Nuca me pasó por la mente en tantos años de fiesta democrática que, podía llegar el momento de depurar el espectro político colombiano, después de llevar 20 años estresándonos, unos en defender a Uribe y otros a Petro, llegó el momento de jubilarlos agradeciéndoles por el servicio prestado y enviándolos a uso de buen retiro como consejeros espirituales.
El país liberado de la disputa estéril y conflictiva de la defensa de personas o de simbologías o ideologías, puede ocuparse de pensar en la revolución que, lo lleve al desarrollo similar a los países asiáticos, escandinavos o de centro América como el salvador y Costa Rica.
Por fortuna, cuando la patria se encuentra en los momentos más oscuros de vida republicana, cuando la esperanza se desvanece en los laureles y el ciudadano de buenos modales, ve con preocupación su supervivencia, nace como el ave fénix un nuevo defensor de la patria, Abelardo de la Espriella.
Las virtudes de Abelardo, más allá de su inteligencia, su capacidad y forma de gerenciar proyectos y llevarlos exitosamente. Es un señor de toma de decisiones, con autoridad, autentico que, quiere llegar al solio de Bolivar con independencia total.
Esas cualidades, independiente de algunos defectos, virtud de los seres humanos, nos permitirán encender la revolución en todos los frentes, para consolidar la patria milagro.
El estado colombiano no necesita más normas, por el contrario, requiere derogar muchas leyes, decretos y simplificar regulaciones. Para cambiar el rumbo, se requiere gerencia publica, micro gerencia, determinación y ardentía para enfocar a la nación en lo fundamental.
Determinación para gobernar sin los políticos de siempre, sin los corruptos, sin los burócratas, sin los delincuentes y sin los que siempre han vivido de la teta del estado por clientelismo y nepotismo.
Ardentía y autoridad para evitar el robo de $ 100 billones por corrupción en la contratación estatal en todos sus niveles, perseguir el dinero mal habido y quitárselo a los bandidos.
Autoridad y valor para desmontar exenciones tributarias que le cuestan al estado $ 130 billones, eliminando tarifas diferenciadas, exenciones a bienes excluidos y exentos, rentas exentas, a través de reforma legal y regulación de la DIAN que, modifiquen la concepción de un estatuto tributario complejo a un estatuto simple.
Coraje para eliminar las contralorías territoriales, sin afectar a los trabajadores de carrera que, pasarían a depender de la Contraloría general de la república o de un tribunal de cuentas.
Sabiduría para hacer de la justicia una revolución social, fortaleciendo a la fiscalía y a la justicia con más talento humano, para que haya justicia oportuna. Fusionando la Procuraduría General de la Nación con la Fiscalía y el personal de carrera distribuirlo entre la fiscalía y los juzgados. Las faltas disciplinarias quedarían en cabeza del control disciplinario interno, el cual se fortalecería eliminando las oficinas de control interno.
Valentía para hacer recorte burocrático territorial pasando de 32 gobernaciones a las cinco regiones naturales que tiene el país, eliminando la colisión de funciones entre los gobernadores y los alcaldes, los trabajadores de carrera que salgan por simplificación de funciones fortalecerían las funciones administrativas locales.
De la misma manera recorte burocrático ministerial, de institutos y departamentos administrativos.
Determinación para acabar con las ordenes por prestación de servicios, para quitarles la extorsión a los políticos y en los casos necesarios darle estabilidad a los extorsionados y prohibir esta clase de contratación laboral.
Tomar estas decisiones y culminar el proceso exitosamente le devolverían a la nación más de $ 200 billones.
La profundidad de la revolución propuesta necesita de un presidente que llegue con el apoyo del pueblo, sin deuda con la clase política tradicional, sin simpatía con los delincuentes y con los corruptos, sobre todo sin compromiso con los gremios económicos. Un presidente independiente del régimen político y económico, un presidente ajeno al establecimiento y a la aristocracia bogotana.
Un presidente con fervor popular, producto del acompañamiento masivo de los que nunca han tenido el poder, de los que lo tuvieron y lo hicieron bien, de los que nunca han votado, de la clase media emprendedora y de la clase baja resiliente y trabajadora, de todo el sector informal y fundamental de la provincia y de los territorios.
Si, le ponemos la raya al tigre el 31 de mayo entrante, proscribimos la discusión eterna y vicentina entre Uribe y Petro, inyectamos al presupuesto nacional $ 200 billones, recursos suficientes para subir el auxilio a los viejos a $ 400.000, resolver el faltante de dinero en la salud para que lleguen los medicamentos, poner en marcha la cobertura universitaria con la educación por internet y comprar la tecnología de punta para tener seguridad física y ganarle la batalla a los violentos y a los corruptos….tendremos la PATRIA MILAGRO!
