La cooperación y ayuda mutua entre los Estados, es sin duda alguna una cuestión de gran importancia, más aún tratándose de resolver ciertos problemas de carácter global, como el control de las epidemias o de los fenómenos derivados del cambio climático y así mismo, en materia económica, social, cultural, científica y tecnológica, siempre y cuando los gobiernos no se inmiscuyan en los asuntos internos de los países, ya sea de manera abierta o velada, tal como sucede con algunas potencias económicas, políticas y militares del mundo capitalista globalizado, generándose con ello una gran dependencia que linda con el neo- colonialismo de nuevo tipo.
Dicho fenómeno se ha venido acrecentando en la medida en que países como los EE.UU., China, India, intervienen en los países menos desarrollados a partir de la implementación de nuevos métodos y procedimientos, cuyo objeto es afianzar su dominio económico, político y militar, lo cual viene presentándose en varias regiones estratégicas del mundo globalizado.
Para ello se intensifican los nuevos sistemas de exportación de capitales, garantizándoles a las grandes corporaciones financieras internacionales el retorno de sus ganancias a sus casas matrices.
En la actualidad el gran capital financiero no solo explota a miles de trabajadores, sino que interviene en el conjunto de la economía de los países subdesarrollados, en la industria, el comercio y la economía de los servicios, entretanto se surten de las materias primas y de diverso tipo de productos exportables como el café, algodón, carbón, petróleo, etc.
Los acuerdos comerciales han impedido que los países subdesarrollados en América, Asia, África, logren su desarrollo económico, quedando en muchos casos sometidos a las organizaciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, convertidos en instrumentos de avasallamiento del gran capital monopolista.
Colombia no es ajena a dicho proceso que tiene lugar en medio de una serie de circunstancias que hacen que su economía dependa cada vez más de las políticas que se tejen por ejemplo, en los Estados Unidos de Norteamérica en asuntos económicos, políticos y militares, disfrazadas de cooperación y ayuda mutua y para la cual es fundamental que el gobierno de dicho país certifique a Colombia ya que de acuerdo con algunos analistas en el caso de ser desertificada podría perder cerca de mil ochocientos millones de dólares que se reflejan en el turismo internacional, la imposición de aranceles y el financiamiento multilateral con la banca internacional.
Frente a esta situación, al contrario de lo que piensan algunos sectores económicos y políticos que claman por “el país debe aspirar a que lo certifiquen, como una cuestión de interés nacional por EE.UU”, se trataría más bien, de crear las condiciones para superar la dependencia del nuevo colonialismo colectivo que ejercen los países del mundo capitalista, para lo cual se impone la necesidad de la integración regional bajo una nueva forma de cooperación y ayuda mutua acorde con las necesidades e intereses relacionados con el crecimiento y desarrollo económico y social, que tendrá que ocurrir más temprano que tarde en la medida en que los países por ejemplo, del sur continental se unan, organicen y luchen por su independencia y soberanía nacional de las grandes potencias que hoy existen en el mundo capitalista globalizado.