La situación laboral de los trabajadores colombianos es cada vez más preocupante en la medida en que aumenta la informalidad disfrazada de nuevos empleos en medio del auge de la economía de los servicios, cuya causa debe buscarse en la insuficiente demanda de productos, bienes y servicios que no pueden adquirirse por los consumidores debido a la creciente pérdida de valor del salario, generándose con ello una baja en la producción y por consiguiente a una disminución de la actividad laboral que conduce finalmente al incremento de la informalidad agravándose aún más como consecuencia del aumento de la creciente demanda de trabajo “barato”, el incremento en los precios de los bienes y servicios, los impuestos, tasas y contribuciones, el aumento en los costos de producción, de la inflación y la implementación de las nuevas tecnologías conforme a la aplicación de la denominada inteligencia artificial IA, con las cuales se sustituye el trabajo masivo no calificado y profesional de miles de trabajadores, que pasan a integrar el ejército de desocupados del país no teniendo otra alternativa que optar por el trabajo informal en sus diversas modalidades, del cual obtienen algunos recursos insuficientes para subsistir y menos para pagar los aportes a la seguridad social en salud, pensiones y el consumo de los servicios públicos.
Esta situación se vuelve aún más crítica tratándose del trabajo femenino que labora bajo condiciones de subordinación económica y social con salarios inferiores a los que perciben los hombres y sin mayor estabilidad laboral. Esto se repite con los trabajadores de la zona rural que laboran en condiciones precarias y con salarios inferiores a los que perciben los trabajadores del área urbana.
La fijación del incremento del salario mínimo aunque en general constituye un gran avance en favor de los trabajadores, está sujeto a diversas contingencias derivadas de la situación económica y política del país, que hacen que no sea posible llegar en muchos casos a acuerdos entre los trabajadores, los gremios empresariales y el gobierno de turno; circunstancia que finalmente conlleva a que el ejecutivo termine fijando el incremento del salario mínimo según sus políticas, casi siempre influidas por las concepciones neoliberales o populistas del momento.
En esta oportunidad el incremento del salario mínimo podrá ascender a un porcentaje cercano a la suma de un millón ochocientos mil pesos con lo cual se afirma que en principio mejoraría la situación económica y social de los trabajadores asalariados que laboran en el sector privado pero que en las condiciones del régimen capitalista en que el Estado no tiene la capacidad de controlar las fuerzas espontáneas del mercado que eleva indiscriminadamente los precios de los productos, bienes y servicios incluyendo los de la canasta familiar, no es posible satisfacer las necesidades fundamentales de los trabajadores en tanto que en última instancia son los monopolios los que imponen los precios de los bienes que demandan los trabajadores y consumidores en general, en medio de la competencia desatada en el mercado que aumenta el costo de vida sin que pueda imponerse un control de precios que limite las ganancias que se obtienen con la venta de los productos. Por otra parte, en muchos casos el Estado asociado con los gremios empresariales acuerdan adoptar políticas de congelamiento de los salarios para controlar según se dice, la subida de los precios y la inflación.
No obstante lo anterior, algunos dirigentes gremiales y políticos son partidarios de realizar acuerdos no solo con los representantes de los grandes monopolios sino con aquellas organizaciones sindicales interesadas en conciliar los intereses de los trabajadores con el gran capital, con miras a minimizar el impacto social que se causa con la aplicación de las políticas salariales, a la vez que se autorizan las inversiones que generan jugosas ganancias con la explotación económica del trabajo y la utilización irracional de los recursos naturales, generándose grandes daños ecológicos y ambientales.
La situación laboral de los trabajadores colombianos tiende a desmejorarse sí por otra parte el gobierno de turno no procede a desarrollar las políticas encaminadas a la reindustrialización del país y no introduce los cambios necesarios que se requieren para modificar las relaciones laborales existentes en el país y simplemente persiste en utilizar el presupuesto de la nación para otorgar subsidios a los sectores vulnerables de la sociedad y a los estratos 1, 2 y 3, mientras que en el país crece la informalidad y con ello la pobreza y la desigualdad social.