A enero 15 de 2026, el balance económico y social de la Vivienda de Interés Social (VIS) y la Vivienda de Interés Prioritario (VIP) en Colombia es problemático. Pese a la centralidad del tema en el discurso público y en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, los resultados no han logrado revertir el déficit habitacional ni frenar el crecimiento de asentamientos subnormales e invasiones, especialmente en las grandes ciudades y sus periferias.

Desde el punto de vista económico, la política VIS y VIP ha estado condicionada por una contradicción estructural: mientras se busca ampliar el acceso a vivienda para hogares de bajos ingresos, los mecanismos de fijación de precios y costos han encarecido el producto final. La indexación de los topes de VIS y VIP al salario mínimo ha elevado de manera automática los valores máximos de estas viviendas, sin que los ingresos reales de los hogares más pobres crezcan al mismo ritmo. El resultado es que una parte creciente de la población objetivo queda excluida del mercado formal, incluso con subsidios.

A esto se suma la caída en la iniciación de nuevos proyectos VIS en varias regiones, derivada de mayores costos de construcción, incertidumbre normativa, problemas de financiación y menor confianza del sector privado. En ciudades como Cali la oferta formal de vivienda social no solo es insuficiente, sino que además se localiza en otros municipios, con déficits de infraestructura, transporte y servicios urbanos, lo que reduce su atractivo y funcionalidad social.

En el plano social, el impacto es más evidente. El déficit habitacional cuantitativo y cualitativo persiste y se expresa en el crecimiento sostenido de asentamientos informales. Miles de hogares, incapaces de acceder a VIS o VIP dentro del perímetro urbano, optan por ocupar suelo no urbanizable, muchas veces en zonas de riesgo ambiental o fuera del control institucional. Este fenómeno no es marginal ni coyuntural: responde a la incapacidad del Estado para articular política de vivienda, política de suelo y ordenamiento territorial.

Las invasiones y asentamientos subnormales son un problema de ilegalidad, sino una consecuencia directa de una política pública que no garantiza alternativas reales. La ausencia de bancos de tierra efectivos, la lentitud en los procesos de habilitación de suelo urbano y la debilidad del control urbano permiten que la ciudad crezca por fuera de la planeación, trasladando costos sociales y fiscales al futuro.

El resultado social es una ciudad más fragmentada, con mayores desigualdades en acceso a servicios, educación, empleo y movilidad. La vivienda social, en lugar de ser un instrumento de integración urbana, termina reforzando la segregación. Económicamente, esto implica mayores costos para los municipios en regularización posterior, mitigación de riesgos y provisión tardía de servicios públicos.

2022 y 2026 la política de VIS y VIP en Colombia muestra balance crítico

No logra cubrir la demanda real, expulsa población vulnerable hacia la informalidad y contribuye al crecimiento desordenado de las ciudades. Sin una reforma profunda que articule vivienda, suelo y planificación urbana, la expansión de asentamientos subnormales seguirá siendo la respuesta predominante al déficit habitacional. Y en la crisis que se avecina….no se ve solución.

Ana Lucia Arango M