No se necesita ser un analista profundo de la realidad colombiana para afirmar que lo que estamos padeciendo es el fruto de nuestra propia mediocridad, no se salva nadie, unos porque votamos por unos dirigentes que les queda muy grande ese título, otros porque exponen la disculpa que no les interesa la política y dejan el camino libre a otros permitiendo la llegada de mediocres y bandidos y hoy ante ese despelote continuamos: callados, o tibios, o pensando en salir del país, ronda el pesimismo, cuando debiéramos estar RAZONANDO UN VERDADERO GIRO a favor del  estamento social y político para mejorar todos.

Es imperativo:

  • Que los lideres públicos, los políticos, los empresarios, la comunidad educativa, etc, no sean únicamente administradores de bienes públicos, o privados, deben ser permanentes pedagogos éticos, formadores del sentido de lo público, deben ser referentes morales que transmitan valores,
  • Y nosotros como ciudadanos de a pie, debemos cumplir con la ética en todos los campos de la vida en sociedad, no podremos decir que no contamos con argumentación legal para actuar, existen artículos constitucionales que exigen al ciudadano, al servidor público actuaciones honestas y cívicas, por ejemplo: 1, 2, 6, 90, 95, 209, que son plenos deberes y valores públicos,
  • Se hace esencial que cada ciudadano encarne, enseñe, defienda, el comportamiento ciudadano, esa pasividad casi cómplice facilita que el desgobierno reine de manera atrevida, delincuencial, en calles, en oficinas públicas,
  • Debemos exigirle a tanto candidato a elección que de verdad se comprometa con actos serios, relevantes y no se ampare en la misma “carreta repetitiva de cada cuatro años”,
  • Estamos en la obligación de preservar y exigir el respeto por la dignidad humana como centro de gravedad del orden constitucional.

Lo anterior no requiere que nos postulemos de candidatos, tampoco que tengamos la necesidad de gastar sumas de dinero, solo debemos dejar la irresponsabilidad ciudadana, volvámonos parte de la solución actuando con cultura ciudadana que obligue a los demás cambiar comportamientos, decisiones y procesos sociales e institucionales malsanos.

Trasmitamos conductas, valores, creemos hábitos ciudadanos, asumamos actos pedagógicos diarios actuando con transparencia, respetando la dignidad de los demás y sin tomar decisiones arbitrarias.

Lo anterior no es un capítulo de un Manual de Políticas Publicas, es simple pedagogía del comportamiento diario, o pedagogía de la acción, tampoco necesitamos ser docentes expertos en pedagogía ética solo con el buen ejemplo logramos superar este vacío y desorden que ya desespera y ha llegado hasta a elegir fulanos que no merecen un voto y generan pena nacional porque vulneran la dignidad personal y colectiva.

Para finalizar dejo las siguientes preguntas a responder antes del proceso electoral:

  1. ¿Es legal continuar con nuestra indiferencia publica?
  2. ¿Es ético no participar en la vida democrática?
  3. ¿Es justo pagarle con indiferencia a la patria que nos ha dado todo?
  4. ¿Podemos explicar nuestras decisiones públicamente?
  5. ¿Es normalizar la corrupción, el abuso, la injusticia?
  6. ¿Esta indiferencia erosiona la legitimidad del Estado y debilita el tejido social?
  7. ¿Es una total omisión de los deberes del articulo 95 C.P.?
Jorge Enrique González Rojas