Los vehículos eléctricos fueron antecesores del modelo de combustión interna impulsados por derivados del petróleo. Los anales de la historia datan a 1832 el primer vehículo eléctrico, aquel que reemplazaría los tradicionales carruajes tirados por caballos. Fueron los europeos los más avanzados, e inclusive se menciona entre los pioneros a Ferdinand Porsche, el legendario ingeniero eléctrico, cuyo apellido adorna una de las más prestigiosas marcas de vehículos contemporáneos.

El desarrollo de aquel silencioso motor eléctrico y de pocas piezas perdió la guerra con la revolución automotriz implementada por Henry Ford, al lograr que sus vehículos pudieran ser ensamblados empleando la eficiencia linear en su fabricación, bajando el costo, y por ende, el valor final del vehículo.

Pasarían más de cien años hasta que la visión del sudafricano Elon Musk (1971), hasta la semana pasada, el hombre más rico del planeta, destronado de ese privilegiado lugar por Jeff Bezos (1964), incursionara en el sector automotriz. Musk, hombre inquieto había participado en el naciente sector de las financieras tecnológicos (Fintech) al fundar X.com en 1999, (quizás fue la motivación de cambiar el nombre de Twitter a X, cuando la adquirió e igualmente la marca aeroespacial Space X), la cual se convirtió en la plataforma de pagos PayPal, cuyo valor de venta se estimó en US $ 1.5 mil millones.Con ese capital semilla logró convencer y reunir un puñado de inversionistas y fundar la fabricante de vehículos eléctricos Tesla.

Batalló contra las grandes fabricantes de automóviles de combustión, y con el tiempo se fue imponiendo su modelo de motores eléctricos en el sector automotriz. Veinte años después, los mismos fabricantes ofrecen una amplia gama de vehículos eléctricos o híbridos.

No obstante, la venta de eléctricos en Colombia apenas es el 2% de las ventas totales de automóviles, se perfila como pionero de la región andina. Los beneficios fiscales, sumados al de movilidad en horarios de restricción de pico y placa, bajo costo de mantenimiento y recargas lo convierten en excelente alternativa compensando el ligero mayor valor unitario. Cada día las estaciones de recarga se multiplican y aunque la autonomía para largos trayectos sigue siendo una debilidad, para el uso urbano es ideal.

Pero quizás el beneficio más importante para Colombia es el crecimiento de este sector globalmente, con crecimiento sostenido del 13% y expectativa de convertirse en el 50% del total de matrículas para el año 2030 en Estados Unidos, Europa y Asia. A diferencia de la plataforma eléctrica colombiana estimada en 65% generada por energía renovable, la oferta global energética es básicamente suministrada por centrales de carbón, con lo cual la expectativa de venta de carbón colombiano, a mejores precios, es incalculable.

Difícil entender la ceguera del gobierno idealizado, surreal y fantasioso. Imposible que su activismo ideológico no permita aterrizar hacia la realidad global. La descarbonización no es problema nacional. Contrariamente debe aprovechar Colombia su riqueza carbonífera e impulsar la minería de litio, níquel y cobre, para suministrar al sediento globo la tendencia de electrificación del sector automotriz.

Guillermo E. Ulloa Tenorio

Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.