El POT es una herramienta de planificación que no se puede improvisar si realmente se quiere que el crecimiento y evolución de la ciudad en sus distintos sectores obedezca a un verdadero ordenamiento que promueva su desarrollo armónico y un funcionamiento que garantice una buena calidad de vida para sus habitantes.
Para iniciar un estudio serio y responsable del mismo es necesario contar con una serie de estudios anteriores sobre la disponibilidad de tierras para nuevos desarrollos habitacionales, demografía, disponibilidad de servicios de acueducto y alcantarillado, movilidad, zonas de reserva forestal de quebradas y ríos, parques y otras zonas recreativas, bienes y sectores patrimoniales y características de los suelos, este último de máxima importancia si se van a proponer desarrollos en altura teniendo en cuenta el terremoto que acaba de sufrir la ciudad. Igual tener claridad sobre el aspecto general de la ciudad: el diseño de sus calles, arborización, andenes y antejardines que sistemáticamente se han venido convirtiendo en parqueaderos, cambiando por completo el antiguo entorno de las calles y hoy son lugares sin ninguna armonía, todo lo contrario, en un total desorden.
Sin esos estudios serios y cuidadosos, el nuevo POT será no un canto a la bandera sino un monumento al crecimiento desordenado de la ciudad, ayudado por las llamadas curadurías urbanas, que antes que resolver el problema del crecimiento regulado de la ciudad han contribuido, por su falta de control, a incrementar el caos. Son un negocio, no un compromiso en cuidar el orden en la ciudad. Una licencia de construcción en una ciudad europea no se consigue en pocos días como en Santiago de Cali, toma meses y aún años. No son monumentos al desorden, son lo contrario y por ello tantos viajamos a conocer su orden y belleza.
Cambiemos para hacer las cosas bien cumpliendo las normas o seguiremos por siempre en el subdesarrollo e incrementando el desorden en la ciudad.
Que el nombre de Plan de Ordenamiento Territorial no nos quede grande.