En el centro antiguo de Cali, 10 barrios que conforman la memoria de la ciudad vive hoy una nueva disputa entre su pasado y su porvenir. San Bosco, San Pascual, Santa Rosa, El Calvario, Obrero, San Pedro, San Antonio, San Cayetano, San Nicolás y La Merced representan no solo el origen urbano, sino también la fractura acumulada de décadas: deterioro vial, abandono institucional, expulsión de residentes, comercio informal desregulado y pérdida del valor patrimonial. Sin embargo, en este territorio resiste una energía social y cultural que sigue siendo una de las mayores riquezas de Cali: su identidad en arquitectura republicana y su historia barrial.
Intervención iniciada en el barrio Obrero, adoquinamiento de la calle 22A, Marca algo más que un avance técnico: constituye un mensaje de ciudad. El hecho de instalar adoquines sobre una vía que primero exigió remover tierra contaminada, sustituir alcantarillado de casi un siglo, reconstruir la base y subbase y enfrentar las precariedades de la malla vial central, revela la profundidad del rezago que afecta a todos los barrios del antiguo casco urbano. Obrero es una metáfora del centro: capas de historia superpuestas sobre suelos degradados, donde el abandono se ve.
El alcalde ha afirmado que esta es “una obra monumental”, que es desarrollada en tiempo récord, con doble jornada y con el compromiso de culminar antes del 15 de diciembre. Ese relato de eficiencia se contrapone a la realidad que viven a diario los otros barrios del centro, donde los huecos, las grietas y el colapso de redes de servicios públicos continúan generando riesgos, accidentes, pérdidas económicas y deterioro ambiental. Si bien la intervención de Obrero es celebrada por su comunidad que por fin experimenta el renacer de sus calles también invita a preguntarse cómo escalar este modelo de renovación hacia los demás barrios históricos.
La pregunta clave para Cali no es solo cómo adoquinar una calle, sino cómo reconstruir un territorio completo, donde los problemas no son meramente de infraestructura: son sociales, culturales y económicos. En San Pascual y San Bosco la vulnerabilidad urbana está ligada al deterioro de estaciones de transporte, inseguridad y degradación del espacio público. En Santa Rosa y El Calvario, el daño vial es solo la superficie de una crisis más profunda marcada por informalidad, movilidad caótica y falta de inversión pública. San Pedro y La Merced, con su valor patrimonial, con se alquila se vende , sufren presión inmobiliaria sin planificación y un desgaste urbano que contrasta con su importancia histórica. San Antonio urge que las normas se cumplan, será mucho pedir ( Demoler edificios, respetar usos, PEMP consensuado, etc ). San Cayetano y San Nicolás, barrios residenciales centrales, padecen hundimientos y una malla vial que nunca recibió el mantenimiento adecuado.
Por eso, este primer recorrido patrimonial de la salsa debe leerse no como un proyecto aislado, sino la necesidad de un plan mayor: la recuperación integral del centro antiguo. Si Cali quiere volver a tener un centro vivo, seguro, habitable y digno, necesita una intervención pública sostenida que combine tres dimensiones:
- Infraestructura (alcantarillado, acueducto, redes, pavimentos durables).
- Renovación urbano-cultural (recorridos patrimoniales, memoria, cultura viva, corredores de movilidadcon vías del s XXI).
- Reactivación social y económica (residencia, comercio regulado, turismo cultural, vivienda asequible y seguridad).
El barrio Obrero demuestra que, cuando hay voluntad política, capacidad técnica y una narrativa de ciudad, es posible transformar lo que parecía imposible. Pero también recuerda que Cali no se reconstruye barrio por barrio, sino tejido por tejido. Que el renacimiento de nueve barrios del centro no puede depender de intervenciones aisladas, sino de un proyecto urbano coherente, sostenido y participativo.
La comunidad ya celebró la transformación en Obrero; ahora la ciudad espera que este inicio sea el primer paso de una política integral que conecte a todos los barrios del centro antiguo en un mismo horizonte: un territorio revitalizado donde la historia, la cultura popular y la infraestructura moderna se encuentren para darle a Cali una nueva oportunidad de ser la ciudad que sueña ser.
