La cortesía, comedimiento, atención y buen modo, es decir la urbanidad en el uso cotidiano de la ciudad, como la define el Diccionario de la Lengua Española, DLE, tiene que ver con el correcto comportamiento en los espacios públicos; la vestimenta pertinente en ellos; la comunicación adecuada con los otros; la colaboración con los demás; y el respeto a los vecinos inmediatos y del barrio, como a todos los habitantes de la ciudad.

Se trata de la educación cívica básica de todo urbanita: “Del modo de conducirnos en diferentes lugares fuera de nuestra casa” como tituló Manuel Antonio Carreño uno de los capítulos de su “Manual de urbanidad y buenas maneras / de consulta indispensable para niños, jóvenes y adultos”,1853 o 1859. Pero desde luego también dentro de la casa, que es en donde se inicia su aprendizaje y práctica.

Comportamiento respetuoso con los otros en los espacios públicos, tanto urbanos, especialmente caminando por los andenes o movilizándose por las calzadas de las calles, como en los espacios de uso común de las edificaciones públicas o privadas. Es considerar el derecho de los otros a circular sin problemas por la ciudad, o a descansar en los lugares dispuestos con este fin como parques, paseos y zonas verdes.

Vestimenta pertinente, pero desde luego sin exagerar, a propósito o por ignorancia, conforme a las condiciones y necesidades de cada caso; y según la demande cada lugar y ocasión determinada, a menos de que esta sea imprevista u ocasional. No exagerar con el vestido en circunstancias especiales, y todos los días llevar naturalmente lo que cada uno acostumbra vestir y que es parte de su personalidad.

Comunicación adecuada con los otros en todos los espacios de uso público, tanto con las palabras usadas como con los tonos, señales y gestos empleados en cada situación; y siempre de acuerdo con las personas involucradas en cada una de ellas. Buscar que prime la forma, pero sin perder el fondo de lo que se quiere comunicar, a lo que mucho contribuye el ser amable y respetuoso, pero claro y contundente.

Colaboración amable y oportuna con los demás en los espacios públicos, ayudándolos en lo que es evidente que lo necesitan, o respondiendo a lo que preguntan si es posible; y compartiendo con los vecinos información pertinente si es el caso. Y colaborar cívicamente y a tiempo con las autoridades respecto al pronto y eficiente control de la ciudad por parte de estas, como de lo que sucede en ella todos los días.

Respeto debido a los otros, y sus usos, costumbres, tradiciones y fiestas, como a las propias, para que no se devalúen, y según las de cada ciudad y las de sus diferentes calles, barrios y sectores dentro de cada una. Como también se debe hacer en cada ciudad y país en todo el mundo cuando se los visita; y aprender de ellas cuando efectivamente son más útiles, y difundirlas al regreso procurando que se generalicen.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.