La ciudad hoy suena con el rugido de motores, porque las motocicletas dominan las calles, pero también encabezan las cifras de mortalidad e incultura vial. En el año 2025 se registraron 228 muertes por accidentes de tránsito, y de estas, 149 eran motociclistas, mientras que 79 víctimas eran peatones. Cada número es una historia truncada, una familia devastada, un futuro perdido.
Las motos están por todas partes. 235.000 motocicletas registradas en Cali, pero cuando se suman los vehículos de municipios vecinos y las motos sin registro formal en la ciudad, se estima que más de 500.000 motos ruedan por la ciudad diariamente. La facilidad para adquirir una moto, incluso con solo la cédula, ha hecho que en algunos hogares cada miembro de la familia tenga su propio vehículo, multiplicando la presencia de motocicletas en cada calle y barrio.
En Cali, las motos marcan el ritmo de la ciudad con un caos cotidiano, hasta el punto que el alcalde Alejandro Eder y el secretario de movilidad, Gustavo Orozco, no se atreven a ponerle pico y placa, el problema es inmanejable. Los motociclistas se pasan por la izquierda, por la derecha, entre carros y peatones, desafiando semáforos y señales como si no existieran. Para la mayoria, la vida parece ser un juego de riesgo constante; su velocidad y maniobras temerarias los hacen sentir dueños de la vía, sin importar el vehículo que encuentren en su camino. Invaden aceras, zigzaguean entre filas de carros y no respetan la prioridad de los peatones, generando miedo y tensión en cada calle: para muchos, la moto es la ley, y la ciudad, un circuito de audacia y peligro.
El costo económico de este desorden es gigantesco. En 2025, la Secretaría de Movilidad de Cali impuso 883.000 comparendos. Asumiendo un valor promedio de $450.000 por comparendo, la facturación estimada asciende a más de $397.000 millones de pesos. Esto equivale a una facturación diaria promedio de más de $1.000 millones durante los 365 días del año.
Sin embargo, este dinero no se traduce en seguridad vial ni educación para los motociclistas. La política de sanciones ha sido descrita como “mucho garrote y poca zanahoria”: multas masivas sin acompañamiento educativo, sin incentivos para cambiar hábitos, y sin un acuerdo de ciudad que priorice la vida por encima de la recaudación. En otras ciudades ( Medellin, Pereira, Cartagena, Armenia Bucaramanga, etc ) , el día sin placa existe para motos, reduciendo accidentalidad. En Cali, la medida es una utopía, por la falta de una política de orden, multa e incentivo.
El resultado es evidente: calles saturadas de motos y peatones que cruzan con miedo. Cada semáforo es ejemplo de violadores de esa luz, cada curva un riesgo. Las motos son necesarias para millones, pero la indisciplina de muchos, su abundancia y el desorden, es una amenaza constante.
El reto para Cali y el alcalde Eder es doble: salvar vidas y transformar el dinero recaudado en seguridad real, que no admite más retrasos. Si no se actúa, la ciudad crecerá en caos, seguirá sumando víctimas y aumentando la recaudación de comparendos sin reducir la tragedia que día a día se escribe sobre sus calles. Pronto estaremos compitiendo con las grandes ciudades de Tailandia, la India y Vietnam… (Cientos de miles de motos circulando, como principal medio de transporte, movilidad caótica en avenidas principales y calles de los barrios).

