Ante tan brutal noticia, el país contuvo el aliento, luego, lo soltó entre sollozos, dolor, tristeza, rabia y promesas de justicia.  Miguel Uribe Turbay, falleció a la 1:56 de la madrugada del lunes 11 de agosto..!

El sábado 7 de junio de 2025, mientras pronunciaba un discurso en reunión de campaña en el parque El Golfito, barrio Modelia, localidad de  Fontibón, fue atacado con tres disparos, dos en la cabeza y uno en la pierna. El autor material un adolescente de 14 o 15 años, quien forma parte de una operación criminal coordinada. Los resultados médicos anunciaron un sangrado intracerebral y un estado crítico que nunca logró revertirse. Esta tragedia no solo corta una vida, fractura la confianza en el sistema y empobrece nuestra democracia con cada voz que cae silenciada.

Miguel, llevaba en su sangre la historia política de nuestro País, nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala, su abuela (fallecida hace 45 días) Nidia Quintero de Balcázar directora-fundadora de la caminata Solidaridad por Colombia, hijo de la periodista Diana Turbay. Él, como tantos, creció con la memoria de una madre asesinada en 1991 por el narcotráfico, durante una operación de rescate mal lograda. Esa ausencia lo marcó, lo impulsó a servir, convertirse en abogado, concejal de Bogotá, secretario de Gobierno, finalmente senador y precandidato presidencial por el partido de derecha Centro Democrático.

Colombia volvió a sentir el amargo eco de los años violentos, la incertidumbre, a revivir épocas sombrías y tenebrosas de nuestra historia. El asesinato de Miguel Uribe Turbay, no fue solo la pérdida de una vida valiosa, sino un estremecimiento profundo en la conciencia colectiva de Colombia. Su muerte, trajo de vuelta el recuerdo pavoroso de los años más oscuros del conflicto armado, cuando las ideas, la justicia y la esperanza eran silenciadas con balas, y no con argumentos.

Miguel, representaba una generación que aún creía en la posibilidad de una Colombia distinta, más justa, más humana, más democrática. Su asesinato fue un mensaje brutal, no solo a su familia y a sus cercanos, sino al país entero. Fue una advertencia de que aún existen fuerzas empeñadas en callar a quienes piensan distinto, a quienes no temen denunciar, construir, o sanar.

Con su muerte, Colombia volvió a mirar de frente esa sombra que nunca se ha ido del todo, la intolerancia política, el pensar distinto, la violencia como lenguaje, y el precio que pagan los que se atreven a soñar en voz alta. Fue un recordatorio doloroso de que la paz no es un estado alcanzado, sino un camino frágil que debemos proteger con coraje y memoria.

Pero también, en medio del luto, su asesinato encendió una chispa de conciencia, porque mientras haya quienes recuerden, denuncien y continúen el camino que él dejó abierto, su voz no será silenciada del todo. Miguel, como tantos otros, se convirtió en parte de esa herida que sangra, pero que también nos une y nos impulsa a no rendirnos. Entre las lágrimas y el dolor que unen, líderes políticos se pronunciaron. La senadora María Fernanda Cabal expresó su “profundo dolor” y elevó su corazón y oraciones por la familia Turbay. El expresidente Álvaro Uribe Vélez lo definió: “Mataron la esperanza. Que la lucha de Miguel sea luz que ilumine el camino correcto de Colombia”.

El mundo se pronunció ante el execrable crimen, llegaron manifestaciones de repudio, voces institucionales, incluso el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, exigieron justicia.

Miguel, nos deja demasiado pronto, pero su legado debe encender un cambio real. Honrar su memoria, es fortalecer la democracia, rechazar la violencia, cuidar de quienes asumen un rol público y preservar la pluralidad sin miedo.

El crimen que cobró su vida, no es solo un hecho aislado, sino un grito de alerta, la política en Colombia sigue enfrentando amenazas reales. ¿Se elegirá el camino de la impunidad o el de la justicia efectiva-selectiva? El curso político del país en los próximos meses dependerá tanto de la respuesta institucional como del comportamiento de los actores políticos y de la sociedad civil.

A María Claudia, esposa, madre, mujer valiente, a sus hijas y el pequeño Alejandro, mi respeto y admiración, solo quienes hemos sentido ese brutal e indescriptible dolor, podemos entender lo que se siente, en momentos donde el sufrimiento parece no tener consuelo, las palabras apenas alcanzan a tocar la profundidad de una pérdida tan brutalmente espantosa.  Mi solidaridad por la ausencia irreparable de Miguel, un esposo, un padre, un ser humano que entregó su corta vida a servir con principios, con coraje, y con una fe inquebrantable en la justicia.

Miguel no fue solo una víctima de la violencia que por tanto tiempo ha golpeado a nuestro país; fue también una voz que se alzó con firmeza, con humanidad, y con esperanza.

Miguel vive en ustedes, en quienes lo conocieron, y también en quienes, sin haberlo conocido, hoy lo recuerdan como un símbolo de valentía moral.

Que el dolor no borre su memoria. Que el amor que sembró en su familia, en su comunidad y en su país, les dé la fuerza para seguir adelante. Miguel no será olvidado, porque quienes viven con propósito y amor nunca mueren.

Me retumban una y otra vez, un aparte de las palabras del valiente y amoroso papá de Miguel expresadas en la Catedral Primada de Bogotá: “Millones de compatriotas tendremos que cargar con este profundo dolor por el resto de nuestras vidas, esta guerra tiene culpables y responsables, lo sabemos, no tenemos ninguna duda, de donde viene la violencia, no tenemos duda, de quien la promueve, no tenemos duda quien la permite, tenemos que plantar cara a esto y decir, no más, no más, no más” (sic).

Que este adiós no sea una letra más en una historia trágica, sino la chispa que nos impulse a proteger nuestras instituciones, a exigir una verdadera justicia, a cuidar nuestras voces y caminar juntos hacia un país más equitativo, unido y en paz.

Adiós Miguel, Adiós..! 

¿Por qué quienes asesinaron a Miguel Uribe Turbay consideraron necesario silenciar su voz, y qué representa esto sobre el poder transformador de las ideas y el compromiso con la verdad en contextos de violencia e injusticia?

Habrá que seguir con la lupa puesta…!

*Comunicadora Social – Periodista

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Emperatriz Giraldo S

Comunicadora y Periodista - [email protected]