De las pilas públicas a la modernización del agua potable

La historia de Cali también se cuenta a través del agua. Antes de convertirse en una ciudad moderna, con barrios en expansión, redes de servicios públicos y nuevas exigencias urbanas, sus habitantes dependían de acequias, canales y pilas públicas para abastecer sus hogares. El acceso al agua formaba parte de la vida cotidiana y, al mismo tiempo, constituía una limitación para el crecimiento de la ciudad.

Así lo recuerda el ingeniero civil Nicolás Ramos Gómez, testigo privilegiado de la evolución de Cal, ex gerente de Emcali, miembro de las juntas de la  UAV, de la SMP, de la CCC,  y depositario de una memoria familiar que se remonta a las 3  primeras décadas del siglo XX. Su padre, Nicolás Ramos Hidalgo, líder cívico que fue alcalde de la ciudad entre 1928 y 1929 y participó en iniciativas fundamentales para su desarrollo.

En su conversación con Ramiro Varela, para La Lupa Urbana de Caliescribe, Ramos Gómez reconstruye la historia del acueducto de San Antonio, la primera gran infraestructura moderna de tratamiento de agua potable de Cali, y explica cómo esta obra se relacionó con la creación y consolidación de las Empresas Municipales.

Fue el comienzo de una transformación hídrica, sanitaria, urbana, institucional y ambiental que marcaría el futuro de la capital del Valle del Cauca.

Las pilas públicas: el abastecimiento de una Cali pequeña

El primer sistema de abastecimiento de Cali fue una acequia que conducía agua del río hacia varias pilas públicas. Allí acudían los habitantes para recoger el líquido y transportarlo hasta sus viviendas.

Ramos Gómez recuerda las pilas de Santa Rosa, San Nicolás y otros sectores tradicionales, que constituían puntos esenciales de la vida urbana. En las casas, el agua se almacenaba en recipientes y se utilizaban filtros de piedra pómez como un procedimiento rudimentario de tratamiento.

Era una ciudad en la que el agua no llegaba de manera generalizada a las viviendas. El abastecimiento dependía de la cercanía a las pilas, de la disponibilidad del recurso y de las condiciones de conducción.

La situación comenzó a cambiar cuando Cali emprendió la construcción de un sistema de acueducto con redes metálicas y una planta capaz de tratar el agua para hacerla apta para el consumo humano.

El cambio representaba mucho más que una mejora técnica. Significaba avanzar hacia una ciudad en la que el suministro de agua pudiera acompañar el crecimiento de la población y la expansión de los barrios.

San Antonio: una obra para entrar en la modernidad

El proyecto de la planta de San Antonio se desarrolló durante varios años. Según el testimonio recogido, hubo contratos en 1916 y 1921, y un contrato definitivo de la Junta de Aguas aprobado por el Concejo Municipal en 1926.

La instalación de las redes se adelantó entre 1927 y 1928. La planta comenzó a operar en 1930, durante la gestión de Joaquín Borrero Sinisterra al frente de la Junta de Aguas, de acuerdo con el relato de Ramos Gómez.

La obra representó un salto en la capacidad de Cali para captar, tratar y distribuir agua potable. La ciudad comenzaba a superar un modelo de abastecimiento basado en acequias y pilas, para avanzar hacia un servicio público de mayor alcance.

La construcción contó con participación extranjera ( Ingenieros y firma de los Estados Unidos, que tenia trabajos en el canal de Panamá.  San Antonio se convirtió así en una pieza central de la modernización de Cali. Su importancia no radicaba únicamente en el volumen de agua que podía tratar, sino en la posibilidad de organizar el abastecimiento mediante redes y ampliar progresivamente la cobertura del servicio.

La arquitectura y la memoria de una ciudad

La planta de San Antonio no fue concebida únicamente como una instalación industrial. También tuvo un diseño arquitectónico que, según recuerda Ramos Gómez, combinaba elementos de inspiración española con soluciones constructivas propias de una obra de ingeniería. Sus galerías de filtros, arcos, jardines y mirador formaban parte de un conjunto que despertaba el interés de los caleños.

Durante una etapa, la ciudadanía podía visitar las instalaciones los sábados y domingos. Los recorridos permitían conocer el funcionamiento del tratamiento del agua y comprender cómo llegaba el servicio a las viviendas. Se entregaban folletos explicativos y se habían dispuesto servicios sanitarios para quienes acudían al lugar.

Desde el mirador se observaba la ciudad. La planta permitía contemplar Cali y, al mismo tiempo, comprender una de las infraestructuras que hacían posible su transformación.

Posteriormente, las visitas fueron restringidas por razones de seguridad. Con ello se perdió una oportunidad de acercar a la ciudadanía a una obra pública que había sido decisiva para el desarrollo urbano.

La memoria de Ramos Gómez recupera esa dimensión poco conocida de San Antonio: además de su función técnica, fue un espacio de encuentro entre la ingeniería, la arquitectura y la vida de la ciudad.

El agua y el nacimiento de las Empresas Municipales

La historia del acueducto está estrechamente vinculada con la organización empresarial de los servicios públicos de Cali. El 31 de diciembre de 1930, Cali inauguró la planta de tratamiento de agua de San Antonio, abastecida por el río Cali, con participación de ingenieros norteamericanos. Su financiación y operación exigieron nuevas capacidades administrativas. En 1931, mediante el Acuerdo Municipal 13, se constituyeron las Empresas Municipales de Cali (EMCALI), para administrar el acueducto y otros servicios públicos. La planta se inauguró en 1930 y EMCALI se constituyó en 1931

Según explica Ramos Gómez, la financiación de estas obras estuvo relacionada con un préstamo estadounidense cuyo pago se respaldaba con los rendimientos de las Empresas Municipales. Para administrar esos recursos se estableció un fideicomiso que otorgaba autonomía de gestión a la entidad.

La Junta Directiva tenía la responsabilidad de orientar la empresa y nombrar al gerente. En ella participaban representantes vinculados al manejo financiero y empresarial, mientras que el Concejo Municipal contaba con representación.

Este esquema buscaba asegurar que los recursos destinados a pagar la deuda se administraran con continuidad y disciplina financiera. Ramos Gómez recuerda que las obligaciones se extendieron durante décadas y menciona cuotas de 200.000 dólares que debían pagarse en Nueva York. Su relato ilustra las dificultades de financiación que acompañaron la construcción de infraestructura pública en una ciudad que aspiraba a crecer.

El fideicomiso se mantuvo hasta comienzos de la década de 1960, cuando las Empresas Municipales pasaron a convertirse en una entidad municipal de carácter público.nLa transición modificó su estructura administrativa y su relación con el gobierno local. Para Ramos Gómez, el cambio institucional abrió una etapa distinta en la historia de la empresa.

Su testimonio también expresa una crítica a la posterior politización de los servicios públicos y a las dificultades que, a su juicio, afectaron el desempeño de EMCALI. Se trata de una valoración histórica del entrevistado que invita a examinar la relación entre autonomía administrativa, dirección técnica y responsabilidad pública.

La protección de las cuencas: conservar el agua antes de que falte

Uno de los aportes más importantes del relato de Ramos Gómez es la relación que establece entre el abastecimiento de agua y la conservación ambiental. Su padre participó en la Junta Proaguas, organización que promovía la protección y reforestación de las cuencas hidrográficas de Cali. La preocupación surgió de una realidad concreta: las crecientes de los ríos durante los inviernos y la disminución de los caudales en los períodos secos.

La montaña, explica Ramos Gómez, funciona como una reserva natural que regula la disponibilidad del agua. Cuando se pierde la cobertura vegetal, disminuye la capacidad de retención y regulación hídrica, con consecuencias para las poblaciones situadas aguas abajo.

La respuesta institucional incluyó programas de reforestación, la creación de la figura del inspector de bosques y medidas para asegurar la propiedad de terrenos en las cuencas.

Según el entrevistado, leyes promovidas por Joaquín Borrero Sinisterra permitieron adjudicar a las Empresas Municipales terrenos baldíos en las cuencas del río Cali. A ello se sumaron compras de otras propiedades, con el propósito de fortalecer la protección de las fuentes de abastecimiento.

Ramos Gómez atribuye a estas actuaciones una contribución importante a la regulación del río Cali. La experiencia demuestra que la seguridad exige proteger los ecosistemas que hacen posible la disponibilidad del recurso.

Esta visión ambiental, promovida desde las primeras décadas del siglo XX, constituye uno de los elementos más relevantes de la memoria histórica del acueducto.

El crecimiento de Cali exigió nuevas plantas

El desarrollo urbano terminó por superar la capacidad de abastecimiento que podía ofrecer San Antonio. La expansión de los barrios y el incremento de la demanda hicieron necesario estudiar nuevas alternativas.

Durante la gerencia de Ramos Gómez, entre 1955 y 1959, según la cronología que se reconstruye en la entrevista, avanzaron proyectos destinados a ampliar el suministro.

Entre ellos se encontraba la ampliación de San Antonio y el desarrollo de la planta de tratamiento del río Cauca. El proyecto del río Cauca incorporó nuevas instalaciones y redes de conducción para llevar el agua hacia sectores que ya no podían depender exclusivamente del sistema tradicional.

La entrevista también menciona la intervención de la firma francesa Degrémont en el desarrollo de estas obras.

Posteriormente, la ampliación de San Antonio y las nuevas etapas del sistema del río Cauca permitieron fortalecer la capacidad de abastecimiento de la ciudad.

La evolución del acueducto muestra cómo cada generación de infraestructura respondió a una necesidad distinta: primero, superar las limitaciones de las pilas públicas; después, ampliar la cobertura mediante redes; finalmente, incorporar nuevas fuentes y plantas para atender una ciudad en expansión.

Una lección histórica para el futuro

La historia de San Antonio fue resultado de decisiones técnicas, financiación, acuerdos institucionales y liderazgo cívico. El testimonio de Nicolás Ramos Gómez rescata el papel de figuras como Joaquín Borrero Sinisterra y Nicolás Ramos Hidalgo, así como el de quienes impulsaron proyectos de infraestructura y conservación ambiental.

También plantea interrogantes sobre el rumbo posterior de las Empresas Municipales, la continuidad de las políticas públicas y la capacidad del Valle del Cauca para construir una visión compartida de desarrollo.

En el tramo final de la entrevista, Ramos Gómez insiste en la necesidad de recuperar el liderazgo regional y la cooperación entre los sectores público, empresarial y cívico. Su reflexión trasciende la historia del agua: se refiere a la capacidad de una sociedad para organizarse, preservar sus instituciones y ejecutar proyectos de largo plazo.

La planta de San Antonio representa, en ese sentido, una herencia que merece ser estudiada y conservada. Fue una obra de ingeniería, pero también una decisión colectiva sobre el futuro de Cali.

Su historia recuerda que una ciudad necesita servicios públicos capaces de acompañar su crecimiento, instituciones que administren responsablemente sus recursos y una ciudadanía que comprenda el valor de su patrimonio.

El primer acueducto moderno de Cali fue parte esencial de esa transformación. Recuperar su historia es reconocer a quienes hicieron posible la ciudad contemporánea y, al mismo tiempo, preguntarse si las generaciones actuales están preparadas para asumir los retos del agua, la protección de las cuencas y la gestión de los servicios públicos.

 

Redacción