Análisis estadístico riguroso acerca de vínculos genéticos homínidos precisa que nuestra especie nace con la denominada “Eva Mitocondrial”, antepasada materna de los humanos actuales, quien emergió del centro tórrido de Africa, fuente de vida; en nuestra condición de primates sapientes continuamos avanzando en mutaciones antropológicas.

En la medida en que simientes de Eva se multiplicaron, emprendieron inicialmente expansiones por bordes continentales; a América llegaron peregrinos por el estrecho de Behring, entre Rusia y Alaska. Los ancestros que dicen estar aquí pretéritamente, también llegaron en migraciones. No fueron oriundos locales.

Los entrecruzamientos de ADN con cromosomas originaron perfiles raciales, dependiendo el porte físico e intelectual de condiciones climáticas, hábitat, alimentación, habilidades de sobrevivencia, goce de bienes y servicios, entornos garantes de diversas calidades de vida.

Aborígenes nuestros confrontaron con blancos, rosados, broncíneos, claroscuros, pálidos, criollos, pelirrojos, ojiclaros,… mezclándose como castizos, mestizos, trigueños, mulatos, zambos, cruces étnicos que continúan mejorando fisonomías, al punto que mayoría de colombianos valuamos los rasgos heredados de nuestros antecesores.

Las corporeidades de los auto reputados “ancestrales” se visibilizan por las dietas proteicas dimanadas de animales rastreros, batracios, micos, que poco contribuyeron a sus beldades genéticas. La “pureza del lugareño” de recurrir a reproducirse solo con su espécimen se exterioriza por bajas estaturas y/o facciones rústicas. Harinas son sus “fuertes”.

Excepto prostitución, las damas europeas arribaron a “las sudacas” más de 200 años después del descubrimiento; como protesta al sojuzgamiento masculino, las indias preferían bellos vellosos que a sus connaturales barbilampiños, obteniendo estatus social y estabilidad familiar.

Indígenas abarcan el 4% de la población colombiana y detentan el 30% de las tierras. Ser indígena ya no es cuestión racial; se volvió negocio del resguardo si hay reciprocidad del interesado.

Los “foráneos” trajeron trigo, arroz, cebada, avena, centeno, sorgo, caña de azúcar, frutas (naranja, limón, cítricos, uva) café, ganados vacuno y porcícola, especias hindués y africanas; historia, religión, ciencias, artes, culturas milenarias significativas como el salto del sobresalto de la edad de piedra a la edad del hierro vivenciadas por los subsiguientes nativos.

Centurias atrás, América hispanoparlante acogió figuras del imperio romano – todavía vigentes y pertenecientes a otras legislaciones – como los modos de adquirir el derecho de propiedad o dominio: accesión, ocupación, tradición, sucesión por causa de muerte, prescripción. Nuestra constitución regente de 1991 los insertó.

En la gesta libertadora se cuentan con dedos de la mano los indígenas que quisieron independizarse de la corona. Fieles a su talante, se sentían a gusto con lo recibido. Fueron reemplazados en trabajos de labranza y pujanza por aguerridos marrones, quienes hoy ostentan mayores riquezas productivas gracias a su trabajo tesonero, que los CRICS quieren expropiarles.

Bolívar, Santander y demás próceres nos legaron apertura de comercio e industria, educación pública gratuita… Hasta hace aproximadamente 80 años nuestros padres, tíos y tíos abuelos se conformaban con el nivel primario lectivo, fuere privado o estatal, por cuanto las exigencias materiales se resolvían con abundantes soluciones cercanas.

Se volvió importante ser bachiller en los sesenta del siglo pasado, profesional de pregrado en los setenta y postgrados, magísteres y doctorados son los complementos que deben llenar quienes pretendan trabajar en la cima del conocimiento y la economía. El concepto ancestral que destaca el gobierno central actual, es sinónimo de atraso.

El indigenismo vive del asistencialismo e$tatal y contratos millonarios disfrazados de realizaciones sociales dilapidadoras del tesoro público; mientras la india cultiva la chagra del pan coger con el crío terciado a su espalda, el líder haraganoso facilita áreas para expansión de psicotrópicos. Con estos estilos de “saberes” planean imponernos pronto una carta política repleta de reglas distintas a las que el bienestar común pide. Reacciona Colombia.

Héctor Campuzano T