Con una caída de más del 12 % en la producción fiscalizada ( volumen total de gas natural medido, verificado y reportado oficialmente ) y una expectativa de alza de 50,8 % en el precio, el país enfrenta un déficit que podría alcanzar el 20 % en 2026, comprometiendo la seguridad energética y la competitividad industrial
Colombia atraviesa una de las crisis más agudas en su historia energética reciente. En lo corrido de 2025, la producción fiscalizada de gas natural ha caído cerca de 12 % frente al mismo periodo del año anterior, lo cual ha tensionado su capacidad de abastecimiento interno.
En agosto de 2025, la producción fue de 1.218 millones de pies cúbicos diarios (MPCD), registrando una disminución del 15,1 % respecto al mismo mes de 2024, aunque con un ligero repunte frente a julio.
En promedio entre enero y agosto, la producción se situó en 1.269 MPCD, una caída del 12,4 % interanual. Para compensar la caída, las importaciones han crecido fuertemente. En agosto se registraron compras externas por 4.665 millones de pies cúbicos, con un promedio diario de 150,5 MPCD, lo que representa un alza de 45,4 % frente a agosto de 2024.
En lo que va del año, las importaciones han promediado 170,3 MPCD, equivalentes al 17,4 % del gas comercializado en el país. Este desbalance ha erosionado la autosuficiencia energética. Según la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta de la Andi (con corte en julio de 2025), las empresas solo han asegurado un 51,9 % del gas que requerirán en 2026.
Además, estiman un aumento promedio del 50,8 % en el precio del gas para 2026.
El Gestor del Mercado de Gas Natural estima que el déficit firme podría alcanzar el 20 % de la demanda total en 2026, lo que afectaría tanto a consumidores residenciales como a la industria.
De prolongarse esta tendencia, Colombia podría enfrentar una crisis energética que impactaría la inflación, los costos de transporte, la competitividad industrial y el consumo doméstico. El gas natural sigue siendo esencial no solo para procesos industriales, sino también como respaldo frente a la intermitencia de fuentes renovables de energía, como las solar y eólica.
Ante este panorama, gremios como la Andi han hecho un llamado urgente al Gobierno para reactivar la exploración de hidrocarburos, agilizar los procesos de licenciamiento ambiental y fortalecer la infraestructura de transporte y almacenamiento de gas. También proponen un plan de masificación del gas para extender su uso en regiones periféricas y reducir la pobreza energética.
Por su parte, el sector ha movilizado inversiones crecientes para mitigar el déficit. Para 2025, la industria del gas proyecta una inversión de USD 1.100 millones, un incremento del 34,6 % frente a 2024, con más de mil millones destinados a exploración y producción.
Sin embargo, esas iniciativas requieren tiempo y confianza. El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, llamó a actuar sin demora: “Si no nos tomamos este tema en serio, vamos a tener problemas de costos, de abastecimiento y de competitividad, obstaculizando la recuperación económica que apenas comienza”.
La crisis del gas natural refleja el delicado equilibrio entre la transición energética, la administración estatal y la necesidad de asegurar la estabilidad futura. Sin una estrategia clara que combine metas climáticas con garantías de suministro, el año 2026 se proyecta con más incertidumbre que progreso.