Parece que, a los colombianos, y sus instituciones, estranguladas por el desgobierno de Petro, poco avanzan en destapar judicialmente la situación delincuencial originada en lo, que otrora, merecía el respeto constitucional como es el Palacio de Gobierno presidencial.
La gravedad institucional se incrementó tras la implosión causada por las denuncias de Angie Rodríguez, antigua asesora y amiga cercana de Petro. Rodríguez acusó a Carlos Carrillo, actual director de la UNGRD, de estar implicado en una trama de extorsión. Según su declaración, desde la Casa de Nariño se orquestan delitos como concierto para delinquir, espionaje y corrupción. Estas acusaciones posicionan al gobierno de Petro como el más corrupto de la historia republicana del país. Las primeras denuncias penales ante la Fiscalía General involucran al menos a veinte funcionarios del gobierno central.
Se destapó la estrecha influencia de la funcionaria Juliana Guerrero, sobre el presidente, quien no puedo posesionarse como funcionaria publica, por carecer de títulos académicos certificados y emitidos falsamente por la Fundación Universitaria San José (Usanjosé). Guerrero está imputada por falsedad en documento público y fraude procesal. A pesar de ello, al igual que Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina, exalcaldes de Medellín y Cali imputados y acusados penalmente por corrupción, estos nombramientos recientes reflejan la ausencia de vergüenza por parte del nominador. Como dato curioso curiosamente el esquema de seguridad de Guerrero, empoderada del Ministerio de la Igualdad y el Fondo Colombia en Paz, es tan robusto como los ministros de estado.
Tras bambalinas y sabanas, se especula que la relación afectiva entre Petro y la subalterna es la razón por la cual ostenta un nivel de poder incalculable, el cual, para una adolescente de 23 años, de juvenil inmadurez, es imposible controlar. La misma niña Guerrero ha declarado su abierta amistad con el ELN, desafiando el proceso de paz “total”.
Nuevamente se observa el vacío e inestabilidad institucional de la rama ejecutiva, generada irresponsablemente por la personalidad ególatra, egocéntrica y narcisista del presidente. En recientes declaraciones cantinflescas y ambiguas sobre equivocaciones de algunos nombramientos, admitió irónicamente con la frase; “no soy mago”. A pesar de ello, los nombramientos de Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina, exalcaldes de Medellín y Cali imputados y acusados penalmente por corrupción, reflejan la ausencia de vergüenza por parte del nominador.
La dignidad presidencial ha quedado sepultada en los recuerdos dolorosos de los momentos más oscuros del narcoterrorismo de Pablo Escobar. En los tres años y medio de su mandato fracasó su proceso de paz. Sus estrategias equivocadas de seguridad han permitido incrementar en un 33% la presencia de grupos disidentes armados organizados ejerciendo control territorial en la zona del Pacifico y la frontera venezolana. Petro otorgó concesiones a estos grupos, suspendiendo órdenes de captura, estableciendo cese al fuego bilateral, paralizando extradiciones y declarando “gestores de paz” a los bandidos, lo que evitó su judicialización. El portafolio criminal dedicado al narcotráfico, extorsión, secuestro, minería ilegal y contrabando se ha fortalecido geométricamente, transformando la Casa de Nariño en guarida del mundo criminal del hampa.
Con su acostumbrada agilidad comunicativa ocultando el verdadero problema lanzó una serie de distractores, como solicitar el traslado inconstitucional de $ 25 billones del ahorro privado de fondos de pensión, en treinta días, a Colpensiones, suma equivalente a dos veces y medio una reforma tributaria, con el fin de balancear el déficit de caja fiscal, permitiendo el uso libre de estos recursos, en parte con fines electorales.
Preocupa que, no obstante, la inconcebible situación de desgobierno, y similitud al entramado de una banda criminal, su candidato presidencial afín, Cepeda, ostente una favorabilidad para suceder una fracasada ideología, que en ruinas deja la nación. Vuelvo a citar las palabras de la candidata Paloma Valencia, “si perdemos las elecciones, perdemos el país.”
Despierta Colombia de la ignominia que nos está llevando al abismo como nación. Nuestro deber ciudadano es votar masiva e inteligentemente en los próximos comicios y cambiar el equivocado rumbo actual.
Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.