LAS FUENTES
A pesar del gran acerbo prehispánico el encadenamiento de su ser cultural marca una fecha de ruptura: el 12 de Octubre de 1492. Y esta es la misma marca cronológica que parte en dos el análisis de todo el complejo cultural de América. Esa es la hora 0 del arte en América .
Eugenio Barney-Cabrera
Se puede afirmar que la arquitectura de la región tiene su inicio con la colonización española. Desde luego existieron asentamientos prehispánicos y las primeras edificaciones realizadas por los colonizadores en el siglo XVI y parte del XVII, debieron ser construidas siguiendo modelos y tipologías peninsulares pero incorporando materiales, formas y técnicas locales. En la vivienda rural de muchas regiones del país se puede ver como las tradiciones constructivas del período prehispánico, solamente afectaron los elementos disponibles para la construcción: maderas, paja, palma y similares. Sin embargo, el papel que jugarían estos elementos en la arquitectura posterior sería muy reducido por las limitaciones inherentes a su posible desarrollo, como se puede ver en las casas de hacienda cercanas a Cali.

Tras la observación del conjunto total de la arquitectura de la ciudad se pueden identificar, en principio, cinco cambios en su imagen: el primero, durante el período Colonial, la “Ciudad Colonial”, en el cual a duras penas se establece la estructura espacial de la ciudad. El segundo, la “Ciudad Mudéjar”, del siglo XVIII a mediados del XIX, durante el cual se construyó poco a poco la imagen de la ciudad colonial, seguido por un período de “Transición”, durante el siglo XIX, en que se adopta parcialmente el neoclásico buscando una imagen republicana, “la Ciudad Neoclásica”. El tercero, La “Capital del Departamento”, definido por una arquitectura profesional ecléctica de funciones y construcción modernas pero con formas historicistas, con la cual se busca en unas pocas décadas una imagen europea vieja para la nueva capital del departamento. El cuarto, la “Capital deportiva de América”, definido por una arquitectura profesional moderna. Y, finalmente, el quinto, la “Narcocapital” actual.
Por supuesto no todas las construcciones de la ciudad responden sincrónicamente con los cambios políticos, sociales y económicos de la región, pero sí las construcciones más representativas de cada momento, con las que justamente se pretendieron -y lograron, parcialmente- los mencionados cambios de imagen de la ciudad, transformándola, en su conjunto, en el palimpsesto urbano que es hoy en día. Sobre las huellas de las escrituras anteriores se borrará lo escrito, una y otra vez, para volver a escribir, pudiéndose “leer” simultáneamente, en cada etapa, retazos inconexos y entremezclados, que con frecuencia se contradicen unos a otros, de esas diferentes capas incompletas que constituyen la ciudad actual, permitiéndonos asomarnos a su futuro inmediato.

Las condiciones generales de la época Colonial se mantienen, por ejemplo, hasta la mitad del siglo XIX, y construcciones que se inician después de la independencia no se diferencian de las del siglo XVIII. Durante el período de Transición, por otra parte, el problema obedece más a la disminución de los recursos disponibles y a algunos cambios en el uso, obligados por esta situación, que implicaron la optimización de algunos patrones, que a la voluntad de un cambio formal. Cambio éste que sí es característico de lo que se ha llamado época Republicana, en la que se recurre a los estilos históricos del eclecticismo, sobre todo para las villas suburbanas, iglesias y edificios para nuevas funciones, como los teatros. La variedad de estos modelos corresponde a la nueva situación del país que ha cambiado su restringida dependencia con España por un nuevo tipo de dependencia con otros países europeos y con Estados Unidos. El modelo único es sustituido por el gran “menú” de modelos del eclecticismo de finales del siglo pasado, ejemplificando de nuevo cómo nuestra condición de receptores facilita la asimilación indiscriminada de elementos de diverso tiempo y lugar. Esta variedad y número explica además la debilidad de estos modelos y por lo tanto su transitoriedad. El período Republicano en la arquitectura regional termina, ya bien entrado el presente siglo, con la introducción de la arquitectura profesional moderna.
LA “CIUDAD” COLONIAL
La ciudad está asentada una legua del río grande, ya dicho, junto a un pequeño río de agua singular que nacen en las sierras que están por encima de ella; todas las riberas están llenas de frescas huertas, donde siempre hay verduras y frutas de las ya he dicho.
Pedro Cieza de León

España en los siglos XV y XVI se caracterizaba por un feudalismo, formado en la Reconquista y contrapuesto a la unidad nacional y a la expulsión de los musulmanes de los Reyes Católicos, y, sobretodo, por el descubrimiento de otro continente. La arquitectura de este periodo es visigoda y la hispanomusulmana. Pero son las expresiones populares de el mozárabe y su desarrollo posterior, el mudéjar, lo que vendrá y aclimatara en América. Cali se funda, como casi todas la ciudades de Hispanoamérica, durante la conquista, bajo Carlos V, mientras en España se revelaban los comuneros, y se pasa del románico al gótico, al renacimiento y al manierismo. La ciudad crece en el XVI y el XVII bajo la impronta del Emperador primero, financiado por los banqueros alemanes, y por el Rey Prudente, después. La arquitectura colonial refleja, aquí, el encuentro de España y el Imperio Inca en la relación de el ayllu andino y la hacienda y una peculiar ocupación del territorio en la que se produce un desarrollo urbano y arquitectónico propio. La población nativa, escasa, se localizaba en la margen occidental del Cauca cuyo valle tenía un paisaje característico, hoy muy modificado por el enorme crecimiento de las ciudades y de la industria agraria. La fundación de Cali se caracteriza por la búsqueda de un acceso al mar y por el cruce de caminos a Popayán, al Pacifico y al norte, que le dan una forma urbana en “T” , en la que se desarrollo una edilicia colonial. Desde la Plaza Mayor, aparecen poco a poco el convento de los Dominicos, la ermita de Nuestra Señora, el convento de los Agustinos, la iglesia de Santa Rosa, la primera y la segunda iglesia matriz y la capilla de la Merced, no quedando ninguno en su forma inicial. Estos, junto con algunas viviendas precarias, dieron a la ciudad una imagen que hoy solamente podemos inferir.

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Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.