Los populistas de nuestra época como en el pasado hacen parte de diversos movimientos y partidos políticos con diferentes ideologías, aunque comparten algunos conceptos relacionados con los intereses y necesidades del pueblo que dicen representar y defender frente a los gobernantes incapaces e ineptos para dirigir y administrar los asuntos del Estado y de la sociedad.

Su participación en la vida social y política de varios países en Europa y en América Latina se encuentra relacionada con la crisis de la democracia liberal en que se fundamenta la política del régimen capitalista y en general con su proceso de declive desde el punto de vista político, económico y social.

En el marco de la sociedad capitalista los populistas tienden en muchos casos a convalidar las políticas económicas y sociales del régimen, mientras que en otras ocasiones no se someten a la hegemonía de las clases dirigentes (económica y políticamente dominantes); al tiempo que buscan la forma de desmontar aquellas políticas de los gobiernos neoliberales que benefician a determinadas clases y sectores sociales. Sin embargo, para algunos politólogos, con el acceso al poder del Estado de los dirigentes populistas no se alteran sustancialmente las condiciones del régimen económico y social de los países, no obstante que la situación de cada uno de estos es diferente ya que de todas maneras es necesario examinar con más detalle el curso que toman los acontecimientos y las acciones de las diferentes clases sociales.

Para los líderes populistas la voluntad del gobernante debe identificarse con la voluntad del pueblo e interpretar sus intereses y necesidades, independientemente de los antagonismos de clase que se presentan en la sociedad.

En general los populistas utilizan las reformas para introducir algunos cambios en el orden económico, político, social y ambiental, casi siempre relacionados con políticas asistencialistas en favor de los sectores mas vulnerables de la sociedad y  con el otorgamiento de subsidios a pequeños y medianos empresarios, con la reducción de los impuestos, con el aumento del gasto social en educación, salud, vivienda, etc., además de utilizar algunos mecanismos de participación ciudadana como la consulta popular.

Dichas reformas en el fondo tienen como propósito atenuar el impacto de las contradicciones y conflictos sociales que tienden en la sociedad capitalista a agudizarse en el seno de la comunidad. Sin embargo, dichas reformas no tienen por objeto erradicar las verdaderas causas de los problemas que los generan, aplazándose las soluciones de los mismos. Lo anterior no significa rechazar de plano las reformas que contienen reivindicaciones y conquistas que favorecen al pueblo en general y que con su implementación se puede avanzar por los caminos de la paz y del progreso social, lo cual hace parte de la lucha política sin pretender convertirlas en un fin en sí mismas, tratando con ello de apartar a las fuerzas democráticas y revolucionarias de sus tareas cardinales por el verdadero cambio social.

Los populistas de derecha defienden la idea de que el pueblo necesita de quien lo dirija y mande debido a su apatía, conformismo y pasividad, lo cual por supuesto no corresponde a la realidad histórica ya que el pueblo en última instancia ha sido y continuará siendo el gran protagonista del cambio y garante de los valores de la humanidad en peligro de ser extinguidos por la vorágine de la violencia y del terror desatados por gobiernos autoritarios y despóticos.

El populismo de nuestra época tiende a revestirse de diferentes formas y expresiones acordes con las particularidades sociales y políticas de cada país. A su turno el populismo está ligado a determinados sectores sociales afectos a la ideología liberal o social demócrata, como de la izquierda radical e incluso de grupos partidarios del fascismo, racismo, xenofobia, etc.

Nuestro país no es ajeno al populismo de estirpe liberal el cual ha logrado acceder al poder del Estado con la persona de Gustavo Petro en la presidencia de la república con sus políticas reformistas en materia laboral, de salud, pensiones, entrega de tierras, paz total y con las que no se afecta la estructura económica del régimen capitalista colombiano sobre el cual se construye la política de las clases dirigentes del país.

La determinación de imponer sus reformas generó una gran controversia que desembocó en una crisis institucional afectando el desarrollo de la vida económica, política y social del país y generando incertidumbre que complica aún mas el panorama político en medio del debate electoral que se adelanta con ocasión de las elecciones al Congreso de la República y del jefe del gobierno.

Pensando en el presente y futuro del país consideramos que el camino a seguir para el cambio social no será posible sino se tienen en cuenta el conocimiento de la realidad social y la experiencia vivida por otros pueblos en su empeño por alcanzar determinados objetivos y metas dirigidos a la construcción de una sociedad más justa y equitativa, para lo cual se requiere transformar las relaciones sociales en que se fundamenta la estructura económica y material de la sociedad que trajo como consecuencia la concentración y centralización del poder económico y político en cabeza de un reducido grupo de colombianos que viven de la explotación económica del trabajo y se apropian de común acuerdo con monopolios extranjeros de nuestras riquezas nacionales con la complacencia de las autoridades. Una vez producidos los cambios será posible desde el Estado impulsar las reformas sociales y políticas que permitan garantizar en el tiempo una paz estable y duradera y el bienestar general de los colombianos en igualdad de condiciones.

En este momento es necesario que los colombianos reflexionen sobre el presente y futuro del país, más allá de continuar apoyando alternativas políticas de carácter demagógico, reformistas y populistas, que poco o nada han contribuido con el verdadero cambio social, el cual no se podrá materializar sino con la unión, organización y acciones de las fuerzas sociales y políticas, democráticas y progresistas.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

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