El Valle del Cauca llega a 2026 con una paradoja: presenta indicadores institucionales aceptables, pero enfrenta una realidad económica y social que exige mucho más. La Gobernación obtuvo 94,9 sobre 100 en el Índice de Desempeño Institucional (IDI) correspondiente a 2025, muy por encima del promedio nacional territorial de 65,8. INFIVALLE también mejoró hasta 90 puntos. Son señales de capacidad administrativa, pero no suficientes para concluir que el departamento avance al mismo ritmo en bienestar, productividad y competitividad.

Un departamento con peso económico y menores recursos frente a sus necesidades

El Valle continúa siendo una de las economías fundamentales de Colombia. En 2025, junto con Bogotá y Antioquia, concentró cerca de la mitad del PIB nacional. Pero ese peso económico no se traduce automáticamente en capacidad fiscal ni en una respuesta suficiente frente a las necesidades sociales de sus municipios.

Aquí aparece una debilidad estructural: el departamento necesita generar más valor, empleo formal, inversión y recursos propios para financiar las brechas acumuladas. No basta administrar correctamente los recursos cuando estos resultan insuficientes para atender vivienda, agua potable, saneamiento, educación, salud, infraestructura rural, seguridad y conectividad.

La situación es más compleja en municipios con menor capacidad fiscal, donde las NBI requieren una intervención sostenida y coordinada entre Nación, departamento y municipios.

Altos indicadores de gestión, pero brechas que permanecen

El IDI mide planeación, talento humano, control interno, gobierno digital, gestión documental y servicio al ciudadano. Es importante, pero no mide directamente si disminuye la pobreza, aumenta el empleo formal o mejora la productividad territorial.

Por eso, un resultado de 94,9 no puede convertirse por sí solo en el balance general del departamento.

La fortaleza económica histórica del Valle debería traducirse en mayor capacidad para cerrar brechas territoriales y sociales.

Recursos insuficientes para las necesidades básicas

La dependencia de recursos externos limita la capacidad de transformación. Cuando municipios y departamento dependen de transferencias, regalías y recursos nacionales, disminuye la autonomía para responder oportunamente a las necesidades.

Por ello, la discusión sobre gobernanza debe incorporar una pregunta fiscal: ¿cómo aumentar los ingresos propios y ampliar la base productiva del Valle para financiar las necesidades sociales que hoy no alcanzan a cubrirse?

La ejecución presupuestal debe analizarse programa por programa: cuánto se presupuestó, contrató y ejecutó, y qué población recibió efectivamente los beneficios.

Transparencia y participación deben medirse por resultados

El Valle dispone de mecanismos de transparencia activa, datos abiertos, PQRS, rendición de cuentas y seguimiento de compromisos. Los 2.328 compromisos con comunidades reportados y el 99,87% con algún nivel de gestión muestran actividad administrativa.Pero “gestionado” no significa necesariamente terminado, financiado o convertido en obra o servicio.

La evaluación rigurosa debe distinguir compromisos iniciados, parcialmente ejecutados y culminados, con costos, fuentes de financiación, municipios beneficiados y resultados verificables. La calificación de la comunidad es con señalamientos muy graves sin pruebas

La confianza ciudadana muestra otra realidad

La encuesta realizada en febrero de 2026 a 1.400 personas en 10 municipios registró 42,0% de aprobación, 37,6% de desaprobación y 20,4% que no sabe o no responde.

La diferencia es estrecha. Esto evidencia que una alta capacidad institucional medida por el IDI no equivale automáticamente a confianza ciudadana. Una administración puede funcionar bien en sus procedimientos y, simultáneamente, enfrentar cuestionamientos sobre sus resultados.

Reto: recuperar capacidad de crecimiento, innovación, inversión, empleo formal…

El Valle conserva activos extraordinarios: industria, agroindustria, universidades, salud, ciencia, Buenaventura, infraestructura logística y una posición estratégica en el Pacífico.

Sin embargo, el liderazgo histórico no está garantizado. El desafío de 2026 es recuperar capacidad de crecimiento, innovación, inversión, empleo formal, infraestructura y articulación regional.

La gobernanza debe pasar de una lógica de cumplimiento administrativo a una de transformación territorial.

El verdadero balance

El Valle tiene una administración con buenos indicadores institucionales, pero enfrenta una brecha entre capacidad administrativa y resultados económicos y sociales. El reto es lograr más recursos, más inversión, menos pobreza, menos informalidad, mejores servicios públicos, mayor competitividad y menores NBI.

La última encuesta de 2026 que encontré con cifras de aprobación de la gobernadora Dilian Francisca Toro es la de AtlasIntel para El País, publicada el 23 de mayo de 2026.

Aprobación: 35 %. Desaprobación: 52 % . No sabe/no responde: 12 %. Muestra: 1.829 personas. Trabajo de campo: 18 al 21 de mayo de 2026. Cobertura: 40 municipios del Valle del Cauca

Ramiro Varela Marmolejo