La violencia en la política se convirtió en una constante en nuestro país, en la medida en que se incrementan con mayor fuerza las contradicciones de clase y se acentúan los conflictos sociales entre los diferentes grupos políticos que entran en confrontación en la lucha competitiva por el poder.

Así las cosas, aquellos grupos políticos que se encuentran al frente del poder del Estado casi siempre utilizan la coerción para hacer valer sus políticas, en tanto que sus opositores se valen de todo tipo de recursos para acceder al mismo, utilizando en muchos casos la violencia como un fin en sí mismo.

Esta circunstancia se presenta particularmente en tiempos de elecciones, en que supuestamente el proceso electoral debe transcurrir en paz pero que resulta ser lo contrario particularmente en las condiciones de nuestro país, en donde esta tiende a extenderse e intensificarse como consecuencia de la polarización política existente entre los grupos políticos: aquellos que enarbolan las banderas del petrismo y los que levantan las del antipetrismo, generándose un ambiente de violencia política, que no se limita al uso de un lenguaje procaz y de confrontación, sino de la realización incluso de actos de violencia física y verbal, que son canalizados a través de algunos medios de comunicación y de las denominadas redes sociales.

Ahora bien, está claro que el ejercicio de la política en medio de un ambiente de paz no depende de la voluntad ni de los deseos de sus dirigentes, más en un país como Colombia atravesado por varias formas de violencia en el territorio.

La posibilidad de que el ejercicio de la política no esté necesariamente unido a la violencia, solo será posible sobre la base de construir determinadas condiciones materiales y espirituales. En tanto, que las fuerzas democráticas y progresistas deben denunciar a los partidarios y voceros de la violencia en la política que buscan aprovecharse de las condiciones para oponerse al ejercicio de la política en paz, lo que no implica por supuesto, la existencia de contradicciones de carácter ideológico en cabeza de uno u otro de los grupos políticos.

En fin de cuentas, de lo que se trata es de evitar que cunda el odio, la venganza y la violencia contrarios a la convivencia política, que no deja de generar y de convertirse en una tragedia que impida la posibilidad de transitar por los caminos de la paz con una amplia democracia, progreso y bienestar general.

Desde este espacio consideramos que ha llegado el momento para que los grupos que apoyan al candidato del gobierno del Presidente Petro, como a los grupos políticos que apoyan a otros candidatos y candidatas, reflexionen sobre el hecho de considerar la violencia en la política como un fin en sí mismo, entendiendo aquello de que el que no tiene en cuenta la historia, en este caso de violencia en la política, está condenado a repetirla con todos sus errores y consecuencias negativas, pudiéndose evitar en un todo en provecho del buen suceso de la paz.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social