJ Prilla**, para pedirle la canción “Brilla”
En medio de la conversación, Jairo dejó una frase que quedó grabada en sus amigos: le pidió al DJ que esa canción sonara el día de su muerte y fuera grabada en su lápida. Pocas horas después, la rutina de la familia cambiaría para siempre.
El colapso del Edificio María Alvira
El domingo 10 de agosto, la sacudida tomó por sorpresa a los habitantes del Edificio María Alvira, una estructura de 4 apartamentos donde residía la familia. Ante la magnitud del movimiento telúrico, los padres buscaron proteger a las 3 jóvenes en las zonas de menor riesgo e intentaron evacuar.
Sin embargo, la estructura colapsó violentamente, atrapando a los cinco integrantes bajo los escombros. Ana María logró resguardarse debajo de una mesa, un factor determinante para su supervivencia en medio del derrumbe.
Labores de rescate entre los restos de la vivienda
Tras la emergencia, miembros de Bomberos, la Defensa Civil y brigadas de socorro iniciaron las labores de búsqueda. Decenas de vecinos de Cuarto de Legua se sumaron a las primeras tareas de remoción de materiales con la esperanza de hallar a la familia con vida.
Ana María fue rescatada entre los bloques de cemento con lesiones severas en la pelvis y trasladada a la Clínica Imbanaco, convirtiéndose en la única sobreviviente del hogar. En las primeras horas de la búsqueda, los socorristas confirmaron el fallecimiento de Sofía.
Un día después, los equipos de rescate localizaron los cuerpos de Jairo Hernán Saavedra y Blanca Victoria Caicedo. Ambos fueron hallados abrazados uno al otro bajo los restos de la edificación.
La confirmación final y la respuesta comunitaria
La incertidumbre sobre el paradero de Isabella se mantuvo hasta el 14 de agosto, cuando los organismos de socorro confirmaron el hallazgo de su cuerpo sin vida. Con esta noticia se cerró el balance de la tragedia familiar: 4 fallecidos y una sobreviviente.
La comunidad caleña ha respondido con homenajes en el lugar del colapso y en redes sociales, mediante vigilias, velas y mensajes de condolencia. Amigos, familiares y entidades locales han volcado su apoyo moral y material hacia Ana María en su proceso de recuperación.
La historia de la familia Saavedra Caicedo permanece en la memoria de Cali como un recordatorio del valor de la vida, la solidaridad y la empatía comunitaria ante las catástrofes naturales.

