Vivimos en una pelota que llamamos Tierra, que gira sobre sí misma en una vuelta completa cada 24 horas y sin darnos cuenta viaja en el espacio en tres direcciones al mismo tiempo: una en nuestro sistema Solar, este a su vez en la constelación llamada Vía Láctea y está en el Universo formado por millones de estrellas y sus planetas.
Pero esta pelota tiene en su interior un fogón que genera materiales como la lava y gases calientes que se expanden a través de los volcanes que tantas tragedias han ocasionado en la historia de la Tierra.
Alfred Wegener en 1912, con su teoría de la deriva continental, desbarató el antiguo concepto de que las cordilleras se habían formado al enfriarse y arrugado la Tierra y el descubrimiento de las dorsales marinas, que son volcanes lineales. Esas dorsales son la boca del fogón cuya lava no puede emerger por encontrarse en el fondo del Océano entre 5.000 y 10.000 metros de profundidad y lo cual origina presiones entre 5.000 y 10.000 toneladas por metro cuadrado. Esa presión origina que la fuerza de la lava se ejerza longitudinalmente sobre las placas que se sumergen o se subducen bajo la placa continental.
La presión transversal sobre las placas las desplaza unos 20 centímetros por año. Cuando las placas se deslizan bajo los macizos continentales y encuentran un obstáculo, al superarlo liberan la energía originada por la presión y esa energía causa en las placas continentales los temblores, sismos o terremotos, tres nombres diferentes para el mismo efecto.
En la costa Pacífica, desde Alaska hasta Tierra de Fuego, existen tres placas: Al norte la nominada Juan de Fuca, que origina daños en la costa de California, la de Cocos en Centroamérica y la de Nazca en Suramérica. Esta última originó el reciente sismo o temblor o terremoto que afectó principalmente al Valle del Cauca, Chocó y el Eje Cafetero.
La conclusión que nos queda es que construyamos bien, con cálculos sismo resistentes y estudios cuidadosos del suelo para prevenir los desastres lamentables. Lo destruido obedece a un mal diseño o una mala construcción para ahorrarse o robarse unos pesos o una negligente interventoría. De lo ocurrido hay responsables por las vidas humanas sacrificadas y bienes destruidos.
Es imposible tener un inspector de la alcaldía todos los días en cada obra para que revise la cantidad de hierro, los anclajes, los amarres, la resistencia del concreto, etc. Por ello es importante que ingenieros, arquitectos, tanto diseñadores como constructores o interventores, maestros de obra y obreros, tomen conciencia de que en sus manos está la vida de muchas personas y que es fundamental el trabajo ético y con calidad.