Una sociedad que ha sufrido una catástrofe necesita reparar lo destruido, pero también debe reconstruir la memoria, la seguridad, la confianza y el futuro.

¿Qué hacer entonces?

Propongo un Pacto por la Reconstrucción, la Memoria y la Seguridad: basado en la participación de autoridades, ingenieros, arquitectos, historiadores, gestores culturales, universidades, comunidades, propietarios, familias, con la función de evitar decisiones apresuradas y hacer pública la información porque se hace esencial:

1. Dejar una memoria del terremoto para las generaciones futuras. No solamente debe reconstruirse lo material. Hay que conservar fotografías, testimonios, planos, informes técnicos, historias de los damnificados, decisiones administrativas y experiencias de respuesta. La tragedia debe convertirse en conocimiento respetando lo siguiente: “No reconstruir exactamente como antes, pero tampoco destruir sin antes comprender qué teníamos.” Ese equilibrio es fundamental. El terremoto puede obligarnos a cambiar edificios, normas, sistemas de emergencia y formas de ocupar el territorio. No debe obligarnos a perder nuestra memoria.

2. Y hay una cuestión todavía más profunda: si después de una catástrofe la única respuesta es demoler, estamos solucionando el problema físico inmediato, pero podemos estar creando otro problema histórico: una generación futura podría preguntarnos por qué desaparecieron los lugares que contaban su historia.

3. Antes de cada demolición significativa debería hacerse una pregunta sencilla: ¿Estamos ante un edificio que ya no puede salvarse, o ante un edificio que todavía podemos salvar mediante conocimiento, ingeniería y voluntad? Ese debería ser el norte: seguridad sin amnesia; reconstrucción sin destrucción innecesaria; modernización sin borrar la identidad.

Finalizo invitando a tener muy presente lo siguiente:

“Reconstruir no significa borrar las huellas del terremoto, significa convertirlas en memoria, conocimiento, seguridad y legado para quienes vienen después.”
El terremoto deja enseñanzas:

1. No solo la contabilidad de daños ocurridos,
2. Obliga a revisar la planificación territorial,
3. A construir siguiendo las normas de sismo resistencia,
4. La urgencia de protección de hospitales, escuelas, lo que se denomina infraestructura critica,
5. En lo social el balance es muy preocupante: numerosas familias quedaron sin vivienda y muchas con familiares fallecidos y no pueden quedar sin protección efectiva y afectiva.

Por todo esto escribo sobre la necesidad de contar con un Pacto por la Reconstrucción, la Memoria y la Seguridad: no podemos volver a sufrir otra tragedia como esta, que lloraremos por muchos años.

Jorge Enrique González Rojas