En Ciudad al Aire de Caliescribe, bajo la dirección de Ramiro Varela, conversamos con Diana Ocampo, creadora de Azul Violeta Pance. Su proyecto transforma el duelo en vida, sembrando jacarandas en memoria de seres queridos y promoviendo una reforestación consciente, educativa y profundamente humana.

Desde muy niña, Diana Ocampo sintió que los árboles tenían un lenguaje propio. Las semillas del ojo de buey y del chambimbe despertaron en ella una fascinación temprana por la vida vegetal, una conexión que más tarde se convertiría en su destino. Ingeniera agrónoma , que hizo tesis en un inventario florístico en la cuenca hidrográfica del río Mulaló con el ingeniero forestal Eugenio Escobar, una eminencia en árboles, logró aprender todo lo que es la flora nativa del Valle del Cauca.

 

Tambien educadora preescolar y con un proyecto de reforestación en el que “ las personas me ayudan a comprar los árboles y yo pongo el resto. Pongo el jardinero y hago el mantenimiento durante todo el año del cuidado de los árboles “ . La muerte de su padre en 1992 y, décadas después, la partida de su madre en 2021, hicieron florecer en ella un ritual de amor transformado en acción ambiental: sembrar un árbol por cada ser querido que se va. Así nació Azul Violeta Pance, un proyecto donde las jacarandas se convierten en memoria viva.

Diana ha sembrado más de 700 árboles, todos en homenaje a nombres que no se olvidan. Al principio lo hacía como hobby, entregando los arbolitos para que otros los sembraran, sin saber cómo cobrar ni cómo sostener el proceso. Pero el camino la fue formando “con el apoyo del Huerto San Vicente hemos tenido la posibilidad de crear jardines biodiversos y si tal vez no ha impactado económicamente, sí impacta de otra forma porque los jardines son sanadores. Si ves una casa muy linda pero sin jardines, la ves en tierra y con un paisaje desolador. Si ves una casa en el campo llena de árboles, flores, mariposas y abejas lo que sientes es diferente. Si no hay recompensa económica, hay otras recompensas valiosas. Tambien del SENA descubrió que sembrar también requiere estructura, precio y sostenibilidad. Cuidar un árbol desde la semilla hasta su crecimiento, protegiéndolo de plagas como la hormiga riera— es un trabajo que merece reconocimiento.

Su proyecto creció gracias al voz a voz y a la comunidad que encontró en plataformas como Instagram. Sin embargo, su fuerza proviene de algo mucho más profundo: sembrar es su catarsis, su forma de convertir el duelo en esperanza. Por eso invita a familias enteras a participar en la siembra. Cada árbol plantado se convierte en un acto de alivio emocional y en un regalo para la ciudad.

Con Lucy de Huertos San Vicente, y un grupo de aliadas se creó una brújula colectiva, todas con su propio norte, huertos, miel, cocina saludable, pero unidas por un mismo propósito: cuidar el medio ambiente.

Para Diana, un jardín no solo decora: sana. Un árbol no solo crece: permanece cuando nosotros ya no estemos, dando oxígeno, sombra y agua. Por eso insiste en sembrar especies nativas, respetuosas del territorio, y evitar errores del pasado como los ficus desbordados de la vía Cali–Palmira.

Su visión sobre los Farallones de Cali es contundente: son el pulmón de la ciudad. Sin ellos, seríamos un desierto. Por eso reclama que las instituciones deben ponerle el pecho a su protección, combatir la falta de educación ambiental y actuar con verdadera conciencia.

Diana sabe que la transformación real nace en la escuela. Por eso uno de sus sueños es capacitar a maestros para que enseñen a los niños a sembrar su propia huerta: desde los colores y las texturas, hasta la biología y el agua, todo empieza en la tierra que tocan con sus manos.

Azul Violeta Pance es, al final, un manifiesto: sembrar memoria, sembrar vida y sembrar futuro. Porque cada árbol es un acto de amor que cura a las personas y a la ciudad.

Los invitamos a ver la entrevista completa en video, un testimonio inspirador de cómo el amor, la memoria y la naturaleza pueden transformar vidas. La historia de Diana Ocampo es un ejemplo de resiliencia, de compromiso con lo verde y de cómo un proyecto personal puede convertirse en esperanza para toda una ciudad., la region  y un modelo de país.

Redacción