Se trata del responsable diseño de las edificaciones, y su construcción, de tal manera que sean capaces de soportar y disipar la energía de un sismo fuerte sin sufrir daños graves ni un colapso parcial o total; lo que se debe considerar en el POT. Su refuerzo sismorresistente consiste en concebir sus estructuras, fachadas, cerramientos, cubiertas, divisiones internas e instalaciones, y dependiendo de su uso, procurando darles una mayor resistencia frente a una sacudida repentina del suelo o su movimiento repetido horizontal y verticalmente por un corto tiempo.
Los templos de los incas, y algunas otras de sus edificaciones, eran altamente sismorresistentes gracias a un sofisticado sistema de ensamblaje en seco de los bloques de piedra utilizados en su construcción, y no juntas corridas, lo que les permitía absorber y disipar la energía de los sismos. A diferencia de las estructuras rígidas que se fracturan con un movimiento telúrico, los incas crearon una “arquitectura viva” adaptada a la geografía andina, la que es una de las zonas con mayor riesgo sísmico del mundo debido a su origen y dinámica tectónica.
Por lo contrario, mucha arquitectura es vulnerable a los sismos. Falta de flexibilidad: la piedra, el ladrillo y el adobe son rígidos y frágiles. No se deforman ni disipan la energía: sino que se agrietan y se rompen de forma abrupta. Peso estructural: los muros de tapia pisada o piedra son gruesos y pesados, y a mayor masa, mayor es la fuerza sísmica lateral que impacta el edificio. Ausencia de confinamiento: vigas, columnas y tensores que “amarren” la estructura, ya que los muros tienden a separarse de los techos y colapsar hacia afuera.
Así como un barco sencillamente flota en el agua y se mueve en ella, vale pensar en edificaciones que “flotan” sobre el suelo y que cuando este se mueve se mantienen quietas; mas no sobre rellenos sanitarios, humedales o terrenos donde no ha realizado un adecuado mejoramiento del suelo. En lugar de anclarse fijamente al terreno de forma monolítica, se apoyan sobre plataformas con resortes, ruedas, rieles, patines hidráulicos o cimientos de caucho que permiten el movimiento del suelo sin afectar la edificación, la que permanece quieta.
Las edificaciones, cuya mayor sismorresistencia es prioritaria, son todas las que son esenciales para la preservación de las vidas humanas a través de la pronta atención de emergencias y la continuidad de los servicios básicos, durante y después de un sismo fuerte o un terremoto. La mayoría de las normativas de construcción por todo el mundo (como el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, NSR-10) las clasifican dentro de los grupos de uso de alta importancia, o sea edificaciones indispensables a pensar en el POT.
Infraestructura de salud y emergencias: hospitales y clínicas, estaciones de bomberos y policía, centros de mando y control. Edificaciones con alta ocupación: sedes educativas, estadios, coliseos y centros de convenciones, cárceles y centros de detención. Servicios públicos: centrales de energía y subestaciones, plantas de tratamiento de agua potable, torres de control y aeropuertos, y puentes principales. Estructuras con riesgo de impacto secundario: plantas químicas o refinerías, represas y embalses, y almacenamiento de materiales peligrosos.
En conclusión, es fundamental entender que la sismorresistencia de una edificación cualquiera, comienza por el estudio del suelo en el que se va a levantar y su adecuado diseño arquitectónico al respecto, y no que se reduce al cálculo de su estructura portante simplemente siguiendo las normas. Se trata de lograr un diseño sismorresistente integral, que pasa a ser prioritario dependiendo del uso de cada edificación y el lugar en donde se ubica, mediante un conjunto de principios, técnicas y normas de diseño que se aplican a cada proyecto.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.