La jornada de bloqueos vivida en Cali el jueves 21 de mayo deja una profunda reflexión constitucional, legal y política sobre el modelo de ciudad, el transporte público y la autoridad democrática. Lo ocurrido no puede analizarse únicamente como un conflicto gremial; se trata de una tensión estructural entre derechos fundamentales, gobernabilidad urbana y más de 2 décadas de malas decisiones públicas alrededor del sistema masivo MÍO.

Desde la perspectiva constitucional, el alcalde Alejandro Eder actuó dentro de las competencias que le otorgan la Constitución y la ley como primera autoridad de policía del Distrito. El artículo 315 de la Constitución Política le impone conservar el orden público, proteger los derechos ciudadanos y garantizar la movilidad. Su decisión de privilegiar el diálogo, informar permanentemente a la ciudadanía y recuperar las vías sin escalamiento violento representa una actuación compatible con el principio de proporcionalidad y con la jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre protesta social.

Limite constitucional de la protesta y el derecho a la ciudad

Sin embargo, también es claro que el derecho a la protesta, protegido por el artículo 37 de la Constitución, no es absoluto. Cuando las manifestaciones derivan en bloqueos que paralizan entradas y salidas de una ciudad, afectan aeropuerto, impiden citas médicas, acceso al trabajo, educación y libre circulación, se entra en colisión con otros derechos fundamentales. La Corte Constitucional ha reiterado que las vías de hecho no pueden convertirse en mecanismo permanente de presión sobre el Estado ni en instrumento para someter a millones de ciudadanos.

Cali vivió precisamente esa tensión: ciudadanos atrapados, pérdidas económicas, afectaciones médicas y una ciudad parcialmente aislada. Allí aparece el concepto moderno del “derecho a la ciudad”, entendido como el derecho colectivo de los habitantes a disfrutar servicios públicos eficientes, movilidad segura y funcionamiento institucional continuo.

La herencia histórica de la crisis del MÍO

Pero una valoración imparcial obliga a reconocer el trasfondo histórico. El sistema MÍO nació en 2004 bajo decisiones técnicas, financieras y contractuales cuestionadasy rastreras contractualmente con operadores de buses y del sistema inteligente SIUR.. Durante más de dos décadas, sucesivas alcaldes y Metro Cali.  No han lograron corregir un modelo operacional deficitario, dependiente del subsidio público y con profundas fallas de cobertura y sostenibilidad. La crisis actual no nació con Alejandro Eder; es la acumulación de errores administrativos, debilidad institucional y ausencia de reformas estructurales, pero su presidente de Metrocali, está embebido en años de un sistema fallido.

Recordar que el transporte tradicional ha incendiado a la ciudad y con muertos , también lo cierto, ha cumplido funciones que el sistema masivo no logró cubrir durante años, como en este 2026. Por ello, el conflicto no puede reducirse a una confrontación entre “legalidad” e “ilegalidad”, sino a una discusión sobre empleo, movilidad, monopolios operacionales, supervivencia económica de miles de familias, hechos ilegales y origen del problema.

Las vías de hecho y el desgaste institucional

No obstante, la historia de Cali demuestra que los bloqueos reiterados terminan deteriorando la legitimidad de las mismas causas sociales, donde han perdido todos. La ciudad ya ha sufrido episodios traumáticos de violencia, pérdidas humanas y millonarios rescates financieros asociados al transporte público. Repetir las vías de hecho revive un modelo de presión que institucionalmente resulta peligroso.

El precedente histórico demuestra que cuando la ciudad entra en estado de parálisis, los mayores afectados terminan siendo los ciudadanos comunes: trabajadores, estudiantes, enfermos, pequeños comerciantes y millones de personas que dependen diariamente de la movilidad urbana.

Liderazgo de Alejandro Eder y ausencia de dialogo en mayores problemas

El alcalde Eder mostró ayer liderazgo al asumir personalmente la crisis, abrir mesas de concertación y evitar una confrontación mayor. Jurídicamente, acertó al proteger simultáneamente el orden público y el diálogo social. La gratuidad temporal del sistema MÍO también fue una respuesta administrativa orientada a mitigar el impacto social de la emergencia.

Pero la ciudadanía también tiene razón al exigir dialogo en problemas mas graves. Una democracia local sólida requiere escuchar no solo a quienes bloquean, sino también a quienes reclaman soluciones sobre quiebra fiscal, de Cali, la estafa de la valorización,  megaobras inconclusas, excesivas invasiones  en todos los puntos cardinales, pésima educación pública y gran deterioro social, informalidad y habitantes de calle..

Lección constitucional: Ni bloqueos ni ignorar al que critica con razón.

La gran lección constitucional de esta crisis es clara: una ciudad no puede gobernarse bajo la presión permanente de los bloqueos, pero tampoco puede sostenerse ignorando durante años los problemas estructurales que terminan explotando en las calles. Para ello, el punto de partida es reforzar el gabinete, con experiencia y autoridad conceptual.

Cali necesita recuperar la autoridad institucional, pero también reconstruir la confianza pública. Sin reformas profundas al modelo de infraestructura y movilidad, transparencia en el manejo de los recursos públicos y apertura real al diálogo ciudadano, las crisis seguirán repitiéndose. Y cada nueva parálisis seguirá debilitando el derecho más importante de toda ciudad democrática: el derecho de sus ciudadanos a vivir, trabajar y movilizarse en paz.

Y reiteramos, otro estallido, se siente, hay que mejorar calificación en la aceptación ciudadana del alcalde, el gobierno y el Concejo.

Ramiro Varela Marmolejo