Una declaración que debería transformar las políticas públicas en Colombia
“No hay futuro sin cultura”. Esta frase, expresada por el Ministro de Cultura español Ernest Urtasun en Mondiacult 2025, resume el consenso al que llegaron más de 160 delegaciones de todo el mundo en la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre las Políticas Culturales y el Desarrollo Sostenible, realizada en Barcelona.
En este encuentro histórico, la UNESCO declaró la cultura como objetivo de desarrollo sostenible (ODS) en la agenda global de desarrollo a partir de 2030. La declaración final, aprobada por unanimidad, hace un llamado a que los “derechos culturales sean el motor de las políticas públicas en el futuro”.
El documento de nueve puntos, nacido tras un proceso “inclusivo y multilateral”, destaca que la cultura es una “herramienta vital” para la “reconciliación, la memoria colectiva, la curación y la construcción de la paz”, tal como lo expresó en la clausura la ministra de Cultura de Letonia, Agnese Lāce. 1
La cultura como motor de transformación
Estas palabras de la ministra Lāce resumen claramente el aporte que realiza la cultura a la sociedad. La cultura tiene la capacidad de permear y potenciar todos los ámbitos del ser humano, convirtiéndose en herramienta vital en épocas tan complejas de confrontación como las que vivimos.
No estamos hablando de un tema menor. A través de la cultura podemos avanzar en el desarrollo sostenible, la conservación del patrimonio y la protección de la diversidad cultural.
El desafío colombiano: de las palabras a la acción
Si la UNESCO está dándole esta importancia a la cultura como objetivo de desarrollo sostenible, Colombia, como un gran crisol de culturas, debería estar participando en estas conversaciones globales. Sin embargo, nuestro país destina menos del 0,3% del presupuesto nacional a la cultura, muy por debajo de los estándares internacionales.
En pleno período electoral, me pregunto: ¿dónde están las propuestas culturales de los candidatos a la Presidencia? Necesitamos escuchar propuestas concretas como:
- Industrias culturales: ¿Cómo potenciaremos sectores como la música, el cine, las artes plásticas, la literatura, la gastronomía y nuestros conocimientos ancestrales como motores de desarrollo económico?
- Educación artística: ¿Cómo garantizaremos el acceso universal a la formación artística y cultural en los colegios públicos?
- Patrimonio y memoria: ¿Qué estrategias implementaremos para conservar y visibilizar nuestras diversas expresiones culturales?
- Cultura y paz: ¿Cómo utilizaremos el arte y la cultura para sanar las heridas del conflicto y construir imaginarios colectivos de reconciliación?
Conocer las posturas de los candidatos sobre cómo convertir la cultura en eje transversal de las políticas públicas —incluso en temas tan complejos como la conservación del ambiente y la seguridad— debe estar en la agenda de sus campañas. Colombia necesita candidatos que entiendan que la cultura no es un lujo, sino una necesidad estratégica para nuestro desarrollo.
Cali: laboratorio de diversidad cultural
En el caso particular de Santiago de Cali, una ciudad pluriétnica y multicultural, donde conviven diversas identidades producto de las migraciones, los desafíos son aún más urgentes. Somos una rica mezcla cultural con enormes desafíos de integración. Es fundamental que trabajemos el tema de la memoria colectiva como identidad urbana compartida.
Algunas ideas:
- Espacios culturales en comunas vulnerables que funcionen como centros de encuentro ciudadano, integración e intercambio cultural.
- Más programas de valoración y difusión de las expresiones culturales que conforman nuestra identidad.
- Festivales y eventos que celebren nuestra diversidad y construyan puentes entre barrios y comunidades
- Apoyo real a los artistas locales para que puedan vivir dignamente de su trabajo.
La cultura debe convertirse en el puente que nos permita reconciliarnos y abrazarnos en la diferencia, para crear consensos y trabajar unidos por el presente y el futuro de nuestra ciudad.
Un llamado a la acción
La declaración de la UNESCO no puede quedarse en buenas intenciones. Como ciudadanos, tenemos el derecho y el deber de exigir a nuestros candidatos que la cultura ocupe el lugar que merece en sus propuestas de gobierno.
Preguntemos, exijamos, votemos por quienes entiendan que sin cultura no hay futuro. Porque una sociedad que no invierte en su cultura es una sociedad que renuncia a su identidad, a su memoria y a su capacidad de soñar colectivamente.
El mundo ya lo declaró en Barcelona: no hay futuro sin cultura. Es hora que Colombia lo convierta en realidad.
1 Información tomada del Magazín Cultural de El Espectador del 01 de octubre de 2025.