En las ciudades toda nueva construcción ineludiblemente se va a integrar a un entorno, es decir a un lugar preexistente determinado por sus edificaciones y espacios abiertos conformando un paisaje urbano; o lo va a iniciar a partir de un sitio determinado por su geografía, es decir por su relieve, vegetación y clima, constituyendo un paisaje natural a considerar y aprovechar. Además, todas las construcciones en la ciudad parten de su emplazamiento y, siguiendo a Vitruvius, de su función, construcción y forma; cuatro aspectos que determinan la manera como serán proyectadas dependiendo del objetivo particular de cada una de ellas, pero siempre considerando que formarán parte de la ciudad.

La gran mayoría de las construcciones en las ciudades están dedicadas a la vivienda, ya sean casas, apartamentos y hoteles, todos de diversos tipos y niveles económicos, sociales y culturales; y en mucho menor número son construcciones destinadas a edificios para oficinas, comercio, educación, salud, recreación, deportes, teatros, salas de música, museos y demás. Todas estas construcciones deben ser seguras ante amenazas como sismos, huracanes, inundaciones e incendios, y que por lo tanto se puedan evacuar de manera rápida y segura; funcionales dependiendo de cada tema; y agradables tanto en su uso como también en su imagen exterior a la ciudad.

 La estética está presente en todas las construcciones, pero de maneras muy diferentes en las ciudades; mientras que la forma prima en unas edificaciones, como en los edificios culturales que deben ser también simbólicos, en otras la estética de sus formas debe partir de su función y construcción, como en las viviendas comunes, en las que debe primar lo técnico, pero por supuesto sin ignorar lo estético. Por lo tanto, es preciso tener claro que la estética exterior del volumen de una edificación no es la misma que la de sus espacios interiores, y que mientras esta última se debe a sus usuarios, considerándolos y que estos mismos concluyen, la exterior de debe a la ciudad al formar parte de los espacios urbanos públicos.

Por otra parte, todas las construcciones en la ciudad, tanto públicas como privadas, deben ser pensadas responsablemente para que su construcción, uso, mantenimiento periódico y reparaciones eventuales, consuman lo menos posible agua, energía y materiales poco ecológicos en su fabricación, transporte y uso, para evitar que causen daños al medio ambiente. Y deben ser proyectadas de tal manera que se puedan usar por mucho más tiempo al permitir adaptaciones y pequeños cambios; y que faciliten reformas parciales cuando estas sean necesarias; o su cambio total mediante una arquitectura regenerativa en lugar de tener que demolerlas.

 Se trata, entonces, de que la arquitectura de todas las construcciones en las ciudades debe considerar una ética profesional, entendida esta como un conjunto de conductas que tengan como objetivo construir mejores ciudades, en tanto el pertinente emplazamiento, función y forma de todas sus construcciones, por parte de los distintos profesionales que intervienen en su planificación, urbanismo, paisajismo y construcción. Entender que mejores ciudades debe significar mejor calidad de vida en ellas para sus habitantes: seguridad, movilidad, servicios, comercio, recreación, cultura; y ciudades que emocionen al recorrerlas.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.