La campaña presidencial de Abelardo de la Espriella se apoyó en una estructura digital que articuló comité por firmas, red territorial, mensajería, plataforma web, cuentas oficiales y una base de simpatizantes activada con instrucciones concretas.
El foco de esta estructura estuvo en coordinar tareas, distribuir mensajes, convocar actividades y sostener comunicación permanente entre la dirección nacional y los distintos niveles del movimiento.

Arquitectura organizativa

El andamiaje político que acompañó la candidatura operó en varios niveles conectados entre sí. En la parte superior estuvo la dirección nacional de campaña, encargada de definir mensajes, prioridades temáticas, cronogramas y respuestas frente a coyunturas públicas o judiciales.
Por debajo funcionaron coordinaciones nacionales de comunicación, contenidos digitales, operación territorial y trabajo electoral. Estas áreas producían piezas, ordenaban bases de datos, monitoreaban conversación y trasladaban instrucciones a los equipos regionales.

En el siguiente nivel estaban los coordinadores departamentales y municipales. Su tarea consistía en adaptar las directrices nacionales a contextos locales, administrar grupos de mensajería, organizar reuniones, coordinar asistencia a eventos y enviar reportes desde cada territorio.
A esta estructura se sumaban nodos sectoriales vinculados a jóvenes, iglesias, empresarios y otros públicos específicos, que recibían líneas de comunicación ajustadas a sus audiencias.

La articulación con Salvación Nacional se dio en el plano institucional. Defensores de la Patria aportó la red ciudadana, el registro de simpatizantes y la infraestructura digital, mientras Salvación Nacional aportó personería jurídica, listas legislativas y experiencia electoral.
Esa convergencia permitió conectar una organización construida desde firmas y redes con una estructura partidista con presencia política acumulada.

Defensores de la Patria como plataforma organizativa

Defensores de la Patria no operó solo como nombre del comité de firmas. También funcionó como una plataforma de organización y contacto con simpatizantes.
En octubre de 2024, antes de la inscripción formal de la candidatura, el movimiento realizó un evento digital inaugural con 5.000 asistentes conectados y reportó más de 50.000 personas registradas en su portal.

Ese dato permite ubicar una fase previa de organización digital antes de la recolección masiva de firmas. El registro a través de la plataforma permitía identificar simpatizantes, mantenerlos informados y preparar futuras convocatorias.
Cuando el comité se inscribió oficialmente el 16 de julio de 2025, esa base ya ofrecía una primera red de contactos sobre la cual se podía ampliar la estructura.

La operación de firmas como mecanismo de organización

La recolección de firmas fue la primera prueba masiva de esa estructura. El umbral legal para inscribir una candidatura presidencial por grupos significativos de ciudadanos era de aproximadamente 635.000 firmas válidas.
En noviembre de 2025, la campaña presentó 2.850.321 firmas en el Movistar Arena, en un evento con más de 17.000 asistentes.

Pocas semanas después, en diciembre de 2025, la campaña anunció la entrega oficial de 4,7 millones de firmas ante la Registraduría. Otras cifras reportadas en piezas públicas del mismo proceso hablaron de 4.780.000 y de 4.869.407 apoyos.
Cualquiera de esas cifras se sitúa muy por encima del mínimo legal y muestra una operación de alcance nacional. En términos proporcionales, el volumen entregado equivalía a entre 7 y 7,6 veces el umbral exigido.

El valor organizativo de esta operación fue doble. Por un lado, habilitó jurídicamente la candidatura. Por otro, permitió construir una base de datos de ciudadanos identificados por nombre, territorio y disposición de apoyo.
Cada formulario diligenciado representó un nuevo punto de contacto y una posibilidad de activación posterior mediante mensajes, convocatorias o tareas de campaña.

Canales y flujos de comunicación

La estructura utilizó tres canales principales: portal propio, mensajería instantánea y redes sociales públicas. El portal defensoresdelapatria.com funcionó como punto de entrada para noticias, formularios, piezas descargables y llamados a la acción.
En la recta final de la campaña también sirvió para concentrar materiales de propaganda listos para su uso por parte de simpatizantes y voluntarios.

La red de mensajería, con WhatsApp como eje, fue el canal operativo más importante. A través de ella se transmitían instrucciones desde la dirección nacional hasta coordinadores departamentales, grupos municipales y simpatizantes.
El flujo era descendente en la emisión de órdenes, pero también ascendente en el envío de reportes: fotografías, videos, conteos de asistencia, novedades locales y respuestas frente a problemas logísticos o políticos.

Las redes públicas complementaban ese sistema. La cuenta oficial de Defensores de la Patria en Instagram registraba alrededor de 256.000 seguidores y más de 1.800 publicaciones a mitad de 2026.
Junto a la cuenta personal de Abelardo y otras cuentas asociadas al movimiento, estas plataformas servían para difundir videos, arengas, convocatorias, materiales simbólicos y respuestas a la coyuntura.

WhatsApp como herramienta de coordinación práctica

En lugar de centrarse en cálculos teóricos, la campaña usó la red de mensajería como herramienta práctica para tres tipos de tareas: comunicación interna, logística de eventos y reacción a coyunturas.

En comunicación interna, los grupos servían para distribuir calendarios, líneas de mensaje, piezas listas para reenviar y recordatorios de acciones específicas (por ejemplo, cambios de foto de perfil, participación en encuestas o difusión de un video concreto).
Esta información circulaba acompañada de orientaciones breves sobre cómo responder a temas polémicos o preguntas frecuentes de los ciudadanos.

En logística de eventos, los grupos se utilizaban para confirmar asistencia, organizar transporte, coordinar puntos de encuentro y dar indicaciones de último minuto sobre horarios, rutas o accesos.
Las fotos y videos que enviaban los asistentes durante y después de cada acto permitían a la dirección medir la respuesta en cada ciudad y ajustar futuras convocatorias.

En reacción a coyunturas, la red permitía emitir rápidamente instrucciones frente a noticias de alto impacto, como decisiones judiciales, denuncias o episodios de confrontación política.
En estos casos, los mensajes incluían recomendaciones concretas sobre qué contenido compartir, qué consignas usar y cómo interpretar públicamente los hechos.

Conversión del simpatizante en activista digital

La estructura no trató a los seguidores como público pasivo. La campaña promovió una lógica de participación activa mediante tareas concretas.
Ese enfoque se expresó en piezas como el kit “Firme por la Patria”, presentado como instrumento para participar en la campaña mediante acciones simples y repetibles.

Entre las actividades promovidas estaban compartir videos y piezas gráficas, difundir consignas y hashtags, actualizar fotografías de perfil, participar en encuestas digitales, incorporar nuevos simpatizantes, asistir a eventos territoriales, reportar actividades de campaña y monitorear conversaciones en redes.
Este esquema responde a una lógica de crecimiento en red: el simpatizante no solo recibe un mensaje, también lo redistribuye y produce evidencia de su circulación.

En la recta final hacia la segunda vuelta se difundieron instrucciones todavía más concretas. A “Defensores de la Patria de todas las edades” se les pidió cambiar la foto de perfil de WhatsApp por la imagen oficial del Tigre, compartir contenidos con sus contactos, usar la camiseta de la Selección Colombia y hacer sonar la canción del Tigre en casas y vehículos.
El mensaje remitía a un enlace desde el cual podían descargarse la imagen, la canción y más piezas de campaña.

Movilización territorial y eventos de campaña

La red digital sirvió para convertir apoyos en asistencia física a eventos. El acto del Movistar Arena del 4 de noviembre de 2025, con 2.850.321 firmas presentadas y más de 17.000 asistentes, es uno de los ejemplos más visibles.
La convocatoria se apoyó en anuncios públicos, mensajes segmentados y coordinación territorial para trasladar simpatizantes desde diferentes zonas.

Ese mismo esquema se reprodujo en marchas, concentraciones y actos regionales. Cuando se convocó a movilizaciones como la marcha del 10 de agosto de 2025 en respaldo a Álvaro Uribe, la red de Defensores de la Patria utilizó sus canales para fijar hora, lugar, mensaje político y sentido de la presencia en la calle.
La campaña integró así actividades propias de la elección presidencial con otras movilizaciones que reforzaban identidad y disciplina entre simpatizantes.

Cada evento físico producía además material digital reutilizable. Fotografías, clips, discursos breves, transmisiones y videos cortos se redistribuían después en redes y grupos de mensajería.
De este modo, una actividad presencial no terminaba cuando concluía el acto. Sus piezas seguían circulando y alimentando el ecosistema digital del movimiento.

Símbolos y disciplina de mensaje

La organización digital se apoyó en un conjunto limitado de símbolos y consignas: el Tigre, “Firme por la Patria”, “Firmes por la Patria” y el nombre Defensores de la Patria.
El uso repetido de estos signos redujo dispersión en el mensaje y facilitó la identificación inmediata de piezas, publicaciones y actos ligados al candidato.

El Tigre funcionó como imagen central. Su uso se extendió a perfiles de WhatsApp, piezas de propaganda, videos y la canción de campaña.
“Firme por la Patria” funcionó como lema y también como instrucción moral, al asociar apoyo al candidato con una idea de defensa nacional.

La importancia organizativa de estos símbolos se hizo evidente cuando el Tribunal Superior de Bogotá ordenó el 8 de junio de 2026 retirar propaganda con símbolos patrios y prohibió el uso de las expresiones “Firmes por la Patria” y “Defensores de la Patria” en piezas de campaña.
La decisión obligó a desmontar material, pero también activó una reacción coordinada en la red, que reinterpretó el fallo como ataque a los signos que habían dado cohesión al movimiento.

Integración con la logística electoral

La organización digital se conectó de manera directa con la logística electoral. Las bases de datos construidas en la campaña de firmas permitieron ubicar apoyos por región, planear recorridos, priorizar plazas y orientar esfuerzos de movilización.
La información recogida en registros y formularios sirvió para identificar dónde había mayor densidad de simpatizantes y dónde era necesario reforzar presencia.

Entre la primera y la segunda vuelta, la red digital permitió mantener comunicación diaria con la base, distribuir nuevas instrucciones, responder a noticias y sostener actividad constante sin depender únicamente de eventos presenciales.
En la práctica, esta estructura digital sirvió para mantener contacto frecuente con simpatizantes entre momentos de alta exposición mediática.

Cuando aparecieron controversias o decisiones judiciales, la difusión centralizada de instrucciones redujo el margen de respuestas contradictorias y facilitó que voceros y simpatizantes usaran argumentos similares frente a cada coyuntura.
La organización digital de la campaña combinó dirección central, redes territoriales, mensajería, símbolos y contenidos multimedia para coordinar acciones en distintos niveles.
Este conjunto de canales e instrucciones permitió articular actividades de comunicación, convocatoria y vigilancia electoral en varias regiones del país.

Nicolás Patiño Collazos

Experto en diseño, desarrollo, implementación proyectos multimedia (Producción de contenidos digitales visuales, sonoros y comunicativos para múltiples plataformas)