Recomienda Marco Aurelio (Roma 121-180 Panonia) que: “Es preciso también que tengas presente que para cada cosa debes poner un cuidado relativo a su importancia; y, de este modo, no lamentarás nunca el haber consagrado un tiempo preciosos a lo que no lo mereciese.” (Meditaciones, 170 a 180, citado por R. Holiday y S. Hanselman, Diario para estoicos, 2016, p. 251). Pero por supuesto primero es preciso identificar lo insignificante, lo que, más que tiempo, demanda es una mirada curiosa, holística e informada, la que puede llevar a descubrir la verdadera importancia de muchas cosas que la mayoría considera insignificantes a partir de su mirada miope: corta de alcances o de miras (DLE).

          Es lo que, por ejemplo, suele suceder con las ciudades y su relación con sus habitantes y las actividades que en ellas se llevan a cabo; de lo que si se opina mucho y constantemente, a diferencia de lo poco que se piensa sobre la ciudad física y su planificación, urbanismo, arquitectura, paisajismo y construcción, cuya importancia es ignorada por los políticos pese a que en ellas ya vive más de la mitad de la población del mundo y en países como Colombia cerca de las tres cuartas partes, o que en Cali ya habitan cerca de tres millones, más de la mitad de los de todo el Departamento, y cerca de las tres cuartas partes de los del valle alto del río Cauca, lo que no es para nada insignificante.

          Así las cosa, no es difícil entender que en Cali aún no se entienda la importancia de los andenes para su correcta planificación, urbanismo, arquitectura y paisajismo; no se entiende que: sin sus andenes, por los que transitan sus habitantes a sus diversas actividades, “la ciudad no es una ciudad” lo que no es una mera butade, sino precisamente el significado de sus andenes, por los que empieza y termina toda la movilidad en la ciudadSe trata de esas franjas longitudinales a los costados de las calzadas de las vías urbanas, y destinadas al tránsito de peatones, los que en Cali sencillamente precisan de su ampliación, regularización y arborización, lo que las Autoridades Municipales, al parecer consideran insignificantes. 

          Lo demuestra lo realizado en la Cl. 4 a lo largo de la Plaza de Cayzedo y la cuadra siguiente al occidente. O el llamado “urbanismo táctico” en la Cr. 6 desde la Cl. 5 hasta la colina de San Antonio, un piloto a evaluar en tres meses, lo que después de más de tres años aún no realizado, y cuyo resultado es contrario a lo que la ONU plantea: “En ONU-Habitat consideramos al espacio público como un activo clave para el funcionamiento de la ciudad, ya que bien diseñado y gestionado tiene un impacto positivo en su economía, medio ambiente, seguridad, salud, integración y conectividad, por lo tanto, la calidad de vida de las personas en las ciudades está directamente relacionada con el estado de sus espacios públicos.”

          Y para lograr que los espacios urbanos públicos no sean sólo para el mejor funcionamiento de las ciudades, sino también para su pleno disfrute, toca entender que las fachadas urbanas a lo largo de los andenes, regulares y continuas, son un significativo complemento de los andenes, como se experimenta y aprecia en tantas bellas y funcionales calles y avenidas en muchas ciudades, lo que lleva a una mirada curiosa, holística e informada en cada una de ellas, e incluso las hay unas pocas en Cali. Solo es preciso tener presente en esas ciudades el poner un cuidado relativo a su importancia, y así no tener que lamentarse nunca de haber consagrado un tiempo preciosos a lo que no lo merecía.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.