El presente de los territorios, como el de sus habitantes y sus actividades, está en las ciudades, los países y los continentes, a partir de su pasado; y su futuro pueden ser varios desastres globales, unos cuantos acuerdos incumplidos o -lo más probable- la combinación de estos, tal como en vive en el mundo en el presente. En las ciudades todo esto se manifiesta en sus diversos barrios, distintos sectores y únicas áreas metropolitanas; y en los barrios en sus diferentes viviendas, variadas calles y particulares vecindarios, al punto de que lleva a pensar que todo pasado comienza en la vivienda, pasa por las ciudades y termina en el mundo entero.

          En el pasado, hace varios milenios, las viviendas, al juntarse en los cruces de caminos y a la generalización de la agricultura, conformaron pequeñas poblaciones, las que al crecer con el paso de los años conformaron ciudades; estas a su vez países, con una de ellas como su capital; y estos países negociaron uniones entre ellos en cada continente. Infortunadamente, dichas organizaciones no son tan efectivas como sería lo más conveniente, y en algunas partes simplemente no existen o no están debidamente integradas; y por supuesto, lo más conveniente sería que hubiera una por cada subcontinente; y todas juntas un único organismo mundial. 

          En el presente, es decir en la tercera década del siglo XXI, el mundo ya está conformado por países, en los que la gran mayoría de sus habitantes tienen sus viviendas en sus ciudades; y en estas se realizan casi todas sus actividades, incluyendo la administración de las que se llevan a cabo en el campo, en lejanos espacios naturales, y en los anchos mares. Vivienda, ciudad y región, las tres compartiendo tres aspectos básicos, como lo son sus respectivos territorios, sus diversos habitantes y sus actividades varias, lo que sucede en todos los países; actividades cada vez más dependientes de la IA, por lo que su mal uso constituye otra amenaza.

          El futuro del mundo, o sea dentro de sólo unos pocos años, ya sea bueno, malo o regular, y lo más probable esto último, es el de sus países; el de estos el de sus ciudades; el de estas el de sus sectores, el de estos el de sus barrios; el de estos de sus vecindarios; el de estos el de sus calles; y el de estas el de sus viviendas. En las grandes ciudades se tiende a conformar espontáneamente ciudades dentro de la ciudad, junto con otras afuera de la misma; y cada vez más megaciudades ya son del tamaño de un país mediano, y surgen nuevas rápidamente, principalmente en los países más atrasados y pobres, debido a su sobrepoblación.

          Como concluye Harvey Whitehouse su historia de la humanidad desde su pasado: “Si echamos mano de los saberes del pasado y la ciencia del presente -los frutos de nuestra historia nada natural- podremos salvaguardar el futuro tanto de la humanidad como del mundo, que hoy, más que nunca, depende de la inteligencia con la que sepamos aprovechar nuestra herencia colectiva.” (Herencia, 2024, p. 388). De ahí insistir de nuevo en la importancia de este libro, y de que se informen más a fondo sobre esos tres orígenes evolutivos del mundo presente -conformismo, religiosidad y tribalismo- y que entonces actúen en consecuencia y lo más pronto posible en beneficio del futuro de todos. 

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.