Con  retos severos para la ciudad de Cali, la reciente reestructuración de gobierno anunciada por la Alcaldía Eder, es de continuidad de una problemática que trasciende el simple relevo de funcionarios. El ajuste en el gabinete, este y los anteriores, lejos de ser una respuesta a la crisis, se perciben como un maquillaje político que no confronta los problemas de raíz, ni aporta soluciones integrales. La inestabilidad en más de 32 cargos y el movimiento de figuras sin experiencia o con perfiles poco adecuados,  evidencian un gobierno que se ubica en improvisación y falta de dirección.

La salida del jefe de gabinete, un cambio esperado que el alcalde tenía que hacer por ausencia de liderazgo, pone en evidencia las debilidades en la administración en el 3er reemplazo. Diego Fernando Hau, saliente secretario de Gobierno, asumió la gerencia del plan “Invertir para Crecer”, un programa que enfrenta mayores problemas de planeación y programacion, con obras que no se terminaran en los 2 años y 4 meses de gobierno faltntes,  ó que nunca se realicen, como las 9 megaobras faltantes de Valorizaxión  y varias del MIO. Este traslado de un funcionario de despacho con mando en “tropas”,  a un contrato refleja una falta de estrategia en la asignación de cargos y recursos. Se da la paradoja además de que la Secretaría de Gobierno será asumida por Fernando Grillo R., un abogado con buenas referencias administrativas y jurídicas, pero sin la experiencia de ciudad, para ser el jefe de gabinete de un alcalde  que sigue siendo “primerizo”. La rotación se vuelve aún más cuestionable si se considera que ya son tres jefes de gabinete en menos de tres años, un síntoma de desorden y falta de sinderesis en la conducción política de la ciudad.

El cambio en la dirección del Departamento de Desarrollo e Innovación Institucional (DADII), con la politóloga Laura Álvarez como directora, y el ascenso de Johana Caicedo a la Secretaría de Bienestar Social, muestran un intento por refrescar el gabinete con figuras internas. Sin embargo, estas decisiones, aunque a primera vista positivas, no están acompañadas por un aumento real en presupuestos o recursos en sus entidades. La Secretaría de Bienestar Social, históricamente desfinanciada y con menor prioridad presupuestal frente a áreas como infraestructura, educación, deportes, movilidad, etc, enfrenta limitantes para lograr el impacto que la administración necesita.

Los nombramientos en Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana y Secretaría de Turismo reflejan el mismo patrón. La abogada Nigeria Rentería, con experiencia en negociaciones de paz, fue designada para fortalecer el diálogo social, pero la dimensión presupuestal y la escasa relevancia de la institución dentro del organigrama de Cali limitan su capacidad real para prevenir la violencia. En turismo, la rotación de secretarios evidencia una falta de rumbo, que termina reflejándose en la escasa eficacia de sus políticas.

Finalmente, la oficina de comunicaciones también sufrió un cambio con la salida de Juan Manuel Caicedo, con 1 año en el cargo. La llegada del economista y periodista Ossiel Villada Trejos, con experiencia en temas económicos, no necesariamente en imagen pública o manejo de crisis comunicativas, aporta más confusión sobre la estrategia de comunicación del gobierno. Este es ya el tercer cambio en esa oficina en menos de dos años, prueba no solo problemas de estabilidad administrativa sino también una falta de claridad en cómo consolidar una identidad política para la Alcaldía. Allí están los resultados de las encuestas decrecientes en los últimos 10 meses, donde Alejandro Eder , sigue anclado como el peor alcalde de Colombia y con excesiva desfavorabilidad.

Estos cambios configuran un panorama político de continuidad sin innovación real ni transformaciones profundas. La crisis de Cali, lejos de ser entendida y atendida con diagnósticos rigurosos y estrategias para resolver problemas estructurales, es tratada con parches que prolongan la inestabilidad. La ciudad requiere un liderazgo fuerte, con un equipo consolidado y con experiencia en temas específicos de hacienda pública,  urbanismo, seguridad, transporte masivo, infraestructura, desarrollo social y económico. La ausencia de un “cancerólogo”, por así decirlo, que identifique el mal de fondo y proponga un tratamiento contundente, mantiene a Cali en el ciclo de problemas que no cesan.

Se necesita una mirada estratégica que integre experticia técnica y compromiso social para superar la quiebra fiscal de Cali y avanzar en la transformación de la ciudad. El alcalde Alejandro Eder enfrenta la urgencia de evaluar críticamente su equipo y, sobre todo, su rumbo político, dejando atrás el “más de lo mismo” y optando por decisiones que generan más desconfianza e inestabilidad.

La política local se mantiene atrapada en una relación permisiva con el Concejo,  la improvisación del gobierno y la rotación frecuente de autoridades, sin atender los verdaderos problemas . La ciudad exige no solo cambios en los nombres, y de caras en carros oficiales , sino una apuesta decidida hacia la sostenibilidad institucional, el fortalecimiento de capacidades y una visión de largo plazo. Solo así podrá Cali comenzar a resolver su crisis multidimensional y avanzar hacia un desarrollo más justo y equitativo.

Ramiro Varela Marmolejo