No estoy escribiendo nada novedoso, porque siempre estamos lamentándonos del estado en que se encuentra el país, que robos, que inseguridad, desanimo social total, pero nadie con liderazgo nacional hace algo trascendente nos quedamos en el lamento – simple declaración –somos inútiles para gerenciar un verdadero cambio en todo, que se sienta que el pasado oscuro, tenebroso e incierto es ya un recuerdo para borrar por siempre y que ese cambio lo motivó la ciudadanía.
Y como no existe y ni llegará Superman, debemos todos los ciudadanos animarnos e iniciar en las redes una propuesta decente y democrática, totalmente alejada de nombres y partidos e incluso trazando nuevas normas capaces de hacernos salir de esta inercia colectiva, donde por fin surja una ética cívica que sepulte la apatía el conformismo o como decimos en el Valle: que entierre el “importaculismo” que cada día nos hace más mediocres como sociedad.
Para ello debemos recordar y usar tres artículos constitucionales:
1: dignidad humana, 2: solidaridad, 95: el deber de participar en la vida pública.
Estos tres artículos nos dicen que los ciudadanos no somos espectadores sino actores esenciales de la vida democrática y por tal estamos en el deber de ser protagonistas de nuestro destino social.
La sociedad debe comprender que la neutralidad ante el caos no es una posición inocua: estamos facilitando que el caos, la anarquía se arraigue y se vuelva irreversible.
PRIMER PASO: la pedagogía cívica tiene aquí un papel vital. Hay que explicar con urgencia, con claridad ética, que todos tenemos una cuota de poder y de responsabilidad, por pequeña que parezca, no nos amparemos en nuestra posición social, o económica, académica, o porque somos simples empleados sin poder de decisión. Todos tenemos una enorme energía moral que hoy desperdiciamos y estamos permitiendo que la democracia se marchite.
SEGUNDO PASO: demostremos que la decencia es una opción política viable, una forma de gestionar lo público basada en principios, no en cálculos egoístas. La ética republicana enseña que el bien común se construye a partir del officium, como servicio, como lo explicaban los romanos.
TERCER PASO: promovamos liderazgos compartidos, redes de ciudadanos éticos, servidores públicos ejemplares, comunidades organizadas que asuman pequeñas responsabilidades. Cuando el liderazgo se democratiza, el miedo a liderar se desvanece.
FINALMENTE: salgamos del diagnóstico, y nos empoderamos de la visión de futuro para presentar una propuesta decente no como un sacrificio, sino como la oportunidad de reconstruir una convivencia basada en la justicia, la confianza y la dignidad.
No esperemos a los partidos políticos, ni a Superman, nos toca como sociedad enfrentar el caos: recordando que la democracia es, sobre todo, una tarea compartida de obligatorio cumplimiento. Salgamos del confort las Generaciones Futuras nos los censuraran si continuamos petrificados – pusilanimes.
* Abogado especialista en derecho administrativo.