El feudalismo en España
En general, la sociedad estaba dividida en dos sectores: el estado llano, la burguesía y los siervos –que impulsaban la monarquía absoluta y la unidad nacional– y los nobles, altos dignatarios eclesiásticos y monjes –que se negaban a renunciar a sus privilegios y poderes locales– a los que los reyes atraerían a la corte para vigilarlos de cerca y aislarlos de sus feudos, ofreciéndoles honores, cargos, privilegios y remuneraciones. La nobleza castellana y leonesa se formó, como en general en Europa, en la guerra, el saqueo, el despojo y el sometimiento de los vencidos, y la servidumbre de su propia comunidad. Pero tuvo un desarrollo tardío, o no organizado. Su sentido del honor y del coraje encubrían su cuestionable moral, su desprecio del trabajo, su parasitismo y su escasa creatividad; gozaban de inmunidades, no pagaban tributos ni gravámenes, y disponían de sus propios séquitos y estaban rodeados de servidores y clientes. Solo los frenaba la fuerza de las hermandades y de los concejos municipales y el temor a las sublevaciones; pero se sentían con libertad para usurpar rentas, robar y asesinar a los burgueses, torturar a los siervos y matar a los judíos para no pagarles sus deudas. Y no tenían reparos en aliarse a los moros para destrozarse entre si, ni en desconocer la autoridad real cuando no los satisfacía.
Un Estado donde convivían esclavos moros, siervos cristianos, jornaleros, menestrales, artesanos, burgueses comerciantes y manufactureros, nobles de segunda y grandes señores, sufría muy dispares presiones. Durante la Reconquista los reyes castellanos oscilaron entre la burguesía y la nobleza. La creación de una nueva nobleza cortesana para reemplazar la antigua se acentuó a mediados del XV, y aunque fue neutralizada por los nobles tradicionales, éstos, vencidos, comprendieron que para salvar sus privilegios lo mejor que podían hacer era rodear al rey, hacerse cortesanos e impedir que los suplantaran. Estas contradicciones internas, que duraron ocho siglos, hasta el fin de la Reconquista, condujeron al desarrollo desigual de Castilla y León, mirando hacia el sur; y Aragón y Cataluña, hacia el norte y el este, al tiempo que la evolución hacia el estado nacional y el mercado único planteaba la unidad dinástica de Castilla con Aragón. Aunque más de una vez se emparentaron ambas monarquías, el matrimonio de Isabel y Fernando cobró excepcional importancia por el descubrimiento de América y su conquista colonizadora.

Con la caída del Califato de Córdoba y la aparición de los Reinos de Taifas la arquitectura hispanomusulmana busca nuevas posibilidades decorativas basándose en la complicación, multiplicación y acumulación (“barroquización”) de las formas heredadas de la arquitectura califal, llegando a ocultar completamente la estructura, convirtiéndose en falsas pantallas, y alcanzando extremos como el arco mixtilíneo. Las invasiones almorávide y almohade producen un corte brusco en la evolución de la arquitectura hispanomusulmána, y la influencia norteafricana sustituye la oriental. Durante el periodo almohade se revitalizan estructuras califales de bóvedas de arcos cruzados y alminares de planta cuadrada, y se tiende a una simplificación formal, a base de arcos angreladosy pilares poligonales y a una nueva valoración de las estructuras y del ritmo. La decoración cambia las formas vegetales por las geométricas mediante la sebqa, los medallones, las lacerías y los mocárabes.
Los Reyes Católicos
Al ascender al trono Fernando se convirtió en el más poderoso monarca de Italia, y Aragón en el reino más próspero de Europa. Pero pese a que era difícil destruir completamente su incipiente capitalismo, al asociarse a Castilla y con los cambios ocasionados por el descubrimiento, entro en un rápido decaimiento y se paralizó el desarrollo de las regiones más adelantadas de la península. Castilla, con problemas territoriales y en guerra contra los musulmanes, se oponía a la unión a costa del debilitamiento de los señores feudales, interesados en conservar la autonomía de cada uno de los dos reinos. Además, el equilibrio entre las clases sociales era incompatible con el predominio de una de ellas por lo que la monárquica única apuntaba a someter a la burguesía en Cataluña y a la nobleza en Castilla. Isabel y Fernando tuvieron resistencia en Castilla y Aragón, pero a finales del XV los señores fueron derrotados por el poder real centralizado. Las tierras se expropiaron y repartieron, los privilegios se anularon, se apresaron y deportaron los nobles, y se organizó el servicio militar obligatorio para un ejercito nacional instruido por el Estado, que fue el que finalmente tomo Granada en 1492. Una vez eliminadas las fronteras entre Castilla y Aragón se busco establecer un mercado único con unidad de pesas, medidas y monedas, construcción de carreteras de los puertos al interior y entre las ciudades comerciales, proteccionismo aduanero de los textiles y prohibición de exportar metales. Pero a medida que avanzaba hacia el absolutismo la monarquía hipertrofiaba y corrompía las funciones del Estado. A la vez que no dejaban levantar cabeza a los nobles, atacaba la autonomía de las cortes y los consejos municipales, y los diputados y los concejales eran a menudo designado por ella.

Para completarse y afianzarse, la monarquía necesitaba unificar religiosamente una nación que estaba dividida en clases y regiones, y en la que convivían cristianos, judíos, mahometanos y conversos. Para ello los Reyes Católicos se valieron de la intolerancia, el dogmatismo y el fanatismo. Pero no podían confiar en una nobleza enemiga de un estado nacional y de una monarquía que no fuese su instrumento, y tampoco podían confiar en una burguesía que, pese a que era partidaria de la unidad nacional, era peligrosa para la estabilidad del trono. Solo podían confiar en la Iglesia, cuyo absolutismo proporcionaba el elemento ideal para unir desde arriba a los españoles, y que, españolizada, estaba dispuesta a servir a un estado monárquico absolutista y único. El cardenal Francisco Ximénez de Cisneros colocó a los eclesiásticos bajo mayor dependencia de la corona, como lo hizo Gonzalo Fernández de Córdoba con los militares, y subrayó los límites entre los poderes espiritual y temporal reservando al rey el derecho a desconocer las bulas papales. Con la renovación de las costumbres y el restablecimiento de la disciplina, evito a la cristiandad española tanto el cisma como el protestantismo habilitándola para ser más tarde la vanguardia de la Contrarreforma. Si bien los Reyes Católicos tuvieron conflictos con Roma, España no llegó a implantar, como Inglaterra, una iglesia nacional independiente, ni a tolerar, como Francia, el protestantismo, conservando lo esencial del viejo orden: la dogmática y la relación del hombre con Dios y con la Iglesia. Finalmente emplearon la Inquisición para homogeneizar a España y exterminar a judíos y mahometanos. Las persecuciones del Santo Oficio se dirigieron a burgueses y plebeyos, y también al alto clero y la nobleza, sumiéndola en el atraso por su carácter reaccionario.
Mientras hubo en España un estado islámico no pudieron los monarcas cristianos prescindir de la ayuda económica de los judíos, y estos se esforzaron en servirlos, cuando no pudieron hacerlo para los musulmanes, para no ser maltratados. Pero inmediatamente cae Granada son expulsados de Castilla y Aragón. Los comercios, manufacturas y bienes muebles que dejaron en España pronto se dilapidaron como botín de guerra. No obstante prohibirles sacar de la península oro y plata consiguieron transferirlos a Francia e Italia en gran cantidad. Además la economía española sufrió daños irreparables pues los expulsados eran sus artesanos. Durante un tiempo la agricultura se restableció con la incorporación de los moros que quedaron, pero Cisneros ordenó su conversión en masa y luego prohibió su entrada en Granada y los expulsó de Castilla. Fernando adhirió a esa política represiva pero a pesar de prometer a los moros de Aragón respetarlos mientras viviese, las masacres de moros y judíos prosiguieron hasta alcanzar su máximo bajo los Austria.

La arquitectura nazarí del reino de Granada representa la culminación del proceso artístico hispanomusulmán. La Alhambra, construida a lo largo del siglo XIV, aprovecha las enseñanzas almohades siguiendo ejes continuamente quebrados en cuartos autónomos, que a su vez tienen axialidad ortogonal, derivados de Medina Azzahara a través del almorávide Castillejo de Monteagudo de Murcia, del XII, pero sus raíces siguen estando en la arquitectura califal. La compartimentación espacial se acentúa con diversidad de arcos-diafragma y arquerías-pantallas. Es uno de los grandes logros de la arquitectura mundial por la relación que se establece entre los jardines y estanques interiores a través de surtidores y atarjeas que cruzan las habitaciones formando fuentes en las que se reflejan las trabajadas cúpulas. En contraste con el carácter hermético y la desnudez adusta del exterior, la decoración acumulada en el interior recubre los muros y se adapta a la perfección al sentido intimista y recogido de esta arquitectura. Yeserías de atauriques vegetales, azulejos de geométricas lacerías, mocárabes, redes de rombos, medallones, etc. se acumulan, localizadas según su función, creando un ambiente de riqueza.
La influencia del arte hispanomusulmán en la arquitectura de la Reconquista genera el mozárabe, estilo que adopta las soluciones califales a las construcciones cristianas. Arcos de herradura, bóvedas de arcos cruzados y gallonadas. Espacios compartimentados se imbrican en edificios de variada planimetría con dobles ábsides, plantas poligonales y sucesión de espacios cuadrangulares, pero con el predominio de la organización axial de las basílicas. El mozarabismo se extendió tanto en territorio musulmán, como en el cristiano, desde Galicia a Cataluña. El mudéjar, por su parte, es una forma de tratar los estilos europeos desde la tradición hispanomusulmana y constituye la fusión de estas dos corrientes opuestas. Mudéjar se llamó al musulmán afincado en territorio cristiano pero los edificios mudéjares, si bien son obras cristianas, fueron levantados por alarifes de las tres religiones que conviven en la España medieval. La simbiosis del romántico, el gótico y el renacimiento, con el concepto espacial y el tratamiento del muro típicamente hispanos, engendra el románico de ladrillo, el gótico mudéjar y el Estilo Cisneros, términos en los que se ha dividido la arquitectura mudéjar pero que no agotan los grados de fusión de las dos grandes corrientes. Las diferencias regionales, la diversidad tipológica, y las distintas clases sociales que construyeron en mudéjar, hacen de este “estilo” la forma más peculiar de la arquitectura medieval española.
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Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.