El crecimiento electoral de Abelardo de la Espriella entre el anuncio de su aspiración y la primera vuelta presidencial de 2026 no puede explicarse por una sola causa. Intervinieron, al menos, cinco factores entrelazados: una base inicial amplia gracias a la recolección de firmas, un contexto político favorable a opciones de derecha, una arquitectura digital y organizativa ya consolidada, un sistema simbólico que facilitó identidad y disciplina y un uso intensivo de encuestas y mercados predictivos como señales de viabilidad.
Base inicial: las firmas como punto de partida
El primer factor fue el punto de partida. La campaña no entró a la competencia desde cifras marginales. Lo hizo con una base inicial validada por el proceso de firmas.
El 4 de diciembre de 2025, Abelardo entregó ante la Registraduría alrededor de 4,7 millones de firmas de respaldo a su candidatura, con cifras que en distintos registros se ubican entre 4,78 y 4,869 millones de apoyos.
El requisito legal rondaba las 635.000 firmas válidas. En términos cuantitativos, eso significa que el proyecto presentó entre 7 y 7,6 veces el mínimo exigido.
Más allá del número bruto, el efecto político fue claro: la candidatura se presentó desde temprano como una opción capaz de movilizar millones de apoyos verificados, no solo intención de voto declarada en encuestas.
Este volumen inicial de respaldos actuó como piso de legitimidad y como mensaje al sistema político. En la práctica, muchos actores interpretaron que Abelardo no era un aspirante testimonial, sino un competidor con base propia y capacidad de organización.
Esa percepción facilitó alianzas posteriores, acercamientos con estructuras regionales y disposición de actores de derecha a verlo como posible polo de agregación de fuerzas.
Contexto político y demanda por una opción de derecha dura
El segundo factor fue el contexto. La elección de 2026 se dio tras cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, con un ambiente marcado por polarización ideológica, debates sobre seguridad, desacuerdos con reformas y percepción de deterioro institucional en amplios sectores de la población. En ese escenario, se abrió espacio para una candidatura que ofreciera una agenda de “mano firme”, reducción del Estado y defensa de la libre empresa.
Abelardo se posicionó con un discurso explícito de endurecimiento en materia de seguridad y combate al crimen, con frases como “el criminal que no se someta será dado de baja” y propuestas de reinicio de bombardeos contra campamentos de grupos armados ilegales.
Esa narrativa conectó con votantes que demandaban respuestas más drásticas frente a violencia, narcotráfico y extorsión, y que se sentían distantes tanto del gobierno como de algunos sectores de oposición considerados moderados.
En paralelo, sectores de derecha y de centro‑derecha venían fragmentados entre diferentes figuras. La existencia de un movimiento por firmas con millones de apoyos, una identidad simbólica fuerte y encuestas que lo mostraban en posición competitiva facilitó el tránsito de apoyos desde otros liderazgos hacia Abelardo, especialmente después de la primera vuelta.
El crecimiento electoral se vio así alimentado por una combinación de malestar con el gobierno, cansancio con el sistema de partidos y búsqueda de una figura que concentrara un proyecto de derecha dura.
Arquitectura organizativa y digital ya ensamblada
El tercer factor fue disponer de una arquitectura organizativa y digital ya ensamblada cuando comenzó la competencia formal. La campaña no partió de improvisaciones. Se apoyó en la estructura descrita en los artículos 1 y 4: firma jurídica, portafolio empresarial, Defensores de la Patria como movimiento por firmas, portal propio, red de mensajería y cuentas oficiales con audiencias construidas durante años.
Esta infraestructura permitió una transición rápida entre etapas: del anuncio del comité de firmas en julio de 2025, a la fase de recolección masiva, a la inscripción formal de la candidatura y luego a la campaña entre primera y segunda vuelta.
La existencia de bases de datos de simpatizantes por región, grupos de mensajería con coordinación por niveles y un portal preparado para distribuir contenidos hizo posible que cada nueva fase se montara sobre un soporte ya probado.
En términos de crecimiento electoral, esta estructura facilitó tres cosas: mantener contacto constante con simpatizantes, movilizar personas hacia eventos y traducir apoyos iniciales en participación efectiva en la jornada electoral.
Simbología, identidad y disciplina de mensaje
El cuarto factor fue la eficacia del sistema simbólico. El apodo “El Tigre”, el lema “Firme por la Patria” y el nombre Defensores de la Patria se consolidaron como ejes de identidad. Estos elementos permitieron que los mensajes de campaña fueran fácilmente reconocibles y replicables por la base, sin necesidad de elaborar argumentaciones complejas en cada interacción.
La canción del Tigre, el uso recurrente de la bandera, la camiseta de la Selección Colombia y las instrucciones para cambiar la foto de perfil en WhatsApp y otras redes dieron forma a un lenguaje común.
Ese lenguaje hizo que la campaña operara con un repertorio simbólico compacto, que el electorado identificaba rápidamente en plazas, redes y medios.
Esta disciplina de mensaje ayudó al crecimiento electoral por dos vías. Por un lado, facilitó el reconocimiento y la recordación en un escenario con varios candidatos y múltiples campañas.
Por otro, permitió articular una narrativa donde apoyar a Abelardo equivalía a “defender la patria”, lo que dio un contenido moral al acto de voto y reforzó la cohesión de la base.
Encuestras, mercados predictivos y percepción de viabilidad
El quinto factor fue el uso, directo e indirecto, de encuestas y mercados predictivos como señales públicas del crecimiento. La trayectoria de mediciones y pronósticos ayudó a instalar la idea de que la candidatura estaba en ascenso y podía ganar.
En la primera vuelta presidencial, celebrada el 31 de mayo de 2026, Abelardo obtuvo alrededor del 43,7% de los votos, mientras que Iván Cepeda se ubicó cerca del 41%, con ligera variación según las fuentes.
Estos resultados confirmaron que la aspiración, que había comenzado por firmas, se había convertido en una de las dos fuerzas centrales de la contienda.
Antes y después de la primera vuelta, varias encuestas mostraron una trayectoria de crecimiento o consolidación. Una medición de Atlas Intel de segunda vuelta situó a Abelardo en 50,3% frente a 42,6% para Cepeda.
Otras mediciones lo ubicaron alrededor de 52,6% en diferentes momentos, con ligeras variaciones según la ficha técnica y el periodo de campo.
En paralelo, los mercados predictivos reaccionaron a esa información. Plataformas como Polymarket llegaron a asignar a Abelardo probabilidades de victoria del orden del 84% al 88% en días previos al 21 de junio de 2026.
En algunas descripciones se señala que la probabilidad cruzó primero el umbral del 53%, luego del 70% y, finalmente, alcanzó cifras cercanas al 90% según la evolución de las encuestas y del comportamiento de los participantes en estos mercados.
Desde la teoría de campañas, este tipo de señales puede alimentar un efecto de voto útil y de adhesión al favorito (efecto bandwagon). Cuando una parte del electorado percibe que una candidatura tiene más opciones de ganar, reduce su disposición a apoyar alternativas percibidas como débiles y se inclina por la opción con mayor probabilidad de éxito.
En el caso de Abelardo, la combinación entre resultados de primera vuelta, mediciones de segunda y probabilidades de mercados contribuyó a instalar la idea de que su victoria era probable, lo que facilitó la transferencia de apoyos desde otros sectores de derecha y de centro.
Transferencia de apoyos y voto útil
Un sexto factor, relacionado con los anteriores, fue la dinámica de transferencia de apoyos después de la primera vuelta. Los resultados dejaron por fuera de la contienda a otras candidaturas de derecha y centro‑derecha, cuyos votantes debían elegir entre Cepeda y Abelardo en la segunda vuelta.
La narrativa de viabilidad, reforzada por encuestas y mercados, inclinó parte de esos apoyos hacia Abelardo como vehículo principal para frenar la continuidad del proyecto de gobierno asociado al petrismo.
En la práctica, el crecimiento electoral en esa fase dependió de tres decisiones:
- el nivel de disciplina de los votantes de derecha para seguir directrices de líderes y partidos
- la capacidad de la campaña de Abelardo para presentarse como opción aglutinadora,
- la disposición de votantes de centro a priorizar el freno a Cepeda sobre afinidades programáticas específicas.
Los datos disponibles muestran que las encuestas finales ya anticipaban un escenario de ventaja para Abelardo en segunda vuelta, con diferencias entre 2 y 7 puntos según la medición.
En ese marco, la arquitectura digital y organizativa permitía hacer llegar rápidamente mensajes de invitación al voto útil y argumentos dirigidos a públicos que habían apoyado a otras candidaturas en primera vuelta.
Relación entre estructura, señales y resultados
Los factores anteriores no actúan de manera aislada. Se refuerzan. La base inicial de firmas dio volumen y legitimidad temprana. El contexto político generó demanda por un proyecto de derecha dura. La arquitectura digital permitió organizar y movilizar ese potencial. La simbología ordenó el mensaje. Las encuestas y los mercados instalaron la percepción de viabilidad. El crecimiento electoral de Abelardo de la Espriella se explica, en buena medida, por esa combinación de estructura previa, contexto favorable y señales públicas de ascenso.