La gran mayoría de los electores que votaron por alguno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, seguramente volverán a votar por el mismo; igual que los que votaron en blanco lo harán nuevamente; y los que se abstuvieron de votar cómodamente continuarán en lo suyo. Pero a los muchos que votaron por los otros candidatos en la primera vuelta, desde luego se les presenta el dilema de escoger entre cuatro opciones: abstenerse; votar en blanco; o decidir por cuál de los dos candidatos que pasaron, votarán.
Esta última opción obliga a tener que elegir entre dos candidaturas contrarias, donde ambas alternativas presentan ventajas y desventajas, además de consecuencias igualmente problemáticas. Candidaturas que representan una encrucijada donde no existe una solución perfecta pero si una preferible, de tal manera que con cualquiera de las dos opciones a la próxima presidencia, quede demostrada una determinada conclusión con respecto al futuro del país y no apenas el de la segunda vuelta de esta elecciones.
En este último caso -escoger entre los dos candidatos ya elegidos- la solución implica encontrar la respuesta correcta sin tener que dudar entre las dos opciones que representan cada uno de ellos, sino analizando claramente el fondo de la situación. O sencillamente saber llegar -razonando no solo deseando- a la firme convicción sobre lo que se debe hacer, eliminando la confusión, para alcanzar finalmente una conclusión, y a partir de esta entender cómo proceder a evitar las dificultades que ella implicaría en un próximo gobierno.
En este caso es imprescindible un intercambio de opiniones razonadas con algunas personas cultas e informadas, pero que estén verdaderamente dispuestas al mismo, y que concluya claramente en entender de qué manera se puede seleccionar inequívocamente por quién votar. Y cómo poder hacerlo en función de las propuestas concretas de los candidatos a asuntos locales (seguridad, educación, salud) como a los mundiales (guerras, cambio climático, Inteligencia Artificial, IA) y no solamente en respuesta a su personalidad.
Lo indicado, entonces, sería escoger cuál de esos dos candidatos, ya elegido presidente, sería más fácil de controlar para que obedezca a la Constitución, las leyes, y la independencia de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en tanto que conforman la división democrática del poder público, y que son los llamados a evitar, junto con la opinión pública en los medios de comunicación, que los presidentes elegidos poco a poco se transformen en dictadores de hecho y además pretendan perpetuarse en el poder.
Preferir un presidente en el que se pueda confiar en que cumpla con sus propuestas, o las mejore o cambie a tiempo si es lo pertinente; uno que no proclame noticias falsas, que no sea demagógico ni polarizante; que no sea dado a las agresiones, los insultos y las groserías: que sea respetuoso con todos. Y si se considera que lo dicho no lo puede asegurar ninguno de los dos candidatos seleccionados en la primera vuelta, pues entonces responsablemente votar en blanco, y bajo ninguna circunstancia abstenerse de hacerlo.
En conclusión (por ahora) lo primero es entender que el voto no solo es un derecho constitucional sino también un deber cívico para con su demás conciudadanos y sus familias; y entonces no sumarse a los que ya se abstuvieron -usualmente en las últimas décadas la mitad de los ciudadanos con derecho a votar- no pocos de los cuales ahora es de esperar que votarán en blanco, contribuyendo a aglutinar una oposición democrática, medible y en crecimiento, ante el actual estado del país en general y no apenas políticamente.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.