Llamado urgente a los congresistas, a la gobernadora del Valle, alcaldes y Camaras de comercio de Cali , Buenaventura, Palmira y Buga,
La llegada de los primeros vagones del metro de Bogotá por Cartagena, en vez de Buenaventura, encendió una alarma que no puede pasar desapercibida: ¿está perdiendo competitividad el principal puerto del Pacífico colombiano? Lo ocurrido va más allá de una simple decisión logística. Se trata de un síntoma de los rezagos estructurales de Buenaventura y de la urgencia de transformarlo en un puerto moderno, seguro y confiable, capaz de sostener el liderazgo que le corresponde por ubicación geográfica y valor estratégico para la economía nacional.
La ruta más larga resultó más eficiente
Los vagones contratados y construidos por los chinos fueron embarcados en Qingdao y tardaron cerca de un mes en llegar a Cartagena, recorriendo más de 15.000 kilómetros, para llegar del Pacifico al Atlantico. Si se hubiesen descargado en Buenaventura, la distancia a Bogotá habría sido menor, solo en el tramo terrestre la diferencia es de 482 km a 662 km . Sin embargo, la decisión de los operadores logísticos fue clara: Cartagena ofrecía mayor seguridad, confiabilidad y eficiencia para garantizar que esta carga estratégica llegara a Bogotá sin retrasos.
La elección no obedeció al azar. Cartagena cuenta con una infraestructura de primer nivel, un canal de acceso profundo y una operación portuaria que se conecta con 840 puertos en 150 países. A esto se suma su eficiencia comprobada: los tiempos de cargue, descargue y despacho son más cortos, lo que reduce los costos operacionales, incluso compensando la mayor distancia marítima.
Estudios técnicos recientes han confirmado que Cartagena supera ampliamente a Buenaventura en indicadores de productividad, infraestructura y gestión. Las operaciones en el Caribe colombiano han alcanzado estándares internacionales que Buenaventura, con todas sus ventajas naturales, aún no logra consolidar.
Los obstáculos que frenan a Buenaventura
Buenaventura debería ser la puerta natural del Pacífico colombiano y la principal entrada para mercancías procedentes de Asia. Sin embargo, la realidad es otra, el ejemplo de los vagones del Metro de Bogotá lo evidencia. Nuestro puerto enfrenta limitaciones estructurales y problemas recurrentes que afectan su desempeño:
- Bloqueos y violencia en la vía Buga–Buenaventura.
En 2025, la carretera ha sufrido múltiples interrupciones: bloqueos, incendios de tractocamiones, ataques con explosivos y protestas sociales. Estos hechos elevan los costos logísticos y generan retrasos. Se estima que las pérdidas superan los $1,2 billones al año. - Congestión portuaria y saturación.
Las terminales de Buenaventura han enfrentado periodos de cierre o colapso operacional, lo que obliga a desviar carga hacia otros puertos, principalmente Cartagena. - Problemas de transporte terrestre.
Desde el puerto hacia el interior, conseguir vehículos de carga puede tardar entre 72 y 96 horas. Este déficit logístico encarece la operación y resta confiabilidad frente a clientes internacionales. - Infraestructura vial incompleta.
La ausencia injustificada de la doble calzada Loboguerrero–Cali como vial alterna a Buga y el retraso en el tramo Mulaló–Loboguerrero limitan seriamente la competitividad. Mientras no se completen estas obras, el transporte seguirá expuesto a demoras y riesgos. - Canal de acceso insuficientemente profundo.
Mientras Cartagena ha modernizado su canal de acceso, Buenaventura aún espera decisiones del gobierno nacional para la profundización, condición clave para recibir barcos de mayor calado.
El valor estratégico de Buenaventura
Pese a sus limitaciones, Buenaventura sigue siendo un puerto fundamental para Colombia. Por él circula cerca del 35 % de las exportaciones y más del 50 % de las importaciones nacionales. Para el suroccidente colombiano —Valle del Cauca, Cauca y Nariño—, su rol es irremplazable: conecta directamente con Asia y permite la importación de insumos clave para la industria regional.
Además, Buenaventura es motor de empleo y desarrollo. Miles de familias dependen de su actividad portuaria y de las cadenas de valor que genera. La región no puede darse el lujo de dejarlo rezagado frente a Cartagena o frente a otros competidores en el Pacífico.
Las exigencias de la región
El caso de los vagones del metro de Bogotá debe interpretarse como un llamado urgente. Buenaventura requiere una apuesta nacional y regional que combine inversión, seguridad y gobernanza. Las acciones prioritarias son:
- Modernización portuaria.
Se necesitan terminales más eficientes, grúas de última generación, bodegas modernas y procesos aduaneros ágiles. La inversión estatal y privada es indispensable para cerrar la brecha frente a Cartagena. - Seguridad vial y estabilidad social.
La única manera de recuperar la confianza de los operadores logísticos es garantizar que la vía Buga–Buenaventura sea segura y transitable. Esto implica presencia del Estado, prevención de bloqueos y diálogo permanente con comunidades. - Infraestructura vial complementaria.
La culminación de la doble calzada Loboguerrero–Cali y la construcción del tramo Mulaló–Loboguerrero deben convertirse en prioridad nacional. Sin estas obras, Buenaventura seguirá en desventaja. - Profundización del canal de acceso.
Esta es la obra más urgente para atraer barcos de gran calado y mejorar la competitividad del puerto frente a otras terminales internacionales. - Agenda social sostenible.
Buenaventura enfrenta tensiones históricas con comunidades locales que reclaman inversión social y mejores condiciones de vida. Una política pública de inclusión, educación y empleo es indispensable para reducir la conflictividad.
Cartagena y Buenaventura: rivales y aliados
El debate no debe plantearse como una competencia entre Cartagena y Buenaventura. Ambos puertos pueden y deben complementarse. Cartagena, con su consolidación en el Caribe, conecta a Colombia con mercados atlánticos y con América del Norte. Buenaventura, en cambio, es la puerta natural hacia Asia y Oceanía.
La clave está en que Buenaventura alcance niveles de eficiencia similares para que las decisiones logísticas no estén sesgadas por problemas internos. Perder protagonismo en el Pacífico sería un golpe a la soberanía económica del país y una pérdida irreparable para el suroccidente.
Una advertencia clara
El hecho de que los vagones del metro de Bogotá hayan entrado por Cartagena es mucho más que un dato anecdótico. Es un campanazo de alerta: si Buenaventura no resuelve sus problemas estructurales, seguirá perdiendo relevancia en operaciones estratégicas, contratos internacionales e inversión privada.
El Valle del Cauca y Colombia necesitan un puerto competitivo, resiliente y seguro en el Pacífico. La apuesta requiere voluntad política, recursos adecuados y un compromiso social profundo. Buenaventura no puede seguir esperando. Si no actuamos ahora, las oportunidades seguirán pasando de largo, por Cartagena y no por donde deberían: la puerta natural de Colombia hacia Asia. Llamado urgente a los congresistas, a la gobernadora del Valle, alcaldes y Cámaras de comercio de Cali , Buenaventura, Palmira y Buga,