La economía colombiana registró un crecimiento del 2,1 % en el segundo trimestre de 2025, según datos del DANE. Este incremento refleja una recuperación moderada en diferentes sectores productivos y ha sido impulsado principalmente por la actividad comercial, así como por la agricultura y ciertos segmentos del sector industrial.
Al analizar el primer semestre del año, se mantiene una tendencia positiva, aunque con variaciones sectoriales. En este periodo, la economía mostró señales de resiliencia frente a problemas internacionales, como la desaceleración económica global y la volatilidad en los precios de materias primas que impactan a Colombia como país exportador. Estos factores externos han limitado un crecimiento más acelerado, pero la estabilidad macroeconómica interna ha permitido mantener un ritmo moderado.
Proyectando hacia 2026, las expectativas apuntan a un crecimiento económico ligeramente superior al de 2025, con una proyección aproximada del 2,3 %. Este incremento sería resultado de una recuperación paulatina de la demanda interna y la mejora en las condiciones del comercio internacional, así como del fortalecimiento de la inversión pública y privada en infraestructura y sectores estratégicos. No obstante, persisten riesgos en el entorno externo, como tensiones geopolíticas y condiciones financieras globales restrictivas, que podrían afectar la dinámica económica.
Colombia, además, entra en este segundo semestre en una campaña electoral para la Presidencia de la República y la renovación del Congreso de manera acelerada, en un contexto de creciente polarización política. La tranquilidad del país también se ha visto afectada por la violencia y, recientemente, por el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, candidato presidencial.
Por otro lado, gracias a la labor de la Junta Directiva del Banco de la República, la inflación en Colombia se ha mantenido relativamente controlada en 2025, mejorando el poder adquisitivo y beneficiando el consumo privado. Sin embargo, la inflación global y los precios de la energía continúan siendo variables que generan incertidumbre en las expectativas económicas.
En términos de empleo, la tasa de desempleo ha mostrado una ligera reducción en comparación con 2024, con creación de empleo formal, aunque la informalidad sigue siendo un gran reto para la economía colombiana. No se ha logrado superar la vinculación laboral precaria, la tercerización y el trabajo informal, como las ventas ambulantes.
En comparación con años anteriores, se observa una economía que avanza con pasos pequeños. El PIB per cápita sigue siendo preocupante, inferior a 7.000 dólares. Los indicadores macroeconómicos son relativamente sólidos, pero persisten riesgos. Aunque el país ha demostrado capacidad para movilizar recursos financieros, tanto internos como externos, Colombia debe reducir sus vulnerabilidades estructurales y mejorar su productividad y competitividad.
El crecimiento del PIB cercano al 2,1 % en 2025 y el proyectado para 2026 del 2,3 % reflejan un avance positivo, pero, teniendo en cuenta el tamaño reducido de la economía colombiana en comparación con otros países, aún no nos insertamos en el mundo desarrollado. Se requieren reformas estructurales, mayor inversión y estabilidad macroeconómica para alcanzar un desarrollo más sostenible.