Después de varios “rifirrafes” entre los presidentes Petro y Trump se impuso la paz motivada por razones de conveniencia mutua que se concretará en un acuerdo con las claves de la nueva estrategia política que en el inmediato futuro se verá plasmadas en las relaciones de los gobiernos.
Así las cosas, todo indica que de ahora en adelante habrá una comunicación directa y expedita entre los dos mandatarios, la cual tiene por finalidad evitar malos entendidos e improvisaciones en el manejo de las comunicaciones entre la Casa de Nariño y Washington.
En primer lugar, se trata de cumplir con la agenda relacionada inicialmente con la erradicación verificable de los cultivos ilícitos a fin de evitar las distorsiones en esta materia.
En segundo lugar, se considera necesario implementar todas aquellas medidas encaminadas a cerrar los corredores por donde circulan los narcotraficantes, particularmente en la frontera colombo-venezolana, permitiendo ejercer un control sobre el territorio de ambos países.
En tercer lugar, se debe iniciar todo un proceso para recuperar la economía de Venezuela a partir del sector minero energético, que le permitirá a Colombia participar del negocio del petróleo, además de desarticular las redes de narcotraficantes que operan en territorios de Colombia y de Venezuela. Según algunos informes de la MOE y de Human Rights Watch existen más de 140 municipios en Colombia bajo el control de los narcotraficantes.
No es improbable que con los cambios que se introducirán a la política petrolera se incremente notablemente la exploración y explotación de nuevos yacimientos de petróleo y de gas tanto en Venezuela como en Colombia y se introduzca el sistema de fracking que se realiza en algunos estados de la Unión Americana.
En cuarto lugar, se dice que debe abrirse la agenda económica con el fin de que se amplíe el mercado interno e internacional de toda clase de productos, bienes y servicios, lo que presupone reconstruir la producción industrial acorde con los intereses y necesidades del gran capital financiero que entrará a operar en dicho país.
Por otra parte, con la intervención de los EEUU en Venezuela, no pretendemos especular sobre el manejo de las relaciones económicas, políticas y militares entre el presidente Petro y el presidente Trump, aunque se advierte que tanto el gobierno americano como el colombiano se necesitan mutuamente para lograr los objetivos que se han propuesto de control del territorio, particularmente en las zona de fronteras en donde operan los grupos armados ilegales, que han decidido integrarse en una coordinadora guerrillera para oponerse a las pretensiones del gobierno de USA, que busca ante todo, apropiarse del petróleo, del oro y de otros recursos naturales y de hecho imponer su dominación sobre Venezuela.
Por su parte, el gobierno del presidente Petro necesita del apoyo del gobierno norteamericano en su lucha contra el ELN al igual que las disidencias de las antiguas FARC que hacen presencia y controlan varias regiones del país, en momentos en que tiene lugar el desarrollo de la campaña electoral en la cual el gobierno tiene especial interés para afianzarse en el futuro inmediato en el poder del Estado. Igualmente existe el interés de los gremios económicos y sectores políticos de que, el encuentro entre los dos presidentes haya logrado un acuerdo conciliatorio que sirva de punto de partida de una agenda de negociaciones que arroje resultados beneficiosos para ambas partes. Circunstancia esta que abre la posibilidad según se dice, de mejorar las relaciones entre los dos gobiernos ,aunque con ello solo resulte beneficioso en la práctica el gobierno que preside Trump dispuesto a recuperar su posición hegemónica en lo que se ha dado a conocer como el patio trasero de su país integrado por países como Venezuela, Colombia, Ecuador entre otros, cada vez más dependientes de los Estados Unidos de Norte américa desde el punto de vista económico, político y militar.
Los resultados previsibles de las relaciones entre los gobiernos de Colombia y USA, basadas en la mutua conveniencia de sus intereses, hacen parte de la vieja y desueta estrategia diplomática con la cual se benefician los grandes monopolios trans nacionales, en tanto se diluye en la práctica la soberanía e independencia de los Estados, naciones y pueblos que históricamente han luchado por dichos principios tanto en Colombia como en la república Bolivariana de Venezuela.