La decisión de realizar en Cali la ceremonia de posesión del próximo Presidente de la República no debería entenderse únicamente como un acto protocolario. Puede convertirse en uno de esos momentos excepcionales en los que la historia ofrece la posibilidad de cambiar el rumbo de un país.
El Valle del Cauca, el Cauca y el Pacífico colombiano necesitan mucho más que anuncios aislados o inversiones dispersas. Requieren un gran pacto regional que trascienda gobiernos, partidos políticos e intereses particulares; una visión compartida que permita enfrentar, con decisión y continuidad, los desafíos que durante décadas han frenado el desarrollo de este territorio.
Los problemas no admiten más divisiones
Los indicadores hablan por sí solos. La región concentra algunos de los más altos índices de violencia y homicidios del país; convive con economías ilegales alimentadas por el narcotráfico; enfrenta altos niveles de informalidad laboral, rezagos en calidad educativa y una compleja situación de orden público, especialmente en el Cauca, que limita la inversión, afecta la competitividad y golpea la calidad de vida de millones de ciudadanos.
Frente a esa realidad, el peor error sería convertir la posesión presidencial en un simple acto ceremonial. Por el contrario, debe ser el escenario para enviar un mensaje poderoso a Colombia y a la comunidad internacional: el Pacífico está dispuesto a construir su futuro desde la unidad, el liderazgo y la institucionalidad.
Un gran acuerdo para transformar el pais
Ese propósito exige convocar al Presidente de la República, a los congresistas vallecaucanos, gobernadores, alcaldes, empresarios, gremios, universidades, organizaciones sociales y comunidad internacional para construir una agenda común de transformación regional. No una agenda de un gobierno o de un partido, sino una hoja de ruta de largo plazo que sobreviva a los calendarios electorales.
La ocasión también ofrece el momento ideal para que el Presidente anuncie oficialmente un verdadero Plan Marshall para el Pacífico Colombiano: una estrategia integral que articule recursos públicos, inversión privada y cooperación internacional para fortalecer la seguridad, modernizar la infraestructura, transformar la educación, generar empleo, impulsar la innovación tecnológica, promover el desarrollo rural y garantizar una justicia más eficaz.
Pero ese plan también debe enviar un mensaje claro al mundo. Los países consumidores de drogas ilícitas no pueden seguir siendo simples observadores mientras los territorios productores soportan la violencia, la pobreza y los enormes costos humanos derivados del narcotráfico. La corresponsabilidad internacional debe dejar de ser un discurso para convertirse en compromisos concretos de inversión y desarrollo.
Un escenario para enviar un mensaje al mundo
Incluso el lugar de la ceremonia puede convertirse en un símbolo. El Parque Panamericano y el Estadio Olímpico Pascual Guerrero representan mucho más que escenarios deportivos. Son patrimonio de una ciudad que ha demostrado su capacidad para organizar grandes eventos internacionales y reflejan un legado de integración, convivencia y esperanza.
Desde allí, Colombia puede proyectar al mundo una imagen distinta del Pacífico: una región que apuesta por el deporte, la cultura, la paz y la inclusión como motores de transformación social, inspirada en el legado de Nelson Mandela, quien demostró que el deporte también puede reconciliar naciones.
Las grandes transformaciones comienzan cuando una sociedad decide hablar con una sola voz. Hoy, el Valle del Cauca tiene esa posibilidad. La posesión presidencial puede ser recordada como una ceremonia más o como el punto de partida de un gran pacto para el Pacífico colombiano.
La historia rara vez ofrece oportunidades de esta magnitud. Lo verdaderamente trascendental no será dónde se realice la posesión presidencial, sino si fuimos capaces de convertir ese día en el comienzo de una región más segura, competitiva, próspera y en paz.